Ricardo Samaniego: El reportero
Publicado 1999/05/17 23:00:00
- Jaime A. Chávez Rivera
Ricardo Samaniego era un reportero de raza. Interrogaba sin cuartel a su entrevistado. A fondo, como debe ser, si se está buscando la verdad.
Impuso desde muy temprano un estilo y un nuevo lenguaje en la televisión panameña. Su fórmula parecía ser no aplicar ninguna, pero su aparente informalidad era producto de una cuidadosa dedicación y estudio de la materia prima: la temática que rodeaba al entrevistado.
Samaniego imponía con su palabra y micrófono, el respaldo vigoroso y expectante de la imagen, su condición de reportero comprometido con una comunidad y un telespectador que espera algo más que un micrófono en la boca de alguien.
La diferencia la hacía Ricardo Samaniego con su talento, olfato, habilidad y preferencia por la búsqueda incansable de un compromiso entre el entrevistado y la comunidad que también interroga con la voz del reportero.
Se inició en la Televisión Educativa, Canal 11, sin mucha bulla, ni audiencia. Pero vendría a imponer en un corto tiempo, un ritmo con sus nuevas pausas en TVN, Canal 2, empujado por decisión propia y envuelto en la burbuja del éxito sin mayor algarabía.
Tengo la impresión de que Canal 2 tuvo un reportero de excepción en tiempos complejos, y que Samaniego nunca olvidó que un reportero para ser considerado como tal, tener vigencia y responder a su oficio, tiene que estar en primera línea.
Cumplió, sin duda, con este principio básico de la profesión de reportero, quizás la más sacrificada, auténtica, y que envuelve el ser del periodista.
El reportero es la brújula, agenda, el tic tac del corazón de un medio de comunicación y cuando éste se paraliza, la maquinaria, es como una caja de música rota y sin cuerda.
Cuando el reportero está ausente, la comunidad no tiene presencia, ni voz, cae en un profundo silencio y olvido.
El reportero apela a lo esencial del periodismo: la comunicación. Es puente y eslabón, el medio de expresión vivo de los hechos y de ese instante en que nos representa a todos.
Está hecho, el reportero, de tiempo, urgencia y de indagación, sobre todo.
Cuando enrumba por las calles, su agenda ya está trazada, pero el factor sorpresa no es ajeno a su oficio maduro, creativo y meticuloso, ya previamente preparado.
Impuso desde muy temprano un estilo y un nuevo lenguaje en la televisión panameña. Su fórmula parecía ser no aplicar ninguna, pero su aparente informalidad era producto de una cuidadosa dedicación y estudio de la materia prima: la temática que rodeaba al entrevistado.
Samaniego imponía con su palabra y micrófono, el respaldo vigoroso y expectante de la imagen, su condición de reportero comprometido con una comunidad y un telespectador que espera algo más que un micrófono en la boca de alguien.
La diferencia la hacía Ricardo Samaniego con su talento, olfato, habilidad y preferencia por la búsqueda incansable de un compromiso entre el entrevistado y la comunidad que también interroga con la voz del reportero.
Se inició en la Televisión Educativa, Canal 11, sin mucha bulla, ni audiencia. Pero vendría a imponer en un corto tiempo, un ritmo con sus nuevas pausas en TVN, Canal 2, empujado por decisión propia y envuelto en la burbuja del éxito sin mayor algarabía.
Tengo la impresión de que Canal 2 tuvo un reportero de excepción en tiempos complejos, y que Samaniego nunca olvidó que un reportero para ser considerado como tal, tener vigencia y responder a su oficio, tiene que estar en primera línea.
Cumplió, sin duda, con este principio básico de la profesión de reportero, quizás la más sacrificada, auténtica, y que envuelve el ser del periodista.
El reportero es la brújula, agenda, el tic tac del corazón de un medio de comunicación y cuando éste se paraliza, la maquinaria, es como una caja de música rota y sin cuerda.
Cuando el reportero está ausente, la comunidad no tiene presencia, ni voz, cae en un profundo silencio y olvido.
El reportero apela a lo esencial del periodismo: la comunicación. Es puente y eslabón, el medio de expresión vivo de los hechos y de ese instante en que nos representa a todos.
Está hecho, el reportero, de tiempo, urgencia y de indagación, sobre todo.
Cuando enrumba por las calles, su agenda ya está trazada, pero el factor sorpresa no es ajeno a su oficio maduro, creativo y meticuloso, ya previamente preparado.

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