“Tortura colectiva” ayer y hoy
- Dr. Miguel Antonio Bernal
Cuando se compara el nivel de represión alcanzado por el actual gobierno, con el desatado por la dictadura de Noriega, con el tristemente famoso “Viernes Negro”, uno no puede menos que preguntarse: ¿El cambio prometido era en primera o en reversa?
Reportes periodísticos hablan de no menos de 140 heridos en la vista por los impactos de perdigones (cuatro veces más que el “Viernes Negro”, y eso que ese 10 de julio de 1987 fue en toda la República). Citando palabras del Ministro de Salud, Franklin Vergara, “la mayoría de los pacientes tiene afectaciones en uno o ambos ojos y muchos podrían quedar ciegos producto de los perdigones” (El Siglo, martes 13 de julio de 2010).
Registrando lo ocurrido el Viernes Negro, 10 de julio de 1987, la Comisión de Derechos Humanos de la Asociación de Médicos, Odontólogos y profesionales Afines de la Caja de Seguro Social (AMOACSS) llegó a reportar: “La Sociedad Panameña de Oftalmología reportó 28 casos de panameños con heridas de perdigones en uno o ambos ojos de los cuales varios han perdido la visión total o parcialmente”. Nos preguntamos: ¿Aquellos que perdieron la vista entonces pueden sentarse un minuto para reflexionar sobre lo que ha hecho el gobierno ahora? Aquellos que defendieron los Derechos Humanos, fueron oposición y sufrieron la represión de la tiranía de Noriega y que hoy forman parte de este gobierno ¿Se atreven a defender lo actuado por un Gobierno que segó y cegó la vida de nuestros compatriotas de Bocas del Toro?
En otro informe posterior, cuando se dio más represión, titulado “Torturas y otros tratos inhumanos en la República de Panamá”, el Dr. Osvaldo Velásquez, quien fungía como Presidente del Comité Panameño por los Derechos Humanos (CPDH), se refirió a lo acontecido ese Viernes Negro como un ejemplo de “tortura colectiva”. Amplío: “Panamá ha padecido una tortura colectiva desde a hace 20 años la que se ha intensificado a partir de mediados de 1987”. Más adelante escribió el Doctor Velásquez: “la peor tortura colectiva tuvo lugar el 10 de julio de 1987, el conocido Viernes Negro”.
Citamos más de su informe: “Las tropas antimotines disparan perdigones en forma indiscriminada contra los manifestantes que, cívica y pacíficamente, exteriorizan su desaprobación al régimen. Miles de panameños han recibido heridas por perdigones. La Sociedad Panameña de Oftalmología nos reportó 39 casos de perdigones intraoculares, en dos de ellos ambos ojos fueron afectados produciéndose ceguera total. En forma criminal los antimotines han efectuado disparos a quemarropa con escopetas de perdigones”.
Por entonces, el Padre Fernando Guardia escribió un artículo titulado “reflexiones ante el hecho de las torturas” (19 de julio de 1987), donde dijo: “Es necesario pedir al Estado de Panamá que no caiga en el uso de la represión como política permanente de control social. Que tengamos presente que el terror contribuye a incrementar la resistencia”.
Por si fuera poco la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en su informe sobre Panamá (1989), tras su visita in loco (no al loco), reportó: “Médicos panameños y extranjeros por igual, señalan que el uso de perdigones para reprimir protestas multitudinarias ha sido una práctica particularmente execrable de violación a la integridad física. Participantes y espectadores casuales han sido heridos sin discriminación.”
Lo acontecido recientemente no se resuelve con reconocimientos extemporáneos de culpa, ni con promesas de enmienda, similares a las de antes, sin resultado posterior. Esto no es un asunto de cambiar celulares por ojos. Aquí están las consecuencias del autoritarismo hecho ley (30). Derogación total de la ley y destitución de los funcionarios responsables de la “tortura colectiva” impuesta contra el pueblo hermano de Bocas del Toro y otros, es lo mínimo que debe hacer el gobierno, si realmente es sincero cuando acepta la responsabilidad. Aceptar otra cosa, hará que en un futuro no muy lejano la autocracia vuelva a preguntar al pueblo: “¿Cómo te quedo el ojo?”

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