Frases ¿Célebres?
- Ariel Barría Alvarado
Desde el 9 de mayo, domingo a domingo, hemos venido hablando de ciertas palabras o expresiones que, con el tiempo, cambian de sentido porque a diversos sectores de usuarios se les ocurre ponerles otro ropaje. Así abrimos la oportunidad para recoger algunas expresiones que sería mejor olvidar, pero que de tan repetidas puede que alguien considere correctas y las adopte. Es decir, las decimos aquí para que luego otros no las digan (mejor sigamos con la lista, que ya me estoy enredando con eso de “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”).
Yo escribo en mayúscula cerrada, así evito la necesidad de poner tildes:
sí, esto se dice más a menudo de lo que sería prudente en materia de yerros. Hay dos normas que se oponen a tal criterio: el “etinet” (término nuevo, que alude a la cortesía en la comunicación electrónica, y en cuyo marco se estima que un texto escrito en mayúscula cerrada indica que el emisor está gritando), y la norma ortográfica. Esta última manda a poner tildes aun a las mayúsculas. Existe, por añadidura, un fin práctico; por ejemplo: ¿cómo puede saber qué sentido tiene, en realidad, la expresión “CANTO, BAILO y ESCAPO”? Cuando le ponga tildes dirá otra cosa.
Poner comas es sencillo, donde se te acabe el aire, ahí va una coma:
un periodista me jura que así le enseñaron a él a poner comas; y quien se lo enseñó sigue dictando esta norma a los nuevos estudiantes. No puedo evitar imaginarme tal consejo aplicado en el altiplano boliviano, donde las personas cuentan con una mayor capacidad pulmonar debido a su exposición constante a la altura; ahí habrían jubilado a las comas hace rato.
Una coma más, una coma menos, ¿qué importa?:
una amiga recoge en medio del llano esta frase y me la lanza directo a la pantalla: “Si el hombre supiera el valor que tiene la mujer andaría desesperadamente en su búsqueda”. Una coma después de “tiene”, o a continuación de “mujer”, cambia todo el panorama. La coma sí importa, no es ornamental; es opcional en muy pocas oportunidades, en la gran mayoría de ellas define y sostiene el sentido de lo que expresamos.
Discúlpame, no puse tildes (o comas, o puntos) por el apuro:
eso me hace recordar una comedia en blanco y negro vista en un televisor en colores, donde el amante le escribe a su amada: “Me hubiera gustado decirte cuán hermosa eres, y todo lo que te amo, y cuánto sufro con tu ausencia, pero debes comprender que la tinta está muy cara y debo ahorrar para los gastos de nuestra boda”. El tiempo que demora para dar esa excusa hubiera sido mejor empleado para escribir con corrección.
No se fije en los errores, total, estas tesis nadie las lee:
siempre le recomiendo a los estudiantes que se visualicen como hombres o mujeres de mucho renombre en el futuro, al punto que alguien querrá ver cómo fue su ascenso a la cima, y pedirá en los archivos aquel viejo texto en el que cimentó su ascenso profesional. Ya he visto críticas públicas a funcionarios, achacándoles que su licenciatura la obtuvieron mediante exhaustivas consultas en una enciclopedia escrita por autores de la talla de “Cut, Copy, Paste et al”.
Les confieso algo, yo pensaba que en dos columnas iba a salir de este tema, pero a medida que voy recordando, surgen nuevos ejemplos de frases “célebres” que escucho a diario. Espero culminar el próximo domingo. ¡Salud!
Que la palabra te acompañe.

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