Otra vez la misma vaina
Publicado 2003/11/09 00:00:00
- Aura Alvarado M.
La sublimidad de la celebración de nuestro centenario, la visita de un hermano que tiene casi 55 años de residir en Estados Unidos y a quien quiero mostrar el progreso de nuestro Panamá (aunque poco beneficia a los pobres), la demagogia politiquera que existe, por encima o por debajo de la mesa, me han negado la musa que me ayuda a escribir mis artículos, los cuales creo que son un aporte para mi querida Panamá. Trato de retomar esta senda.
No quisiera aludir con nombre, pelos y señales a ningún político, especialmente si me parece que está haciendo de nuevo su labor demagógica que, por suerte, se reveló la última vez que quiso ser presidente. Primero, quiero decir lo positivo. Me apenó sobremanera que este político informara en una ocasión que algunas personas habían difamado o calumniado a su madre. Anoland Díaz fue, en mi opinión, una gran dama y yo disfruté como el que más su programa de televisión, a través del cual aprendí a admirarla, estimarla y reconocer su cultura y su calidad humana. Su hijo Rubén se merece un reconocimiento, tipo “Mano de Piedra” Durán, en su campo: la música, la farándula.
Reitero, todavía sospecho que este cantautor corrió para presidente para dividir a los panameños que nos opusimos a la narcodictadura y ayudó al triunfo del candidato Ernesto Pérez del PRD. Hace pocos días vi por TV buena parte de su concierto en el sector de Marbella. No me queda la menor duda de que lo aprovechó, subliminalmente, para apoyar a su candidato presidencial preferido, Martincito, y por supuesto, a su propia estrella, particularmente con sus alusiones al hecho de que no cobró ningún centavo, inclusive cuando hacía el mismo comentario acerca de Gilberto Santa Rosa.
Para mí fue evidente que hizo política, eso sí, de la manera más sutil que le fue posible. El gran Roberto Durán medio que lo dejó con las patas afuera cuando sí habló categóricamente de la politiquería. Rubencito, por su parte, trató de compensar la candidez de Roberto, entre otras cosas, elogiando a nuestros deportistas y clamando hasta la saciedad su amor a Panamá, lo cual está muy bien.
La parte que yo veo mal es que Rubencito no parece darse cuenta que habemos millones de panameños que estamos seguros que queremos a Panamá tanto o más que él. Entre éstos nos encontramos los independientes, que consideramos que el tiempo de dejar atrás los horrores de la narcodictadura, y de todos sus cómplices, no ha llegado. Y creo que lo mismo es aplicable a nuestra juventud, que es el grupo al cual están dirigidos sus actos políticos subliminales. Pienso que un 30 por ciento de nuestros jóvenes se dejará llevar por su emoción y su desconocimiento de los hechos históricos. El otro 70 por ciento dejó de formar parte de la patria boba. En fin, temo que estamos viendo la misma película de 1994 pero, por supuesto, con las variaciones y adiciones pertinentes. No creo que él haya cambiado. Mucho menos que la vida nos dará mayores sorpresas en su caso. Ahí lo dejo, por ahora.
Otro tema. Siento suspicacia hacia los cambios que veo en las líneas de diferentes medios de comunicación. Debo ser franco. Esto que digo lo he notado claramente en El Siglo, presidido por un PP, quien parece abrigar la esperanza de ser incluido en la nómina presidencial de Martincito y, otro PP, que recientemente asumió la subdirección de El Panamá América, y que me parece ha influido grandemente a cambiar negativamente la línea editorial de este medio. Acrecienta mi suspicacia su apoyo a reformas constitucionales no violatorias de nuestra Carta Magna, ya que ésta es la posición declarada de los legisladores del PRD; es decir, ex seguidores o cómplices de la narcodictadura.
Opino que es obvio que la quinta papeleta es el medio más eficaz de iniciar el desmantelamiento del simulacro de democracia que sufre el pueblo panameño. Es indudable que todos los panameños tenemos que aportar, comenzando con el objetivo de erradicar la corrupción rampante que se ha enseñoreado en nuestro país.
Igualmente necesaria es la convocatoria a una constituyente que ayude a ver el corazón de nuestros politiqueros, no sólo sus caras. No se puede negar que la Constituyente por sí sola no es una panacea, pero es un primer paso indispensable para comenzar a neutralizar a tantos politiqueros y falsos dirigentes, y proseguir a enrumbar al país con hechos, hacia objetivos patrióticos, no mezquinos.
No quisiera aludir con nombre, pelos y señales a ningún político, especialmente si me parece que está haciendo de nuevo su labor demagógica que, por suerte, se reveló la última vez que quiso ser presidente. Primero, quiero decir lo positivo. Me apenó sobremanera que este político informara en una ocasión que algunas personas habían difamado o calumniado a su madre. Anoland Díaz fue, en mi opinión, una gran dama y yo disfruté como el que más su programa de televisión, a través del cual aprendí a admirarla, estimarla y reconocer su cultura y su calidad humana. Su hijo Rubén se merece un reconocimiento, tipo “Mano de Piedra” Durán, en su campo: la música, la farándula.
Reitero, todavía sospecho que este cantautor corrió para presidente para dividir a los panameños que nos opusimos a la narcodictadura y ayudó al triunfo del candidato Ernesto Pérez del PRD. Hace pocos días vi por TV buena parte de su concierto en el sector de Marbella. No me queda la menor duda de que lo aprovechó, subliminalmente, para apoyar a su candidato presidencial preferido, Martincito, y por supuesto, a su propia estrella, particularmente con sus alusiones al hecho de que no cobró ningún centavo, inclusive cuando hacía el mismo comentario acerca de Gilberto Santa Rosa.
Para mí fue evidente que hizo política, eso sí, de la manera más sutil que le fue posible. El gran Roberto Durán medio que lo dejó con las patas afuera cuando sí habló categóricamente de la politiquería. Rubencito, por su parte, trató de compensar la candidez de Roberto, entre otras cosas, elogiando a nuestros deportistas y clamando hasta la saciedad su amor a Panamá, lo cual está muy bien.
La parte que yo veo mal es que Rubencito no parece darse cuenta que habemos millones de panameños que estamos seguros que queremos a Panamá tanto o más que él. Entre éstos nos encontramos los independientes, que consideramos que el tiempo de dejar atrás los horrores de la narcodictadura, y de todos sus cómplices, no ha llegado. Y creo que lo mismo es aplicable a nuestra juventud, que es el grupo al cual están dirigidos sus actos políticos subliminales. Pienso que un 30 por ciento de nuestros jóvenes se dejará llevar por su emoción y su desconocimiento de los hechos históricos. El otro 70 por ciento dejó de formar parte de la patria boba. En fin, temo que estamos viendo la misma película de 1994 pero, por supuesto, con las variaciones y adiciones pertinentes. No creo que él haya cambiado. Mucho menos que la vida nos dará mayores sorpresas en su caso. Ahí lo dejo, por ahora.
Otro tema. Siento suspicacia hacia los cambios que veo en las líneas de diferentes medios de comunicación. Debo ser franco. Esto que digo lo he notado claramente en El Siglo, presidido por un PP, quien parece abrigar la esperanza de ser incluido en la nómina presidencial de Martincito y, otro PP, que recientemente asumió la subdirección de El Panamá América, y que me parece ha influido grandemente a cambiar negativamente la línea editorial de este medio. Acrecienta mi suspicacia su apoyo a reformas constitucionales no violatorias de nuestra Carta Magna, ya que ésta es la posición declarada de los legisladores del PRD; es decir, ex seguidores o cómplices de la narcodictadura.
Opino que es obvio que la quinta papeleta es el medio más eficaz de iniciar el desmantelamiento del simulacro de democracia que sufre el pueblo panameño. Es indudable que todos los panameños tenemos que aportar, comenzando con el objetivo de erradicar la corrupción rampante que se ha enseñoreado en nuestro país.
Igualmente necesaria es la convocatoria a una constituyente que ayude a ver el corazón de nuestros politiqueros, no sólo sus caras. No se puede negar que la Constituyente por sí sola no es una panacea, pero es un primer paso indispensable para comenzar a neutralizar a tantos politiqueros y falsos dirigentes, y proseguir a enrumbar al país con hechos, hacia objetivos patrióticos, no mezquinos.

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