En el Palacio de Minería
- Yessika Valdés
Olga Sinclair inaugura hoy en México, D.F., una muestra que exhibirá durante todo el mes de octubre.
Obras inéditas. Son treinta los cuadros que constituyen la oferta artística de una Olga que se siente triplemente bendecida: por los padres y hermanos que tiene, por poder usar la pintura como vehículo de comunicación, como puente intercultural, y por haber crecido como mujer y artista.
Esta propuesta, a casi cuatro décadas de que hizo sus primeros trazos y se matrimonió con la pintura, es de un contenido más místico, con paisajes lunares y obra abstracta, explica la hija del Maestro de la plástica panameña, Alfredo Sinclair, y de Olga Ávila.
Los mexicanos y otros visitantes del Palacio de Minería podrán observar durante un mes estos trabajos de Olga, que se siente “como un ave libre como el viento. Años luz de lo que queda atrás”.
Es una nueva Olga. Una Olga cuya biografía está siendo impresa en Buenos Aires: son 226 páginas, 100 fotos de obras suyas del periodo 1995 a 2008.
Esa Olga de la que hablamos estrena sensaciones y se aventura a explorar la libertad a sus anchas.
Esa es la misma Olga que expondrá el 15 de mayo en el Edificio de la Organización de las Naciones Unidas, en Ginebra, Suiza, y que pintará junto a cientos de niños en esa capital europea.
Esa es la Olga que se enamoró del arte pictórico a los seis años, cuando ganó su primer premio, en la Escuela República de Francia y fue aplaudida y sintió una emoción especial. Esa Olga tan prolífica que ha participado en más de 150 colectivas alrededor del mundo y que ha presentado sus obras en 38 individuales.
Olga Sinclair, hija de Alfredo Sinclair, lo que es cada día un orgullo y un reto, porque, no se puede dejar mal al progenitor y guía artístico, cada día se autoexige nuevas propuestas.
“Estoy dejándome fluir. Mi propio arte me exige nuevos lenguajes, nuevas formas de concebir la obra”, comenta y añade que como mujer y como ser espiritual vive momentos de plenitud. Ha roto paradigmas y echado por tierra arcaísmos sociales relacionados con una sociedad de doble moral, que no mide con la misma vara a la mujer y al hombre, en detrimento de las féminas.
Experimenta la libertad, sin caer en el libertinaje, pero la respira hondo y la disfruta al máximo, porque le permite explorar, crear y crecer.

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