Criterios
Política: Divisiones intestinas en Panamá
Nunca he sido amante de las peleas y las luchas, sobre todo entre gente similar en algún sentido, y con tantas cosas en común como para formar
Nunca he sido amante de las peleas y las luchas, sobre todo entre gente similar en algún sentido, y con tantas cosas en común como para formar divisiones que no tienen razón de ser. En los últimos años hemos logrado los panameños esa polarización poco digna de nosotros mismos y que, a la larga o a la corta, no traerá ningún beneficio. Ya en otras ocasiones me he referido al tema, pero sin lograr ser escuchada, porque pareciera que nos atrae la pugna, sobre todo cuando interviene la política. Hace tiempo observo cómo discutimos sobre cualquier tema que se nos presente: si en un diario dice que hoy es miércoles 2 de febrero, alguien responde que el año pasado fue domingo y por lo tanto no se adapta la fecha (por poner un ejemplo). Pienso qué importancia tiene que sea miércoles o domingo como para iniciar una discusión sin razón y que no se sabe en qué finalizará al final de cuentas. ¡Violencia!
Si el presidente de la República dice que irá a David en su avión presidencial, muchos lo critican porque debió ir en auto por una carretera que no sirve y que por medio de ella jamás llegaría a tiempo para asistir a donde lo han invitado. El asunto es criticar todo lo que hacen los demás, pero no se prestan para tomar determinaciones y hacer algo positivo por el país. No considero conveniente que ante lo que digan los demás estemos, como decía mi mamá, con la espina parada para responder lo contrario.
Prueba de las divisiones que existen entre los panameños es que, un partido como el PRD, el más numeroso de la oposición, necesario para la democracia, esté dividido en 18 partes por sendos candidatos presidenciales, logrando solo una situación de debilitamiento del mismo, por peleas intestinas que dividen las luchas que pudieran unirlos para enfrentarse al adversario político. Ahora resulta que todos quieren ser presidente y no tienen asco en insultar o decir lo que consideran feo de sus adversarios. Molirena también muestra una división entre sus fundadores y la corriente nueva del partido, y hay uno de ellos que, en un programa de radio local, insulta a todos los que no piensan como él.
Los periodistas están en contra de todo lo que huele a Gobierno y, no importa si tienen o no razón, escriben o hablan a veces lo que no deben o lo que no es cierto, con tal de ofender a los otros. Lo peor es que si otro medio que defiende al Gobierno, lo tildan de estar a favor del mismo, como si fuera un delito de lesa patria. Por favor, hasta cuándo seguiremos en estos dimes y diretes, no para defender nuestra manera de pensar, sino para atacar al adversario o al que consideramos como tal. Ninguna obra que el Gobierno quiera hacer es suficientemente buena como para reconocerlo. Pero sí para criticarla, aunque resulte beneficiosa para Panamá. Sinceramente, no veo forma humana de solucionar este problema para lograr una reconciliación entre los panameños. No quiero decir que todo el mundo debe estar de acuerdo con lo que hace o deja de hacer el Gobierno; sencillamente no podemos ser tan drásticos en nuestras apreciaciones para demostrar que, con nuestras palabras, somos más fuertes que los otros.
Quisiera ver que nuestra cultura se empinara por encima de nuestros sentimientos malsanos para guardar un reconocimiento a lo positivo que exista a nuestro parecer. Insisto en pensar y decir que, de continuar así, llevaremos al país por una pendiente en la cual no podremos detenernos, y que el daño que nos hagamos nosotros mismos será irreconciliable.
Como panameña, como política que he sido, aunque ahora esté algo retirada, hago un llamado a los políticos, a los medios de comunicación, a los civiles, a los sindicalistas, a los educadores, a los del Gobierno, a los de oposición, en fin, a toda la sociedad para que nos comportemos como Dios manda, sin ceder en nuestros pensamientos, nuestra ideología y nuestra manera de ser, para que con sensatez, con cultura, con tranquilidad, dejemos a un lado las luchas intestinas, las discrepancias que creemos profundas, para lograr la paz que necesitamos. Un comportamiento con altura nos pondría más a nivel de lo que es un país desarrollado. Pensemos y analicemos para bien de todos.

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