La historia del tritón que encontró el amor
- Alonso Solis
A las 4:00 a.m., Ricardo Torres se levanta para tomar un autobús e ir a entrenar.
Es el año de 1977. En la mente de Xenia Argüelles de Torres y su hijo Ricardo, vive a flor de piel aquel pasado de nostalgias y alegrías.
Aquel año, en un día de verano, recorrieron Calidonia y la Central buscando el apoyo para que Ricardo viajara a representar al país y de paso ganara 4 medallas de oro, con solo 10 años de edad.
Así, empieza la vida de nuestro personaje, siempre con medallas colgadas en su cuello como péndulos del ayer, de los recuerdos de la patria, "que el pie desde la infancia sin tregua recorrió".
Hoy, aquel Ricardo que corría por Plaza Amador nos habla del amor de toda su vida: la natación. Esta es su historia:
Torres: vivo cerca del aeropuerto de Tocumen, me levanto a las 4:00 a.m. y tomo un bus hasta Calidonia, a la Piscina Adán Gordón, para entrenar.
A las 6:30, desayuno y me voy a trabajar como instructor en La Salle hasta las 4:00 p.m. y nuevamente, me voy a entrenar, pues mi preparación es a doble jornada.
Primero quiero darle las gracias a todos los que me han apoyado. Lo recuerdo todo, desde joven. Ahora como máster, el subcampeonato mundial, las medallas, son muchas.
Sí, la del 2004, cuando gané bronce en el Mundial Máster, lloré al ver la clasificación y mi bandera estaba allí. Estaba solo, sin entrenador, pero orgulloso de mi país.
Sí, en La Salle. Hace poco lo hacía con los Delfines Azules. Por mí, han pasado muchos atletas y me siento feliz por eso.
Los mejores de Panamá, Albino Díaz y Rodolfo Villacis. A ellos, gracias.
Todos me apoyan. Mi madre, mi padre, mi esposa, mis hijos. Eso me da fuerza. Y voy a triunfar, por ellos, por mi país y por lo que amo.
Para el mundial del próximo año en Australia. Tengo oportunidad de alcanzar una medalla. Pero no puedo confiarme, tengo que trabajar duro.
Muchas cosas se quedan fuera. Detrás de esta historia hay sacrificio, pero con amor todo se puede y Ricardo lo siente por la natación.
Son ya 35 años entrenando, y el deporte allí en sus venas, como un río místico que lo traslada a la tierra de las ilusiones, donde él es feliz.

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