Consumidores expuestos a las prácticas de los chinitos
- Gilberto Soto (gilberto.soto@epasa.com)
El pregón de venta “balato pa’ ti”, que acostumbran a utilizar los conocidos chinitos para persuadir a sus asiduos clientes, desde ayer es cosa que no les interesa repetir.
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El pregón de venta “balato pa’ ti”, que acostumbran a utilizar los conocidos chinitos para persuadir a sus asiduos clientes, desde ayer es cosa que no les interesa repetir.
- 6 meses es el tiempo en el que el Gobierno espera mantener la medida.
Cifras
- 28 productos restantes de la canasta básica de alimentos tendrán libertad controlada.
- 130 es la línea de atención que la Acodeco puso a disposición de los consumidores para quejas.
Opinión
- Aspiramos a que esta medida alcance, cuanto antes, el objetivo establecido y que la ciudadanía sienta la compensación social que se busca, pero evitando afectar la libre empresa. José Luis Ford - Pte. Cámara de Comercio.
El pregón de venta “balato pa’ ti”, que acostumbran a utilizar los conocidos chinitos para persuadir a sus asiduos clientes, desde ayer es cosa que no les interesa repetir.
Ahora están aterrorizados por las multas y las mermas a las que estarán expuestos por la entrada en vigencia del decreto 165.
El control de precios, que desde ayer está en los barrios, les generaría multas de hasta $10,000 si se resisten a la medida.
La amenaza los tiene acorralados y con presagios de pérdidas en las actividades donde, por costumbre, participa toda la familia.
“Los paisanos están llorando por eso, nadie nos tomó en cuenta para el control de precios. A nosotros nadie nos subsidia”, es parte de la queja generalizada que traducida al español relató uno de los dependiente de las tiendas administradas por chinos.
En un recorrido de Panamá América por sitios populares para conocer la efectividad de la medida, llegamos al minisúper Janet, en Los Libertadores. Karina, la dependiente, amaneció con los carteles elaborados a mano para identificar los 22 productos que en la estantería se ofertan y que ahora se comercializarán a precios controlados.
Es un duro golpe a la ganancia acostumbrada, pues la deja sin alternativa para transferirlo al resto de los productos. “Si lo que se busca es ganar clientes, no se puede salir de la noche a la mañana con un aumento injustificado”, es lo que hasta ayer aseguraba Karina.
El grupo de paisanos tendrá que aguantar hasta que las casas mayoristas y productores bajen los precios a los pequeños y medianos comerciantes.
Desde ya advirtió que las pérdidas semanales pueden alcanzar los $300.00. El desglose lo hace luego de mirar los precios.
El huevo, que antes lo ofertaba a 20 centavos la unidad, ahora, según la tabla, será a 16 centavos. Solo en ese rubro pierde 4 centavos.
El pollo Panamá lo compró a $1.10 la libra; el decreto le pide venderlo a $1.18. “Ocho centavos que, frente a la serie de gastos como la luz y los impuestos, es casi imposible hacerle frente”, compartió, mientras hacía referencia a que igual suerte corrió la rebanada de queso amarillo, cuyo costo por unidad cayó a la mitad.
En el minisúper Sin Liu, en Paraíso, San Miguelito, la molestia es mayor.
La falta de información sobre la aplicación del decreto y la compra acumulada de productos que ahora tendrán que ofertar a bajo costo resaltaban.
Michael Zang tiene las mismas preguntas que su paisana Karina sobre la gota de sacrificio que sin incentivo le corresponde hacer a la comunidad asiática.
Pero advierte que de no existir en el mercado los productos agrícolas que tienen precios controlados, los consumidores tendrán que privarse de los mismos.
“Si no es rentable, simplemente no se tiene; suficiente con las pérdidas en los productos ya definidos”, comenta Michael.
En Villa Guadalupe, Ericka es la dependiente del minisúper Alys. Sin temor responde que es imposible ofrecer los 22 productos desde ayer.
“Primero hay que agotar la mercancía que se compró a precios altos y, segundo, hay algunos productos agrícolas y de carnicería que no siempre se consiguen en el mercado, y ahora más baratos, menos”, dijo.
Los últimos en la cadena de comercialización -las tiendas de los chinitos-, donde el 50% de la población se abastece de productos al por menor, coinciden en que “se cumple con el decreto, letreros y productos, hasta donde sea posible”.
Migdalia Muñoz, consumidora, no cree en las declaraciones coincidentales de los chinitos, porque “ellos siempre buscan la forma de ganar; claro que ahora están llorando porque sin duda les ponen un alto a sus precios”.
Inquietud
En la cadena de comercialización, los productores también tienen inquietudes. Carlos Santanach, secretario ejecutivo de la Asociación de Productores de Arroz de Chiriquí (Apach), no desconoce las intenciones del Gobierno en cuanto al subsidio, pero asegura que aún no han sido convocados para hablar del tema.
“Lo único que sé es que han conversado con los molineros, en cuanto a un arroz que ya ellos tienen comprado de la cosecha anterior”, afirmó.
A Santanach le queda preguntar cómo se aplicará el subsidio a los pequeños y medianos productores. “No se ha definido si será directo al productor o a través de los mismos molineros”, contó.
Sin embargo, el secretario de la Apach cree que para fijar el precio del arroz se debe tomar el costo de producción más el porcentaje de utilidad, que daría como un precio razonable unos $25.50 o $26.00.
Añadió que el quintal, según los costos que se están dando, mantiene un costo entre $21.50 y $22.00.
Con la aplicación del decreto que rige a nivel nacional, con excepción de Darién y áreas insulares, la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia (Acodeco) inició desde temprano los operativos en tiendas y supermercados.
En Arraiján, por ejemplo, se observó un desabastecimiento de productos como carnes y huevos, mientras que en Changuinola, los precios estaban por debajo de los que aparecen en la lista oficial.
Uno que otro propietario no tenía a la vista el cartel de precios, a lo que adujo escasa información.
En David, el pan blanco de molde y el queso amarillo fueron los rubros en los que más se notó el incumplimiento de precios, mientras que en Penonomé y en Las Tablas fue en el precio del arroz.
En Colón, los productores reclamaban participación en la toma de decisiones. (Con información de corresponsales)

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