Al estilo Kuna
Publicado 2006/03/20 00:00:00
- María Rubiela Ortíz
Sin lugar a dudas, todo el territorio panameño está lleno de lugares de carácter e interés turísticos. Uno de los destinos más sobresalientes dentro del territorio nacional se localiza en nuestro caribe litoral norte y esta compuesto por unas 365 islas, cierto una isla para cada día del año, todas de origen coralino a lo largo de 200 millas de costas en el Mar Caribe.
Por supuesto hablamos del Archipiélago de San Blas, oficialmente conocido como la Comarca de Kuna Yala.
En un recorrido realizado por Panamá América nos percatamos que muchas cosas han cambiado con el paso de los años, mientras otras permanecen intactas.
Sus casas por dentro están abarrotadas de hamacas de colores brillantes utilizadas para dormir, las chozas están hechas de pencas de palmeras, zinc, caña blanca, piso de arena, fogones sin ventilación y son construidas por la cabeza de familia: "el hombre".
Los servicios y baños no son siquiera letrinas construidas en la tierra, sino que las edifican a orillas del mar, con zinc o madera, palos y algunos sin techos, dejando solo un hueco donde depositar las heces fecales, la orina, y otro para bañarse, sitio donde se ven peces y cangrejos transitar frecuentemente.
Aunque pobres, los niños se divierten con bolas de fútbol, carritos viejos, soldaditos de plásticos, mascotas como gatos y perros, así también juegan a esconderse en los cayucos detrás de sus humildes hogares que se ubican frente al mar.
Tiendas por doquier encontramos en los diversos sectores, entre ellos el Centro Unión, distribuidora muy famosa, atendidas por secretarias, mujeres que ganan al mes más de veinte balboas (B/.20.00).
En este encontramos desde el más sencillos lápiz, útiles escolares, platos, zapatos, ropa, telas de colores para las molas, sodas, cloro, medicamentos como la aspirina y alcohol y tienen hasta artículos del hogar a precios módicos.
Los hombres son sencillos, solo usan pantalones largos de colores como el crema y negro, camisas de mangas cortas y largas, con un sombrero de tela con vuelo pequeño de color negro o una gorra desgastada por el pasar de los años.
Algunos usan chancletas y los demás andan con los pies descalzos, en cambio los adolescentes compran ropa de colores a la moda, pantalones cortos, camisetas, zapatillas o chancletas para caminar por la isla.
Dulces y sonrientes las damas, lucen la "mola" camisa hecha con tela poliéster en la parte superior y telas de algodón de diversos colores con animales terrestres, acuáticos y caras humanas. Son confeccionadas a mano con aguja e hilo sin dibujar el diseño con lápiz, su costo es de treinta balboas (B/.30.00). También usan faldas que son hechas a base de tela taburete, cuyo costo en las islas está en cinco balboas (B/.5.00), y que combinan sin dejar de lado las tobilleras y pulseras confeccionadas con chaquiras.
Recorriendo las islas vimos niñas y adolescentes con faldas cortas, pantalones a media pierna, camisetas y blusas, usados por aquellas jóvenes capitalinas.
Este cambio de actitud se debe a los viajes frecuentes de los kunas a la ciudad de Panamá, argumentó Amaris, joven que nos sirvió de traductora y guía.
Hay un dicho que dice: "la primera educación es en el hogar", pero los indígenas están perdiendo ese sentido por guardar la tradición, debido a que a las hijas no les enseñan el dialecto a cabalidad y menos a coser las "molas" y la utilización de las argollas en la nariz.
Por ello en algunas casas del Congreso, tal como la de Cartí-Sugdup, encontramos colgado un letrero en el techo con dos mensajes: "El Pueblo que pierde su tradición, pierde su alma" y "El derecho al respeto ajeno es la paz".
Por supuesto hablamos del Archipiélago de San Blas, oficialmente conocido como la Comarca de Kuna Yala.
En un recorrido realizado por Panamá América nos percatamos que muchas cosas han cambiado con el paso de los años, mientras otras permanecen intactas.
Sus casas por dentro están abarrotadas de hamacas de colores brillantes utilizadas para dormir, las chozas están hechas de pencas de palmeras, zinc, caña blanca, piso de arena, fogones sin ventilación y son construidas por la cabeza de familia: "el hombre".
Los servicios y baños no son siquiera letrinas construidas en la tierra, sino que las edifican a orillas del mar, con zinc o madera, palos y algunos sin techos, dejando solo un hueco donde depositar las heces fecales, la orina, y otro para bañarse, sitio donde se ven peces y cangrejos transitar frecuentemente.
Aunque pobres, los niños se divierten con bolas de fútbol, carritos viejos, soldaditos de plásticos, mascotas como gatos y perros, así también juegan a esconderse en los cayucos detrás de sus humildes hogares que se ubican frente al mar.
Tiendas por doquier encontramos en los diversos sectores, entre ellos el Centro Unión, distribuidora muy famosa, atendidas por secretarias, mujeres que ganan al mes más de veinte balboas (B/.20.00).
En este encontramos desde el más sencillos lápiz, útiles escolares, platos, zapatos, ropa, telas de colores para las molas, sodas, cloro, medicamentos como la aspirina y alcohol y tienen hasta artículos del hogar a precios módicos.
Los hombres son sencillos, solo usan pantalones largos de colores como el crema y negro, camisas de mangas cortas y largas, con un sombrero de tela con vuelo pequeño de color negro o una gorra desgastada por el pasar de los años.
Algunos usan chancletas y los demás andan con los pies descalzos, en cambio los adolescentes compran ropa de colores a la moda, pantalones cortos, camisetas, zapatillas o chancletas para caminar por la isla.
Dulces y sonrientes las damas, lucen la "mola" camisa hecha con tela poliéster en la parte superior y telas de algodón de diversos colores con animales terrestres, acuáticos y caras humanas. Son confeccionadas a mano con aguja e hilo sin dibujar el diseño con lápiz, su costo es de treinta balboas (B/.30.00). También usan faldas que son hechas a base de tela taburete, cuyo costo en las islas está en cinco balboas (B/.5.00), y que combinan sin dejar de lado las tobilleras y pulseras confeccionadas con chaquiras.
Recorriendo las islas vimos niñas y adolescentes con faldas cortas, pantalones a media pierna, camisetas y blusas, usados por aquellas jóvenes capitalinas.
Este cambio de actitud se debe a los viajes frecuentes de los kunas a la ciudad de Panamá, argumentó Amaris, joven que nos sirvió de traductora y guía.
Hay un dicho que dice: "la primera educación es en el hogar", pero los indígenas están perdiendo ese sentido por guardar la tradición, debido a que a las hijas no les enseñan el dialecto a cabalidad y menos a coser las "molas" y la utilización de las argollas en la nariz.
Por ello en algunas casas del Congreso, tal como la de Cartí-Sugdup, encontramos colgado un letrero en el techo con dos mensajes: "El Pueblo que pierde su tradición, pierde su alma" y "El derecho al respeto ajeno es la paz".

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