Homenajes
Testigo de una historia. De puño y letra
- Icenit Melgar (Abogada)
En esta última semana, se ha llevado a cabo el Festival Internacional de Cine, en el que Panamá ha tenido el privilegio de presentar el documental “Caja 25”.
La presentación de este documental es un sueño hecho realidad. Fue esculpido por dos panameñas, quienes gestaron una pieza de impecable nostalgia con ansias de impregnar en los testigos vivos de la historia un pincelazo de un pasado con ribetes de una identidad que nos pertenece a todos. A todos los que pasamos por esta franja de tierra que une al mundo.
A sus creadoras, gracias por permitirme estar allí. Hoy, aprovecho la ocasión para contarles cómo he sido testigo de esta historia.
Hace unos meses, recibí una llamada en la que me preguntaban si deseaba participar en la filmación de un documental tendiente a capturar impresiones de los descendientes de tercera y cuarta generación de inmigrantes, que vinieron a Panamá para trabajar en las obras del Canal. Este proyecto lo llevaría a cabo un visionario y joven grupo de productores.
El cuerpo del documental evocaría un concurso de escritura que data de 1950, en el que, de múltiples participantes, hubo tres ganadores.
La intención de la producción del documental era que descendientes de inmigrantes leyéramos las cartas de los participantes de este evento. Me concedieron el honor de ser la lectora de la carta del ganador del tercer lugar. La historia escrita por el señor Alfonso Suazo.
Me indicaron que había unas fases que cumplir, preentrevista y entrevista, para posteriormente pasar al rodaje.
Sin conocer las interioridades del séptimo arte, pero sin pensarlo dos veces, asentí. Llegó el día de la presentación a la protagonista de la acción, la cámara. Maquillaje, luces, micrófono, claqueta, equipo de producción, entrevistador, todo era nuevo. Lo que no era nuevo era mi historia, la historia de mi país, la historia que había que contar.
El momento de compartir la historia y esfuerzo de mi familia fue emotivo y las preguntas del entrevistador viajaban a recuerdos en mi mente y a fotos en mis manos que habían quedado dormidos en el pasado.
Me sentí honrada de contar la historia de mi familia, que ha aportado a la vía acuática más de setenta años. El Canal de Panamá ha formado parte de nuestra historia familiar. El orgullo de participar en esta obra de ingeniería es un tema recurrente en nuestras reuniones y conversaciones familiares.
La filmación del documental me pareció un homenaje a las miles de manos que han dejado su sudor en la tierra y han aportado un grano de arena al Canal.
Al atardecer, mientras el astro rey descendía, continuó la jornada de producción. Con las vías del ferrocarril como escenario principal, llegó mi turno de leer las palabras de Alfonso Suazo.
Este hombre emigró de un rincón de Centroamérica a esta tierra istmeña para sembrar y cosechar logros. Caminar por líneas del ferrocarril leyendo sus palabras era el recorrido de cien años de historias de hombres y mujeres que me daban el privilegio de hablar de ellos. Era la historia de alguien con un nombre.
Soy lectora por pasión e investigadora por devoción. Y siempre he pensado que de una forma u otra los nombres influyen en la personalidad de los que los hacen suyos. Los distinguen, les dan fuerza y describen su personalidad.
El origen del nombre Alfonso es germano e indica persona que siempre está dispuesta a combatir, reflexiva y perseverante, no en vano ese nombre lo ostentan algunos reyes.
Así que para leer las palabras de este caballero mi voz debía ser fuerte, firme pero cálida. Mi voz narraría su historia, pero también la mía. Por eso sentí sus palabras vivas y presentes. Mi voz era la mensajera y encargada de relatar sus palabras.
Ser parte de la voz de aquellos que vivieron la experiencia y transmitir tiempo después sus sueños y vicisitudes era una responsabilidad histórica de gran valor, porque debía transmitir a la audiencia de este documental sentimientos de aquellos que creyeron y seguimos creyendo en el Canal.
Para mí no hay mejor forma de expresar sentimientos que dejarlos plasmados en papel. El papel es depositario de sueños y deseos cumplidos o por cumplir. Este documental es un regalo de Dios a Panamá y a las naciones del mundo.
Sin saber la razón, sin entender cómo, de algo estoy segura, el señor Alfonso Suazo me escogió para leer sus palabras.
La experiencia fue maravillosa, tuve la dicha de conocer a personas de distintos orígenes y nacionalidades, y de todas escuchar un denominador común: Gracias a Dios por permitirnos estar aquí.

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