Dicen que sucedió en Panamá
- Madelag
Escritora
El sol, curioso como siempre, apartó las nubes para lanzar sus primeros rayos hacia la recién inaugurada Cinta Costera.
Por ella, caminaba un “Trotamundos deportivo” que acostumbraba andar, andar y andar en las madrugadas, por los senderos trazados entre los árboles del Parque Omar.
Allí admiraba los arrullos de los pájaros y las aves que cantan al amor con melodiosos trinos. Ahora el caminante se había trasladado a un nuevo destino, donde el mar acaricia con inefable sensualidad las rocas.
La única otra persona presente era un soñoliento policía. Inesperadamente, apareció una joven, bella y elegante mujer, completamente desnuda. Surgió como una náyade, detrás de una de las fuentes.
Pasó frente a los hombres y, agitando su mano derecha, saludó a los dos atónitos admiradores. Sin detenerse, siguió su camino hasta llegar al lugar de estacionamiento para autos. Abrió la cubierta del baúl del vehículo que le pertenecía.
El caminante y el policía pudieron admirarla cuando cubrió su espléndida desnudez con una liviana bata, y se colocó frente al timón. Arrancó el motor y se alejó de la Cinta Costera.
El tiempo también se había detenido para contemplar el espectáculo.
Al recobrar el uso de la palabra, el caminante se acercó al policía y le dijo; _ “Me pareció que usted conocía a la mujer que acaba de irse, ¿es así? ”.
“Ella ha hecho su aparición por aquí otras veces. Solo que hoy no llevaba nada de ropa interior, que es lo que siempre acostumbra a hacer”, le contestó.
_ “Y lo que usted vio hoy, ¿no lo va a reportar?
”_ Pues no, señor. No tengo por qué hacerlo. Yo solo soy un policía de tránsito. Esto le corresponde a la Policía de la Alcaldía”.
Ante tan sabia decisión, el visitante dijo al vigilante”: “Amigo, no digas nada. ¡Nos vemos mañana! ¡Solo ruega, como lo haré yo, para que no llueva!

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