Prácticas panameñas para conducir
Publicado 2003/02/20 00:00:00
La manera como los panameños conducen en las calles, avenidas y autopistas del país, es digna de humillación. Aquí, las señales de tránsito, al igual que las direccionales, son decorativas. La doble raya amarilla no significa nada. Los que utilizan los pasos de peatones deben cuidarse de ser embestidos por los conductores que ignoran su existencia. Los letreros de no estacionarse desaparecen detrás de los automóviles que los ignoran. Los conos y esferas que se instalan para prevenir que los automovilistas efectúen giros que se consideran peligrosos o que entorpecen el flujo de autos, son destruidos por el constante paso de vehículos. Autos privados, taxis, buses, camiones y hasta carros oficiales (incluyendo de tránsito) ignoran constantemente cuanta señal se instala. Y para muchos, la luz amarilla significa, como dice el chiste, apresúrate que viene la roja, la cual pareciera no aplicar para los autobuses de la capital.
El flujo vehicular lo producen los más agresivos, no los semáforos, señales y rumbos. La bocina es más utilizada que las direccionales. Cambiar de carril es un privilegio que disfrutan principalmente aquellos que tienen mayor tamaño o que son más bravucones, quienes también disfrutan del uso exclusivo de los hombros (cuando hay). Las ambulancias y bomberos usualmente van detrás de algún taxi que "cordialmente" les abre paso.
Las autoridades del tránsito aparecen únicamente durante horas laborables. El resto del tiempo reina el "sistema de honor" del juega vivo. Aún cuando están presente los policías en las calles, avenidas y autopistas, la gran mayoría se limita a saludar a sus amigos conductores, que usualmente conducen vehículos de transporte colectivo o selectivo, y a las horas de mayor tráfico están huyéndole al inclemente sol o a la lluvia (según la temporada) o en camino hacia o desde su respectiva estación.
El hábito del mal conducir causa estrés, daños a la propiedad y hasta la pérdida de vidas. Hay que cambiarlo. En vista de que las autoridades de tránsito no han logrado que el panameño conduzca con responsabilidad y orden, la única forma de lograr que lo haga es que cada uno de los conductores, por iniciativa propia, abandone los malos hábitos. Comencemos a enseñar con el ejemplo: manejemos a la defensiva, seamos corteses y, ante todo, obedezcamos las señales del tránsito. Al menos al volante, enorgullezcámonos de ser ciudadanos respetuosos de la ley y de los demás.
El flujo vehicular lo producen los más agresivos, no los semáforos, señales y rumbos. La bocina es más utilizada que las direccionales. Cambiar de carril es un privilegio que disfrutan principalmente aquellos que tienen mayor tamaño o que son más bravucones, quienes también disfrutan del uso exclusivo de los hombros (cuando hay). Las ambulancias y bomberos usualmente van detrás de algún taxi que "cordialmente" les abre paso.
Las autoridades del tránsito aparecen únicamente durante horas laborables. El resto del tiempo reina el "sistema de honor" del juega vivo. Aún cuando están presente los policías en las calles, avenidas y autopistas, la gran mayoría se limita a saludar a sus amigos conductores, que usualmente conducen vehículos de transporte colectivo o selectivo, y a las horas de mayor tráfico están huyéndole al inclemente sol o a la lluvia (según la temporada) o en camino hacia o desde su respectiva estación.
El hábito del mal conducir causa estrés, daños a la propiedad y hasta la pérdida de vidas. Hay que cambiarlo. En vista de que las autoridades de tránsito no han logrado que el panameño conduzca con responsabilidad y orden, la única forma de lograr que lo haga es que cada uno de los conductores, por iniciativa propia, abandone los malos hábitos. Comencemos a enseñar con el ejemplo: manejemos a la defensiva, seamos corteses y, ante todo, obedezcamos las señales del tránsito. Al menos al volante, enorgullezcámonos de ser ciudadanos respetuosos de la ley y de los demás.

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