Bella Vista, el barrio que perdió la inocencia
La proliferación de vehículos (tráfico), negocios, bares, discotecas, restaurantes y centros nocturnos ocasiona un auge comercial que reemplaza la tranquilidad y calidad de vida.
Construida en 1950 fue quizás una de las primeras casas de dos plantas en el barrio de El Cangrejo, específicamente la casa # 7 (muy cerca de vía Argentina). Con un amplio terreno (rodeado de frondosos árboles, arbustos decorativos y frutales) la casa contaba, en la planta baja, con dos áreas de estacionamientos (una cerrada y otra semiabierta), taller y depósito (por la afición a la mecánica del propietario), cuarto y baño de empleada, dos cocinas (una para la preparación de las famosas paellas y comidas españolas; la otra para platos de acompañamiento o menor tamaño), dos comedores, antesala, cuarto y baño para invitados, sala para eventos familiares o sociales y una gran terraza contigua a una extensa superficie natural para esparcimiento de niños y adultos. Las recámaras principales se encontraban en la parte superior, incluyendo una sala de esparcimiento entre ellas, y contaban con baños, amplios clóset y preciosos balcones. El techo, de madera fina y tejas, complementaba el origen y estilo español de sus propietarios: Julio Hernández (de Ávila) y Rosa Claramunt (de Cataluña)
En el transcurso de los años ‘50 y ‘60, la propiedad estaba en todo su esplendor y era el centro obligado de todas las celebraciones familiares, eventos sociales o actividades de recaudación de fondos para actos de beneficencia o apoyo a instituciones gubernamentales y no gubernamentales. Luego de los sucesos de 1964, las celebraciones familiares se ven empañadas un poco, ya que la mitad de los hijos y nietos de la pareja Hernández Massot tenían la nacionalidad panameña (algunos la española) y la otra mitad la estadounidense (unos en adición a la panameña). Esto, sin embargo, no suspendió las reuniones (hasta finales de los años ‘70) en días feriados o las celebraciones familiares en conjunto con las amistades más allegadas.
Para la década de 1980, la ciudad había crecido y esta majestuosa mansión era sólo la sombra de los edificios construidos a su alrededor. El respiro y esperanza de democracia circulaba por todas partes y en la casa # 7 se celebraban reuniones para tal fin, por ejemplo, la organización de la primera candidatura a legislador del actual vicepresidente Rubén Arosemena. En este periodo, la propagación de vehículos (tráfico), negocios, bares, discotecas, restaurantes y centros nocturnos ocasiona un auge comercial que reemplaza la tranquilidad y calidad de vida. Los borrachos, prostitución, robos, vandalismo y costumbres insalubres de los mendigos y los "bien cuida’o" deterioran el vecindario y el libre tránsito de los residentes que optaban por encerrarse en sus viviendas.
Se pierde la inocencia del barrio, al igual que en otros barrios de la ciudad, presa del desarrollo no planificado. Los residentes empiezan a considerar la alternativa de mudarse a otras zonas y es en esta época que el Banco General hace una generosa oferta por la compra de la propiedad. Desafortunadamente, el intermediario pide una cifra astronómica por el trámite y ambas partes desisten del negociado. Esta fue, quizás, la última ocasión de salvar esta bella vivienda, ya que el banco planeaba mantenerla casi intacta. Ellos, posteriormente, se mudan a la planta baja de un edificio frente a "El Prado".
La invasión, en diciembre de 1989, ocasiona que muchos vecinos se vieran la cara por primera vez luego de muchísimos años. El robo de los comercios se convierte en la vergüenza de propios y extraños y los residentes deciden cerrar Calle F para evitar la circulación de saqueadores, paramilitares y batallones "de la indignidad".
Los años ‘90 empiezan llenos de esperanza por la nueva democracia, al mismo tiempo que el desorden urbano hace imposible la existencia en el área. Una nueva oferta aparece, en un mercado que apenas se recupera, por lo cual los últimos descendientes Hernández Claramunt emigran a otros barrios. El futuro que le depara a la casa # 7 es desalentador y al poco tiempo es demolida hasta la raíz de sus cimientos. Antes de iniciar la construcción de un moderno y enorme edificio de apartamentos su promotor decide tomarse unas vacaciones en Europa; sin embargo, el destino es otro y muere por razones naturales. Todo lo planeado es cancelado y desde entonces a la fecha sólo quedan los recuerdos de unos cuantos árboles en el perímetro de este terreno, ahora baldío con estacionamientos, que en nada refleja el esplendor, gloria e historia de lo que fue y que ahora recordamos.

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