Después del 3 de noviembre
Tentativa por recuperar el Istmo
Del texto de historia patria escrito por los doctores Celestino Andrés Araúz y Patricia Pizzurno: “El Panamá Republicano de 1903 a 1989”, extraemos estas conclusiones sobre la
Del texto de historia patria escrito por los doctores Celestino Andrés Araúz y Patricia Pizzurno: “El Panamá Republicano de 1903 a 1989”, extraemos estas conclusiones sobre la tentativa de Colombia por traer al Istmo su égida política-administrativa, luego de la separación definitiva un 3 de noviembre de 1903. Después de pasados tres días de la separación y el reconocimiento por parte de Estados Unidos y Francia a la nueva República de Panamá, la noticia causó profundo malestar e ira en Colombia, por lo que liberales y conservadores aunaron fuerzas.
El presidente para la fecha, el general José Manuel “La Momia” Marroquín, el cual al parecer había aceptado su “mea culpa”, ya que meses antes, en agosto de 1903, el Dr. Carlos Martínez Silva, tras el rechazo del Herrán–Hay, escribió al senado colombiano: “Hemos perdido a Panamá”. Aun así el pueblo en Bogotá cercó el palacio presidencial y obligó al presidente a tomar medidas militares y diplomáticas. Una de sus acciones inmediatas, un 11 de noviembre de 1903, fue la leva militar de más de 100,000 colombianos. Posteriormente envió una expedición de 500 soldados que desembarcó en el golfo de Urabá y tras recorrer la selva y experimentar su dureza, decidieron regresar a Colombia, por lo cual el intento de invadir Panamá por tierra acabó ahí: en las selvas del Darién. No intentaron hacerlo por mar, debido a que Estados Unidos había destacado “cañoneras” en ambas costas de las ciudades de Panamá y Colón, y la Armada colombiana no podía competir con ello. Fueron las mismas cañoneras que Colombia invocó un año antes para pedir el fin de la Guerra de los Mil Días a favor del partido conservador.
Una vez fracasado este acto, el 15 y 20 de noviembre se envió una delegación a Panamá, en donde en la primera fecha los enviados colombianos se entrevistaron en el buque de guerra “May Flower”; en la segunda fecha, la reunión se dio en el “vapor Canadá”, pero en ambas ocasiones la decisión de la nueva república fue mantenerse como tal, independiente, de forma mediatizada sí, pero bajo la propia conducción en sus asuntos económicos y políticos, y no se aceptó las tardías proposiciones colombianas.
Tales reconocimientos y propuestas eran del tenor siguiente: admitir el federalismo en este departamento, otorgar gran representación en todas las rentas del Canal y el ferrocarril, e inclusive nombrar la ciudad de Panamá capital de Colombia. Tales propuestas no tenían fundamento alguno y eran las más absolutas falacias.
Fracasada esta alternativa, Colombia envió a Washington emisarios diplomáticos para influir en el Senado estadounidense y que retirase su apoyo a la nueva república, se respetara el tratado Mallarino-Biddlack de 1846, firmado entre ambas naciones, y que no se ratificara el Hay-Bunau Varilla. Tal intento no tuvo éxito, porque no se les permitió a los delegados entrar a debatir al Senado, solo se les dio la oportunidad de presentar una carta de protesta.
Siguió este penoso tourde Colombia hasta Francia, en donde trató de evitar que los activos materiales fueran traspasados a Estados Unidos, pero la entonces compañía en París ya los había traspasado, por lo cual la acción fue inútil.
El tiempo de Colombia en Panamá se había agotado. Debemos mencionar el texto del Dr. Eusebio Morales en torno a esta situación de la separación y que les fue entregado a las autoridades colombianas y decía parafraseando: “… de las innumerables rentas y cuantiosas sumas de dinero que el Istmo, como sea, producía por el ferrocarril y aduana, jamás Panamá vio un resultado a su favor, no se construyó ni un puente para sus numerosos ríos, ni un camino para sus poblaciones, ni un solo edificio público, ni un solo colegio, ni se fomentó industria alguna para nuestro pueblo, ni la más ínfima ganancia de esos caudales pararon en Panamá… sino que solo sirvieron a Colombia…”.
La leyenda negra se inició al perderse Colombia misma en Panamá, la prensa de ese país hermano fustigó a la nueva república, por un simple hecho: buscar nuestra identidad, y haciéndonos eco primero de lo planteado en este manifiesto por el Dr. Eusebio Morales, y al repasar la obra del Dr. Alfredo Figueroa Navarro titulada: “Dominio y Sociedad en el Panamá Colombiano”, coinciden en lo siguiente: Panamá y la señorial Bogotá eran incompatibles económica y políticamente, además de la geografía y el clima Bogotá era conservadora y no muy dada al contacto exterior, y Panamá era liberal y dependía del comercio exterior, y por otra parte la historia de nuestras naciones estuvo desvinculada desde la colonia, no teníamos raíces en ese país y tampoco la administración centralista bogotana en el nuestro.
Así, tras los intentos fallidos de Colombia de llevarnos a su lazo, los incidentes de un 3 de noviembre de 1903 no dieron marcha atrás y nuestro pequeño país, el benjamín de América Latina, empezó a caminar por la senda de las repúblicas soberanas, con tropiezos, sí, con malas jugadas, también, y con guiños, pero eso sí hermanos … ¡por nuestro propio camino! ¡Viva la patria istmeña un 4 de noviembre!

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