Reflexiones sobre la fotocopia del libro
Publicado 1999/10/14 23:00:00
- L. Machuca
Es frecuente hoy en día observar en las universidades del país, largas filas de espera de estudiantes en las fotocopiadoras, que acuden a copiar páginas de capítulos o de obras completas de temas de la asignatura que estudian o de trabajos de investigaciones que tienen que efectuar, motivados en algunos casos por sus profesores que le recomienda libros o monografías, que no existen en el país, en otros porque habiendo el libro en las librerías sólo se recomiendan parte de la obra, y en algunas ocasiones porque ofreciéndolo el profesor a sus estudiantes, en precio moderado, el estudiante no quiere comprarlo, ya sea porque lo considera caro, o simplemente porque no quiere invertir su dinero en adquirir libros.
De ahí, entonces, que tenemos estudiantes universitarios que estudian y se gradúan a base de fotocopias de apuntes de clases o de fotocopias de obras, y concluida la carrera, es apreciable la falta de libros de uso personal.
Y es que desde hace mucho tiempo los educadores nos enfrentamos a un serio problema, porque nuestros estudiantes no quieren comprar libros, no leen los libros, ni mucho menos quieren destinar un tiempo a leer y consultar libros en la biblioteca, ya que ciertamente la tecnología moderna, les abrió un camino fácil... fotocopiar todo.... aún así les salga en ocasiones más caro que comprar el libro.
El problema es serio, no sólo para los educadores en general, sino también para los que se dedican a investigar y publicar, porque es usual escuchar de parte de los estudiantes, que el libro de algún autor se encuentra en la fotocopiadora y que pueden pasar a retirar las copias.
Así pues, los autores racionales se sienten frustrados ante tales experiencias, porque si bien es cierto que se reconoce que la labor intelectual en esta materia en nuestro país no recompensa económicamente, por lo menos se aspira recibir un pequeño estímulo económico, que sirva de capital semilla para poder publicar otra obra. No obstante, el asunto no es así, porque el autor del libro es sentenciado a la indiferencia, y su libro castigado al constante mutilamiento ilícito.
En la ley que regula los derechos de autor, se consagra que las obras divulgadas lícitamente pueden ser reproducidas sin autorización del autor ni remuneración del mismo, cuando se trate de la reproducción de una copia de la obra, para uso personal y exclusivo del usuario, realizada por el interesado con sus propios medios, y que la reproducción por medios reprográficos de artículos, extractos de obras es lícita para la enseñanza o la realización de exámenes en instituciones educativas, siempre que no haya fines de lucro y en cuanto justifique el objetivo perseguido y con la condición de que tal utilización se haga conforme a los usos lícitos.
Sin embargo, lo anterior hay que verlo con recelo porque también se produce perjuicio cuando la suma de las copias individuales para uso privado es de notaria importancia y para ello Quintero Olivares y Gómez Benítez citan el supuesto de un ejemplar del libro que existe en una biblioteca y que con fines de investigación, estudiantes de una misma asignatura lo fotocopian, y ninguno de ellos individualmente comete delito alguno, y hay un solo perjudicado, el autor del libro fotocopiado, que en caso de exigir responsabilidad, solo podría dirigirse al fotocopiador si todos o buena parte de ellos ha sido realizado por el mismo sujeto.
El asunto planteado no es fácil de resolver, pues si bien hay normas legales al respecto, no existe en nuestro medio una cultura hacia el respeto y el aprecio de las obras, sin embargo, es imprescindible que se busquen otras fórmulas para enfrentar esta problemática, como lo han hecho en otros países, y que además se utilicen las vías legales existentes para frenar o disminuir el mismo.
De ahí, entonces, que tenemos estudiantes universitarios que estudian y se gradúan a base de fotocopias de apuntes de clases o de fotocopias de obras, y concluida la carrera, es apreciable la falta de libros de uso personal.
Y es que desde hace mucho tiempo los educadores nos enfrentamos a un serio problema, porque nuestros estudiantes no quieren comprar libros, no leen los libros, ni mucho menos quieren destinar un tiempo a leer y consultar libros en la biblioteca, ya que ciertamente la tecnología moderna, les abrió un camino fácil... fotocopiar todo.... aún así les salga en ocasiones más caro que comprar el libro.
El problema es serio, no sólo para los educadores en general, sino también para los que se dedican a investigar y publicar, porque es usual escuchar de parte de los estudiantes, que el libro de algún autor se encuentra en la fotocopiadora y que pueden pasar a retirar las copias.
Así pues, los autores racionales se sienten frustrados ante tales experiencias, porque si bien es cierto que se reconoce que la labor intelectual en esta materia en nuestro país no recompensa económicamente, por lo menos se aspira recibir un pequeño estímulo económico, que sirva de capital semilla para poder publicar otra obra. No obstante, el asunto no es así, porque el autor del libro es sentenciado a la indiferencia, y su libro castigado al constante mutilamiento ilícito.
En la ley que regula los derechos de autor, se consagra que las obras divulgadas lícitamente pueden ser reproducidas sin autorización del autor ni remuneración del mismo, cuando se trate de la reproducción de una copia de la obra, para uso personal y exclusivo del usuario, realizada por el interesado con sus propios medios, y que la reproducción por medios reprográficos de artículos, extractos de obras es lícita para la enseñanza o la realización de exámenes en instituciones educativas, siempre que no haya fines de lucro y en cuanto justifique el objetivo perseguido y con la condición de que tal utilización se haga conforme a los usos lícitos.
Sin embargo, lo anterior hay que verlo con recelo porque también se produce perjuicio cuando la suma de las copias individuales para uso privado es de notaria importancia y para ello Quintero Olivares y Gómez Benítez citan el supuesto de un ejemplar del libro que existe en una biblioteca y que con fines de investigación, estudiantes de una misma asignatura lo fotocopian, y ninguno de ellos individualmente comete delito alguno, y hay un solo perjudicado, el autor del libro fotocopiado, que en caso de exigir responsabilidad, solo podría dirigirse al fotocopiador si todos o buena parte de ellos ha sido realizado por el mismo sujeto.
El asunto planteado no es fácil de resolver, pues si bien hay normas legales al respecto, no existe en nuestro medio una cultura hacia el respeto y el aprecio de las obras, sin embargo, es imprescindible que se busquen otras fórmulas para enfrentar esta problemática, como lo han hecho en otros países, y que además se utilicen las vías legales existentes para frenar o disminuir el mismo.

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