Panamá
Ordenar las finanzas sin apagar la economía
- Ing. Helmut De Puy
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- Ciudadano Construyendo futuro
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Poner en orden las finanzas públicas es una tarea necesaria. Panamá no puede continuar aumentando déficits, acumulando compromisos y gastando los recursos como si fueran ilimitados. La disciplina fiscal no es solamente una cuestión de números, también es una responsabilidad con las futuras generaciones. Pero toda medicina, incluso la necesaria, a veces sabe mal y depende de la dosis.
Hoy Panamá presenta una realidad que merece analizarse con cuidado. Los indicadores macroeconómicos muestran crecimiento y las cifras oficiales hablan de una economía que avanza. El Índice Mensual de Actividad Económica acumuló un crecimiento de 5.4% hasta junio y hay sectores que muestran señales positivas. Pero a la vez, en la calle, se escuchan empresarios, comerciantes y ciudadanos hablando de una sensación muy distinta.
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No necesariamente una cosa contradice la otra. Una economía puede crecer mientras determinados sectores atraviesan dificultades. La construcción, por ejemplo, comienza a mostrar señales de recuperación, pero la propia Cámara Panameña de la Construcción ha advertido que la actividad todavía se encuentra significativamente por debajo de los niveles registrados en años anteriores. El gremio ha planteado, entre otras medidas, destrabar proyectos y reactivar la inversión pública y privada.
Y esto importa porque cuando la construcción se mueve no trabaja únicamente una constructora. Trabajan ingenieros, arquitectos, albañiles, electricistas, transportistas, ferreterías, proveedores y cientos de pequeñas empresas vinculadas directa o indirectamente a cada proyecto. Por eso creo que se debe empezar a discutir la austeridad con mayor profundidad.
Administrar responsablemente no significa simplemente recortar y gastar menos. Significa gastar mejor. Incluso el propio Ministerio de Economía y Finanzas ha planteado recientemente la consolidación fiscal en esos términos y sostiene que el objetivo es ordenar las finanzas sin sacrificar el crecimiento. Ese equilibrio es fundamental.
El Estado no puede convertirse en una máquina de gastar para producir artificialmente actividad económica. Sería irresponsable regresar a esa práctica. Pero tampoco podemos olvidar que la inversión pública bien ejecutada puede generar infraestructura, empleo, productividad y movimiento económico.
Recortar es relativamente sencillo. Lo difícil es determinar dónde hacerlo, a qué velocidad y cuáles pueden ser las consecuencias.
La responsabilidad de quienes manejan la economía de un país no puede medirse únicamente por cuánto disminuyó el déficit. También debe observarse qué ocurrió con el empleo, la inversión, las pequeñas empresas y las oportunidades de la población. Panamá necesita disciplina fiscal, pero también necesita crecer. Necesita cuidar sus finanzas, pero también generar empleo. Necesita reducir gastos innecesarios, pero al mismo tiempo acelerar aquellas inversiones que producen desarrollo. No son objetivos incompatibles.
De hecho, el verdadero éxito de una política económica debería consistir precisamente en encontrar ese equilibrio. Porque unas finanzas públicas ordenadas son indispensables para construir un país sostenible. Pero detrás de cada cifra existen empresas, empleos y familias. El reto no es escoger entre ordenar las finanzas o mover la economía. El verdadero reto es conseguir ambas cosas al mismo tiempo.

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