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Opinión / Recordar el Futuro: Desarrollo del Estado Nacional, doce años de relativa estabilidad constitucional: La presidencia de Marco A. Robles

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Recordar el Futuro: Desarrollo del Estado Nacional, doce años de relativa estabilidad constitucional: La presidencia de Marco A. Robles

Publicado 2003/11/09 00:00:00
  • San José

Consideré en artículos anteriores las presidencias de Ernesto de la Guardia Jr. y de Roberto F. Chiari, como expresión de una relativa estabilidad constitucional desde 1956 hasta 1968. Abordo hoy el examen de la presidencia de Marco A. Robles. En las elecciones de 1964 participaron siete candidatos y 19 partidos. Los tres candidatos con mayor peso electoral fueron Marco A. Robles, Arnulfo Arias Madrid y Juan de Arco Galindo, que habían sido candidatizados por el Partido Liberal, el Partido Panameñista y la Coalición Patriótica Nacional, respectivamente. Entre los nuevos partidos el que ofrecía una opción diferente era el Partido Demócrata Cristiano. Inscrito en 1960, participaba electoralmente por primera vez un candidato con candidato propio, el Lic. José Antonio Molino, poniendo el énfasis en conjugar la defensa de las libertades públicas con la promoción de la justicia social y exigiendo un proceso electoral libre de fraude y un gobierno sin corrupción.
Sin ser el desastre de nuestras elecciones de antaño, las elecciones de 1964 no fueron un ejemplo de transparencia. El Presidente de la Junta Nacional de Escrutinio, Henrique Obarrio, al anunciar la victoria de Marco A. Robles, candidato del oficialista Partido Liberal, reconoció que no se habían encontrado todas las actas y por ello no se habían incluido todos los votos. Por esta razón, entre otras, el Partido Demócrata Cristiano rehusó firmar las credenciales de Robles al considerar que las cifras a favor de Robles por encima de Arnulfo Arias no eran confiables. Dio así un ejemplo de coherencia entre su ideología y su práctica que le otorgó una influencia en la opinión pública muy superior a su modesto caudal electoral de ese entonces.
Robles, a diferencia de la mayoría de los otros gobernantes de Panamá, se benefició de una actividad económica del país excepcionalmente buena. La población había crecido de unos 325,000 habitantes en 1903 a 506,000 en 1930, a 857,000 en 1950, y llegaría a 1,472,000 en 1970 y a 2,329,000 en 1990. El ingreso per cápita en términos de dinero de hoy en día aumentó de $503 en 1903, a $956 en 1920, a $1177 en 1950, a $1423 en 1960, y alcanzaría $2291 en 1970, $ 3098 en 1980 y $3460 en 1990.
En la segunda mitad de los sesenta, el crecimiento anual del PIB alcanzó incluso hasta el 8%. La reforma fiscal que se efectuó permitió recaudar más impuestos y en dos años consecutivos, en 1965 y 1966, las finanzas públicas arrojaron un superávit. Las cuentas del Estado se pagaban sólo con tres meses de retraso en vez de a diez meses plazo. El porcentaje del presupuesto que se dedicaba a la educación subió al 24%. Se hicieron inversiones importantes como la hidroeléctrica de La Yeguada y la planta térmica de Bahía Las Minas. Se creó el Instituto de Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (IFARHU), que por el sistema de becas, reembolsables o no, abrió nuevas oportunidades educativas para los panameños dentro del país, así como fuera del mismo.
El presidente se jactaba: “es fácil advertir el impresionante incremento de nuestra riqueza nacional. El establecimiento de nuevas empresas industriales, el aumento de las actividades comerciales, la apertura de nuevos bancos y el desarrollo de la industria de la construcción, son indicaciones precisas de que en Panamá ha empezado un auge que no tiene, como los anteriores, las características de transitoriedad, porque sus raíces se afincan en el impulso de producción, en la mejor distribución de valores y en la utilización racional de recursos internos”. Seguimos la tendencia de aquellos años que consistía en la sustitución de importaciones, sin caer en cuenta que el tamaño de nuestro mercado interno nos impondría límites estrechos y que lo que se lograra tendría el costo de una alta protección que encarecería los productos y toleraría la ineficiencia. Por lo demás, la nueva riqueza se acompañaba de mucha corrupción y las acusaciones públicas alcanzaban al propio presidente.
Al terminar su período, Marco A. Robles se fue a vivir a Miami, donde, según información que circulaba entre los panameños que residían en dicha ciudad, un banco de Coral Gables le habría proporcionado una oficina por haber depositado en el mismo una suma de más de $ 1 millón de dólares. ¡Quien había llegado a la presidencia sin una fortuna, salía de la misma aparentemente acaudalado!
A pesar de este aumento en riqueza del país y en razón de su mala distribución, que no disminuía significativamente, se dieron varios movimientos de protesta entre estudiantes y profesores, que apoyaban al Comité Pro Mejoramiento Económico de los Empleados Públicos. Y también los hubo entre trabajadores de los ingenios de azúcar. Estos movimientos se toparon frecuentemente con un presidente dispuesto a reprimir y una Guardia dispuesta a ser agente de represión, ambos imbuidos aún de la mentalidad de la Guerra Fría que interpretaba casi todas las protestas como fruto de una influencia izquierdista o comunista. El caso de la muerte del estudiante Juan Antonio Navas Pájaro fue un caso donde esta mentalidad se reveló de múltiples maneras y quién sabe hasta en el origen del caso, a saber la muerte del estudiante.
El papel del presidente Chiari con respecto al Canal y a los EU fue no sólo honorable, sino más todavía históricamente decisivo. El de su sucesor Marco A. Robles fue lamentable, una demostración de increíble irresponsabilidad. Dos días antes de su toma de posesión, el 1 de octubre de 1964, declaró, con total carencia del sentido de nuestra historia, “que su administración no apoyará más la posición de la administración Chiari en el sentido de que Estados Unidos fue el agresor durante los disturbios de enero.” ¿Quién había sido entonces el agresor?
No sorprende, pero escandaliza lo que el Dr. Omar Jaén Suárez en su libro Las negociaciones sobre el Canal de Panamá, 1964-1970 revela, al afirmar: “Se descubre al final que Robles, ocupado en otros asuntos a los que otorgaba mayor atención, tenía engavetados en sus sobres originales cerrados los informes que regularmente recibía sobre las conversaciones bilaterales y no había leído el texto firmado ad-referéndum [de los proyectos de Tratados de 1967]”. A pesar de esta irresponsabilidad presidencial, la gestión dinámica y moderna del Canciller Fernando Eleta Almarán hizo que las negociaciones bajo su responsabilidad adelantaran la causa panameña.
Una vez restablecidas las relaciones con los EU, Chiari presidió sólo durante seis meses las negociaciones sobre el Canal. En este período se logró la Declaración Conjunta del 24 de julio de 1964, en la cual el Dr. Jorge Illueca y Sr. Robert B. Anderson consignaron su acuerdo sobre un temario que incluía temas políticos básicos como la soberanía y la duración de las concesiones. Las negociaciones tenían ya su agenda acordada.
Sin embargo, el grueso de las negociaciones en esta etapa de nuestras relaciones con los EU se desarrolló durante la presidencia de Marco A. Robles. Cuando sus negociadores trajeron “ los tres en uno” a fines de junio de 1967, el presidente dio muestras de una irresolución que rayaba en una asombrosa indiferencia. Nunca los sometió al proceso de aprobación legislativa. “Concluyó, según el Dr. Jaén, con una etapa gris e incierta que durará más de un año durante el cual se enciende el debate en Panamá, salpicado y condicionado por los ardores de una campaña en un ambiente enrarecido, con un presidente debilitado e irresoluto...”
De hecho, durante toda la administración Robles, quien en realidad asumió la responsabilidad del proceso negociador fue el canciller Fernando Eleta Almarán. Al ocupar su cargo, encontró un equipo con relación vertical entre el negociador en jefe y sus subalternos, el primero actuando con marcada autonomía frente al Canciller y sin coordinación efectiva con la Embajada de Panamá en Washington. El Canciller procedió rápidamente a configurar un equipo con estructura horizontal de varios negociadores en pie de igualdad, con un vocero, pero claramente subordinado al Canciller y coordinando estrechamente sus actividades con la Embajada.
Para el 16 de noviembre de 1964 la relación del canciller Eleta con el Dr. Illueca había hecho crisis. En lugar del equipo formado por el Dr. Jorge Illueca y el Lic. Eloy Benedetti como negociadores, con el Dr. Gustavo Tejada Mora como asesor económico, el nuevo canciller integró un equipo con tres negociadores: el abogado Roberto Alemán Zubieta, a quien se le atribuyó el papel de principal redactor y vocero del equipo, el ex Presidente de la República, Ricardo Arias Espinosa, quien fue nombrado a la vez Embajador en Washington, y Diógenes de la Rosa, quien vino a sustituir al Dr. Illueca como personalidad de un pensamiento nacionalista con impacto en los sectores y organizaciones populares. El equipo contó con el Dr. Guillermo Chapman como asesor económico y también negociador. El nuevo canciller nombró a los veteranos internacionalistas Octavio Fábrega e Ignacio Molino, ambos ex -cancilleres como Presidente y Vicepresidente del Consejo de Relaciones Exteriores, y a los Dres. Ernesto Castillero y César Quintero, ambos profesores universitarios, como jefe del grupo técnico y asesor jurídico de la Cancillería, respectivamente.
De esta manera, el canciller Eleta integró el equipo negociador más números y mejor organizado que había tenido la República hasta ese entonces. También ordenó desde octubre de 1965 hasta julio de 1967 trece estudios técnicos especializados, siete a las Naciones Unidas y sus agencias y seis otros a la Consultora Arthur D. Little Inc, para que el equipo negociador panameño no se encontrara en desventaja de conocimientos específicos actualizados de cara a los negociadores norteamericanos.
Además de reestructurar el equipo negociador, el nuevo canciller buscó determinar estrategias y tácticas, sobre la base de objetivos claramente definidos. Mantuvo en todo momento su adhesión a la opción abrogacionista rubricada el 9 de enero con la muerte de 21 panameños y con ella mantuvo la doble exigencia de ponerle fin a la perpetuidad y de que se reconociera la plena soberanía de Panamá sobre el Canal. Por razones de política interna, tales la rivalidad de miembros de la alianza gubernamental que lo vislumbraban como un competidor para la candidatura presidencial, sobre todo si tenía éxito con los Tratados, y la fuerte animadversión entre los Eleta y el opositor Dr.Arnulfo Arias Madrid, el canciller Eleta sufrió un prejuicio desfavorable en cuanto a su labor. Pero en realidad, bajo su liderazgo, Panamá realizó uno de sus esfuerzos más serios por negociar con los Estados Unidos un nuevo régimen para el Canal.
El proceso electoral que Marco Robles presidió fue el peor que había vivido el país desde 1948. La parcialización política sectaria dividió al oficialismo llevando a adversarios acérrimos del Dr. Arnulfo Arias a apoyarlo. Y provocó al Partido Demócrata Cristiano, comprometido a sanear los procesos electorales como medio indispensable para consolidar una democracia auténtica, a iniciarle un juicio ante la Asamblea con incuestionables evidencias de su abuso de los recursos del Estado con fines partidarios.
Como resultado de su juicio fue debidamente depuesto de su cargo. Su recurso al juez municipal Toribio Ceballos y el acatamiento de la decisión de dicho juez por la alta oficialidad de la Guardia, condujeron a que un destacamento de la Guardia al mando del teniente coronel Omar Torrijos cerrara la Asamblea donde se encontraban sesionando los legisladores y estaba presente el vicepresidente Eric Del Valle, ya juramentado como presidente y su recién nombrado Gabinete. Estos hechos demostraron hasta qué punto se habían vuelto irreconciliables los dos componentes del Estado Nacional, el aparato estatal cada vez más subordinado a la Guardia Nacional y las fuerzas sociales supeditadas políticamente al caudillismo carismático de Arnulfo Arias.
En semejante fragmentación de los factores integrantes del Estado Nacional el sentimiento de identidad, o sea el nacionalismo no pudo jugar su papel de fuerza unitiva y motora.
Al abandonar el país antes de la toma de posesión de Arnulfo Arias, Robles hizo dejación de su papel en la historia republicana y anticipó el Golpe que vendría en pocos días.
(ariyan@sinfo.net)
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