Panamá
MIL PLAZAS DE EMPLEO: una oportunidad que no se puede ignorar
- Anilú Candanedo
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- Consultora de comunicación
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En Panamá hemos convertido la conversación sobre minería en un debate ideológico. Se habla mucho, se opina más, pero se aterriza poco. Mientras tanto, hay una realidad concreta, medible y vigente: el proyecto Cobre Panamá está contratando alrededor de 1,000 plazas de trabajo, aun sin estar en operación.
No es un supuesto. No es una promesa. Es un hecho palpable. Lo más importante es que no son solo empleos para ingenieros o perfiles altamente especializados. Esa es una de las mayores distorsiones del debate público. Una operación minera moderna funciona como una pequeña ciudad, donde conviven tanto profesionales altamente calificados como trabajadores no calificados que encuentran en esta industria una oportunidad real de ingreso digno.
Hablamos de operadores, conductores, personal de mantenimiento, cocineros, ayudantes generales, personal de limpieza, seguridad, logística, entre muchos otros. Empleos que, en su mayoría, son ocupados por personas de comunidades cercanas, donde las oportunidades laborales históricamente han sido limitadas.
Ahí es donde la discusión se vuelve incómoda, porque mientras en la ciudad debatimos desde la teoría, en distritos como Donoso, Omar Torrijos Herrera, La Pintada y áreas aledañas de Coclé y Colón, la minería ha representado, con cifras y no con discursos, una de las pocas fuentes de empleo estable, formal y bien remunerado.
El problema es que hemos simplificado la conversación a un "todo o nada", ignorando los matices. Se habla de impactos, pero poco de oportunidades. Se cuestiona la industria, a la vez que se invisibiliza a las personas que dependen de ella.
Apoyar la industria no significa ignorar la necesidad de regulaciones claras, transparencia o beneficios tangibles a los panameños. Significa reconocer que el país no puede darse el lujo de analizar esta industria desde una sola dimensión. Porque aquí no estamos hablando únicamente de cobre. Estamos hablando de empleo, de economía local y de movilidad social en comunidades que, durante décadas, han estado fuera del radar del desarrollo.
Si miramos la comparación entre los censos de 2010 y 2023, la evolución de la pobreza multidimensional muestra una tendencia que no puede pasarse por alto, las comunidades cercanas a la mina, históricamente rezagadas, han registrado una mejora sostenida en indicadores vinculados al acceso a servicios, empleo formal, educación y condiciones de vivienda. Y, aunque aún persisten brechas, la inversión, el empleo y los programas sociales asociados a la actividad minera han contribuido a dinamizar economías locales. Eso no es casualidad.
La minería moderna, bien regulada, no solo aprovecha recursos, también distribuye oportunidades. Cerrar los ojos ante esto no elimina la realidad, solo afecta a quienes menos voz tienen en el debate.
Es muy fácil tomar posición cuando el impacto no toca tu puerta. Pero, para cientos de familias en comunidades cercanas a la mina, esto no es una discusión académica. Es su sustento.
La pregunta, entonces, no es si la minería genera progreso; eso ya está demostrado. La pregunta es si estamos dispuestos a reconocerlo… o si vamos a seguir ignorándolo.

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