¿Y ahora qué?
Publicado 2003/11/28 00:00:00
- São Paolo
Ha transcurrido la celebración del Centenario. Mucha euforia por la fiesta y valiosa contribución de los medios de comunicación en la promoción del evento. Como en todo, el acontecimiento trajo sinsabores para algunos, motivación para criticar en otros, y dedicación y trabajo innegable en los organizadores de cada actividad. La concentración en la ciudad capital de la mayoría de las presentaciones, trasladó a miles de personas ansiosas de ser protagonistas de este acontecimiento inolvidable por su significado.
Cien años de realizaciones de muchas generaciones comprometen al país entero a continuar labrando un futuro de paz, de progreso y bienestar general para cada habitante de esta tierra bendecida. Para ello, precisa que cada cual comprenda su responsabilidad ciudadana. Que emprendamos una campaña masiva contra la delincuencia y la violencia, fortaleciendo los valores cívicos y los principios morales sobre los cuales debe fundarse el orden familiar.
Conviene revisar con ánimo rectificador, los errores cometidos en los diseños del modelo educativo, adecuándolo a las modernas corrientes del mundo actual; pero sin renunciar a la formación ética, inculcando la honestidad, el respeto y vocación al trabajo honrado, como fundamentos de seguridad pública.
Detenernos en la consideración de los vicios que identificaron nuestro primer siglo como nación independiente, sin ofrecer alternativas factibles para evitar su repetición, es mostrar un estado de postración moral, ante el cual sucumben los ideales nacionalistas, y todas las promesas y pregones que lanzamos al calor de una celebración, pero sin darles contenido en la práctica. No podemos continuar impávidos ante sucesos que laceran el sentido de justicia y de honorabilidad de los panameños. Necesitamos imponer nuevas reglas en el actuar de cada cual, para poder reclamar en los demás una conducta lícita y aceptable. Hagamos recapitulación de todo hecho negativo que pueda identificarse como realizado con nuestro aporte. Seamos menos tolerantes ante la injusticia, castiguemos la corrupción, busquemos la armonía entre todos y sembremos esperanza y confianza en lo nacional.
Concluída la Guerra de los Mil Días, fuimos testigos de la primera guerra y segunda mundial, de la guerra civil española, de los conflictos de Asia en Corea y Vietnam de los encuentros bélicos entre Honduras y El Salvador, entre Perú y Ecuador, y hasta del ataque de las torres gemelas, de la incursión norteamericana en Granada, en Panamá, en Afganistán e Irak, amén de la guerra del Medio Oriente que aún no se pacífica. En fin, hemos tenido muestras de violencia con exterminio humano, pero mostramos amistad, somos amantes de la democracia y de la libertad, lo que debemos preservar a cualquier costo.
En estos cien años hemos experimentado localmente cambios de gobierno marginados de la Constitución y de la Ley, incluso con muertes innecesarias. Políticamente hemos vivido episodios desagradables, con una dosis de nacionalismo insuperable, que permitió recuperar la total soberanía, a costa de sacrificios de vidas jóvenes. Somos una nación en la que se confunden muchas razas, que contribuyen al fortalecimiento de la patria como territorio libre y con un futuro promisorio. Tenemos orgullo de ser panameños y por esa convicción de ser emprendedores, ganamos el aprecio y el reconocimiento de todo el que nos visita.
Ahora, después de cien años de vida republicana, nuestro compromiso es mayor. Lo que heredamos de nuestros antepasados, tenemos que engrandecerlo y defenderlo con honor, con fuerza irrebatible, con justicia y templanza, sin temor a nada. Hagamos del país un lugar de inmejorables condiciones para vivir, para invertir, para progresar y poder ofrecer a nuestros descendientes un mejor territorio, seguro, desarrollado y digno de vivir en él, de cobijar nuestra familia y de ser defendido por todos los que habitamos aquí.
Ahora, hagamos cada cual lo que le corresponde en esta tarea irrenunciable de continuar consolidando nuestra nacionalidad y construyendo para beneficio de la humanidad. Panamá continuará siendo el mejor país para vivir y levantar una familia. Ahora planifiquemos responsablemente una sociedad fortalecida por la moral, engrandecida por el aporte positivo de cada residente nacional o extranjero, aplaudida por su responsabilidad y por la presencia de valores con contenido en el actuar nuestro, con representatividad de todos los núcleos humanos y sostenida en el orgullo de ser panameño. Ahora es cuando...
Cien años de realizaciones de muchas generaciones comprometen al país entero a continuar labrando un futuro de paz, de progreso y bienestar general para cada habitante de esta tierra bendecida. Para ello, precisa que cada cual comprenda su responsabilidad ciudadana. Que emprendamos una campaña masiva contra la delincuencia y la violencia, fortaleciendo los valores cívicos y los principios morales sobre los cuales debe fundarse el orden familiar.
Conviene revisar con ánimo rectificador, los errores cometidos en los diseños del modelo educativo, adecuándolo a las modernas corrientes del mundo actual; pero sin renunciar a la formación ética, inculcando la honestidad, el respeto y vocación al trabajo honrado, como fundamentos de seguridad pública.
Detenernos en la consideración de los vicios que identificaron nuestro primer siglo como nación independiente, sin ofrecer alternativas factibles para evitar su repetición, es mostrar un estado de postración moral, ante el cual sucumben los ideales nacionalistas, y todas las promesas y pregones que lanzamos al calor de una celebración, pero sin darles contenido en la práctica. No podemos continuar impávidos ante sucesos que laceran el sentido de justicia y de honorabilidad de los panameños. Necesitamos imponer nuevas reglas en el actuar de cada cual, para poder reclamar en los demás una conducta lícita y aceptable. Hagamos recapitulación de todo hecho negativo que pueda identificarse como realizado con nuestro aporte. Seamos menos tolerantes ante la injusticia, castiguemos la corrupción, busquemos la armonía entre todos y sembremos esperanza y confianza en lo nacional.
Concluída la Guerra de los Mil Días, fuimos testigos de la primera guerra y segunda mundial, de la guerra civil española, de los conflictos de Asia en Corea y Vietnam de los encuentros bélicos entre Honduras y El Salvador, entre Perú y Ecuador, y hasta del ataque de las torres gemelas, de la incursión norteamericana en Granada, en Panamá, en Afganistán e Irak, amén de la guerra del Medio Oriente que aún no se pacífica. En fin, hemos tenido muestras de violencia con exterminio humano, pero mostramos amistad, somos amantes de la democracia y de la libertad, lo que debemos preservar a cualquier costo.
En estos cien años hemos experimentado localmente cambios de gobierno marginados de la Constitución y de la Ley, incluso con muertes innecesarias. Políticamente hemos vivido episodios desagradables, con una dosis de nacionalismo insuperable, que permitió recuperar la total soberanía, a costa de sacrificios de vidas jóvenes. Somos una nación en la que se confunden muchas razas, que contribuyen al fortalecimiento de la patria como territorio libre y con un futuro promisorio. Tenemos orgullo de ser panameños y por esa convicción de ser emprendedores, ganamos el aprecio y el reconocimiento de todo el que nos visita.
Ahora, después de cien años de vida republicana, nuestro compromiso es mayor. Lo que heredamos de nuestros antepasados, tenemos que engrandecerlo y defenderlo con honor, con fuerza irrebatible, con justicia y templanza, sin temor a nada. Hagamos del país un lugar de inmejorables condiciones para vivir, para invertir, para progresar y poder ofrecer a nuestros descendientes un mejor territorio, seguro, desarrollado y digno de vivir en él, de cobijar nuestra familia y de ser defendido por todos los que habitamos aquí.
Ahora, hagamos cada cual lo que le corresponde en esta tarea irrenunciable de continuar consolidando nuestra nacionalidad y construyendo para beneficio de la humanidad. Panamá continuará siendo el mejor país para vivir y levantar una familia. Ahora planifiquemos responsablemente una sociedad fortalecida por la moral, engrandecida por el aporte positivo de cada residente nacional o extranjero, aplaudida por su responsabilidad y por la presencia de valores con contenido en el actuar nuestro, con representatividad de todos los núcleos humanos y sostenida en el orgullo de ser panameño. Ahora es cuando...

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