Canadá
Maldito minuto 90
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Panamá cae 1-0 ante Ghana en el minuto 90 durante su debut en el Mundial 2026. La vieja herida que vuelve a sangrar en el debut mundialista
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Hay fantasmas que, por más que intentemos exorcizar, parecen vivir cómodos en nuestra memoria futbolística. Cuando el reloj marcaba el cierre y el empate parecía un mal menor pero aceptable, el "maldito minuto 90" volvió a aparecer, recordándonos que en el fútbol de élite, la desconcentración se paga con la derrota más cruel. La selección de Panamá cayó 1-0 ante Ghana en su debut en el Mundial 2026, dejando a todo un país con el sinsabor de haber tenido el control, pero no el premio.
El gol del joven centrocampista ghanés, Caleb Yirenkyi, fue el mazazo final a un encuentro donde el planteamiento de Thomas Christiansen fue, a todas luces, valiente. Hay que ponderar el atrevimiento de un equipo que salió a buscar el arco contrario, una propuesta radicalmente opuesta a la timidez que vivimos años atrás.
Panamá intentó maniatar a un rival plagado de figuras que militan en las mejores ligas de Europa, y durante 89 minutos, la estrategia funcionó.
Sin embargo, el diagnóstico tras el pitazo final es doloroso y conocido. Panamá sigue padeciendo esa carencia histórica: "nos falta un centavo para el dólar". ¿Por qué no rematamos de primera? ¿Por qué esa necesidad de buscar siempre la pelota cómoda en lugar de ensuciarse los botines? Las preguntas de siempre.
La diferencia en este encuentro tuvo nombre y apellido: físico. En el choque, en la fricción y en la disputa aérea, el combinado ghanés, bajo la batuta del estratega portugués Carlos Queiroz, terminó imponiéndose. Aquí es donde surge la autocrítica necesaria: faltó malicia, ese "juega vivo" que define los partidos cerrados cuando las piernas ya no responden. Un defensa panameño, de la mano de Dios se la rifó en el cierre, sí, pero perdió el duelo clave, y el costo fue la derrota.
La mirada puesta en Croacia e Inglaterra
El técnico Christiansen fue claro al finalizar el cotejo: se cayó en la trampa de los balones largos, un terreno donde nuestras debilidades quedaron expuestas ante un rival que sí supo explotar sus fortalezas. Pero, como bien arengó el estratega a sus dirigidos, no hay tiempo para lamerse las heridas. La competencia sigue y el margen de error ha desaparecido.
El Mundial no da tregua. Ahora, la Roja se enfrenta a dos colosos: Croacia e Inglaterra. Si el objetivo es seguir soñando, la lección de hoy debe ser un aprendizaje acelerado. La competitividad existe, el atrevimiento está ahí, pero la eficacia, esa que no tuvimos ante Ghana, será la única moneda de cambio para sobrevivir en el grupo.

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