Panamá
Panamá frente a la Nueva Minería: aprender, evolucionar y decidir
- Eric Molino Ferrer
- /
- Economista
- /
Durante años, la minería en Panamá ha sido abordada desde la confrontación. El debate se ha movido entre extremos, dejando poco espacio para una conversación más útil: cómo transformar la actividad minera para que responda a las exigencias ambientales, sociales y económicas del siglo XXI.
Otros países de la región ya entendieron que la pregunta no es si hay minería o no, sino qué tipo de minería se está dispuesto a desarrollar.
República Dominicana es un ejemplo claro de ese cambio de enfoque. Allí, la actividad minera no solo evolucionó en términos tecnológicos y ambientales, sino también en su relación con las comunidades, el Estado y el entorno natural. La minería dejó de ser vista únicamente como extracción para convertirse en una herramienta de desarrollo, empleo formal, encadenamientos productivos y restauración ambiental planificada.
Ese giro no ocurrió por casualidad. Fue el resultado de reglas claras, supervisión estatal, inversión en tecnología, transparencia y, sobre todo, una visión compartida de largo plazo. Hoy, la minería dominicana convive con el turismo, la protección ambiental y el desarrollo local, demostrando que estos sectores no son enemigos naturales cuando existen estándares y controles adecuados.
Panamá está ante una decisión similar, el país no parte de cero, tiene experiencia, conocimiento técnico acumulado, talento humano y una operación minera como Cobre Panamá que ya incorporó prácticas modernas de gestión ambiental, monitoreo y restauración. Sin embargo, el debate público sigue anclado en narrativas del pasado, sin reconocer que la minería, como muchas otras industrias, también ha cambiado.
Hablar de una Nueva Minería en Panamá implica asumir que esta actividad debe operar bajo principios distintos a los de décadas anteriores: menor impacto, mayor trazabilidad, participación comunitaria, beneficios económicos claros para el país y un compromiso real con la protección del ambiente.
No se trata de negar los errores ni de minimizar las preocupaciones legítimas. Se trata de evolucionar. De entender que cerrar la puerta a una minería moderna, responsable y regulada no elimina la demanda global de minerales, pero sí le quita a Panamá la oportunidad de decidir cómo, cuándo y bajo qué condiciones aprovechar sus recursos.
El mundo necesita cobre, minerales estratégicos y materiales esenciales para la transición energética, la electrificación y la tecnología. La pregunta es si Panamá quiere ser parte de esa conversación desde la regulación, la evidencia técnica y el beneficio colectivo, o quedarse al margen mientras otros países avanzan.
República Dominicana ya dio ese paso. Panamá todavía está a tiempo de hacerlo.
La Nueva Minería no es una consigna ni un eslogan. Es una decisión de país: con reglas claras, protección ambiental efectiva y beneficios tangibles para la gente. Esa es la discusión que Panamá necesita tener hoy, con menos ruido y más visión de futuro.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.