Innovación más desarrollo en cultura
- Dayana Rivas
Cada nación cuenta con características propias, lo que no hace prudente copiar un modelo extranjero. Lo sensato sería tomarlos como referencia, analizar lo que han hecho, en qué les ha ido bien y en qué han fallado, mas no imitar.
Revivir las aventuras de piratas, negros cimarrones y reyes, puede ir más allá de leer un libro de historia de Panamá. Un recorrido por el Camino Real supone una experiencia cultural con proyección turística digna de compartir con el resto del mundo.
Para Jordi Tresserras Juan, miembro de la cátedra turismo y cultura de la UNESCO, el suelo panameño cuenta con elementos suficientes para desarrollar el turismo cultural, pero hace falta una alianza.
Tresserras es doctor en geografía e historia de la Universidad de Barcelona. Se describe como catalán amante del turismo cultural y mencionó que es admirador del Festival de Congos y Diablos de la Costa Arriba de Colón.
En esta ocasión visitó Panamá para participar en el diplomado I + D en Cultura (innovación más desarrollo en cultura), que imparte la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), donde dictó el curso Turismo y Cultura: Una alianza estratégica.
Transportarse a la época colonial puede ser posible, tal y como se plantea en un proyecto que trabaja la UNESCO con el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), que considera el apoyo a las rutas culturales del Istmo, donde Panamá representaría una puerta al trayecto, ya que tiene tres caminos reales a lo largo de su territorio.
El catedrático cuenta que, aunque todavía falta implementarlo, se ha ido estableciendo el componente de señalización, donde se planea aprovechar el sendero que va desde la ciudad de Panamá a Portobelo y Nombre de Dios; el Camino de Cruces, que va a través del Parque Metropolitano, pasa por el Río Chagres y llega a Portobelo; y el de Natá de los Caballeros y Azuero.
El "tour" saldría de tierras canaleras para continuar con la ruta de los volcanes hasta llegar a la antigua Guatemala.
Al escuchar del plan, es inevitable imaginarse pisando los tramos que fueron caminados por esclavos que cargaban cofres repletos de metales preciosos, alimentos y otros artículos que los españoles hacían llegar a la Madre Patria. Esa historia cala más cuando se piensa en el reto que representaba la misión, por el peligro que corrían los tesoros al ser interceptados por bandidos. Este viaje en el tiempo solo requiere de senderismo y recorrido por mar y río.
Ese es un ejemplo de todo lo que se puede hacer para fusionar turismo y cultura.
Panamá posee cinco sitios declarados patrimonio de la humanidad, por la UNESCO. Este reconocimiento representa una marca de calidad que posiciona el sitio en el mapa, sin embargo, con este título, los lugareños adquieren una responsabilidad.
En cuanto a estas obligaciones, Tresserras indica que los residentes de estas regiones deben conservar y difundir una herencia que dejó de ser sólo suya, para convertirse en un legado para el mundo. En esa labor, los tesoros del pasado se pueden revertir al presente como una fuente de recursos para los herederos de la historia.
En nuestro caso, los Fuertes de Portobelo y San Lorenzo, el Parque Nacional Darién, el Parque La Amistad (reservas de la Cordillera Talamanca), Panamá La Vieja, el Casco Antiguo de la Ciudad y el Parque Nacional Coiba, “realmente suponen reconocimiento y oportunidad de desarrollo, si hay una buena gestión”.
El desarrollo de una buena administración del turismo cultural.“A Panamá le hace falta un nuevo plan de desarrollo turístico en el que se incluyan los sitios declarados patrimonio de la humanidad”, afirma el catedrático.
Este paso implica crear una armonía entre el valor histórico, las culturas vivas, la población, los empresarios turísticos y las entidades gubernamentales, todos juntos trabajando en planes donde se respeten los derechos y se ponderen las responsabilidades.
Este español, que viaja con frecuencia a tierras panameñas, recuerda que al visitar Portobelo observó que los turistas llegan al Fuerte, lo recorren y se van; la propuesta no hace que los foráneos participen del baile congo, el arroz con coco ni de los exóticos diablos, elementos que representan la real identidad del lugar.
Desde una perspectiva económica, puede ser que Panamá no se haya esforzado por desarrollar esta línea porque tiene otras fuentes de ingreso, lo que no es negativo, ya que depender únicamente de la actividad turística representa un riesgo.
Como se mencionó antes, para lograr un buen plan es importante la participación comunitaria. En este punto se debe empezar por respetar la voluntad de los lugareños.
Existen comunidades muy cerradas y celosas de sus tradiciones, por lo que no se les puede obligar a ser parte de algo con lo que no se identifican. Pero por otro lado, están quienes sí tienen la disposición de revelar al mundo su legado.
Cuando se lleva a un turista a convivir con un pueblo, la oferta debe incluir un beneficio para los residentes.
En el caso de la gastronomía, se puede propiciar que el visitante compre los ingredientes para elaborar tamales, aprender a cocinar el maíz, a molerlo, a preparar la carne y a envolverlos. Esto supone un ingreso económico para quien vendió los rubros, para quien le enseñó la preparación y para toda la región; ya que esta persona se va con un conocimiento que podrá difundir en otras latitudes.
Una verdadera política de turismo cultural. Las bases para una política de turismo cultural están. En esta última visita a Panamá, el miembro de la UNESCO percibió avances en esta materia.
Mas el futuro se vislumbra en una alianza donde los gestores culturales vean el potencial y las aportaciones que pueden llevar al turismo.
No obstante, no todo es color rosa. La llegada masiva de foráneos a un lugar puede ser negativa, hasta puede crear “turismofobia”. Por eso se requiere de un plan con el que se garantice el resguardo de los valores culturales y el éxito de la actividad turística.
Y es que los convenios internacionales no deben ser vistos como letra muerta. Deben ser considerados un marco de referencia, que establezcan lineamientos aplicables a la realidad del país que los firma.
Cuando Panamá es signatario de alguno, debe verlo como un proyecto global que adaptará a sus recursos.
Modelos extranjeros.En América Latina, sólo México ha explotado este tipo de actividad en toda su plenitud, y de manera exitosa. Esto no quiere decir que se tenga que aplicar el mismo plan en todos los países para conseguir un buen turismo cultural.
Cada nación cuenta con características propias, lo que no hace prudente copiar un modelo extranjero. Lo sensato sería tomarlos como referencia, analizar lo que han hecho, en qué les ha ido bien y en qué han fallado, mas no imitar.
Tresserras considera que Panamá es uno de los países con mayor diversidad del mundo, es multiétnico. Aquí están los kunas, una de las comunidades que se ha especializado en turismo comunitario, la labor que han desarrollado los han hecho posicionarse como un caso de referencia internacional.
El retumbar de los tambores congos, la mejorana, todos los tipos de diablos tradicionales y demás bailes y manifestaciones populares pueden tener una gran importancia para el desarrollo. Incluso, la propia ciudad de Panamá tiene comunidades europeas, asiáticas, árabes, etc., que forman parte de la propuesta cultural que se puede formular.
Marca país.Tampoco se ha logrado establecer una marca país. Conseguir que cuando una persona cierre los ojos y se le mencione la palabra “Panamá”, imagine algo más que el Canal. El país debe ser un ícono. Y aún esta infraestructura interoceánica no ha sido explotada turísticamente.
El catalán recreó una de sus vueltas por esta vía. Con emoción recordó el proceso de llenado de agua de las tinas gigantescas, cuando las pesadas compuertas empiezan a abrirse y el paso de la abarcadora nave, todo esto puede convertirse en un gancho para las miles de personas que pasan por esta nación, pero que sólo llegan al aeropuerto.
En las pocas horas que una persona de negocios pasa por la terminal aérea, para hacer un trasbordo, se le podría invitar a un paseo por Panamá La Vieja, el Casco Antiguo de la Ciudad y, no muy distantes están, las esclusas de Miraflores y Pedro Miguel.
Panamá con un sexto patrimonio de la humanidad. El trabajo arquitectónico del Canal lo hace una obra única en el planeta, magnificencia que ha atraído una propuesta para declararlo patrimonio histórico de la humanidad, idea que ha generado temor por parte de algunos sectores, quienes piensan que después no se le podrá hacer modificaciones.
Sin embargo, cabe la posibilidad de considerar solo un tramo de la vía interoceánica. Puede ser un segmento que registre un valor histórico particular.
Lo que busca un turista cultural. Cuando un turista cultural visita un país busca sentirse como uno más de esa región. Para un pescador artesanal puede resultar monótono lanzar la cuerda o las redes al agua. Pero para quien nunca lo ha hecho es una experiencia inolvidable.
Muchas personas atraviesan miles de kilómetros para encontrarse en un entorno diferente, para hacer actividades distintas a las que se encuentra en su diario vivir.
Incluso con el turismo de compras se debe promover los productos propios de la región. Sería buena idea ponderar las piezas de los diseñadores nacionales, que simbolizarían el souvenir diferencial.
Con frecuencia se da el caso de que los gestores turísticos le muestran al extranjero presentaciones que no son autóctonas, bajo la excusa de que lo regional no va a vender. Tresserras cuenta que en la práctica de cambiar ese tipo de “shows” han descubierto que lo cultural –bien planeado- tiene mayor acogida.
Hay regiones que poseen industrias características, ellas encajan en los posibles destinos como una oferta que se puede vender. En este aspecto las ganancias pueden ir desde la internacionalización de las marcas de los productos procesados, y aunado a ello la divulgación de la marca país.
Bien se puede considerar recorridos en laboratorios, industrias vivas, talleres artesanales, por mencionar algunas opciones de la amplia gama que permite este tipo de turismo.
Unión de INAC y ATP.“No creo en una fusión entre la Autoridad Nacional de Turismo (ATP) y el Instituto Nacional de cultura”, dijo rápidamente el profesor al hablar sobre la idea que surgió, tiempo atrás, de unir ambas entidades.
La realidad es que no todos los recursos culturales son productos turísticos. Sería más interesante que existan dos entidades, aconseja.
Sería saludable que dentro de cultura exista una unidad de turismo cultural, que ayude a los gestores a crear productos turísticos-culturales novedosos.
Es indispensable que haya una política de turismo cultural, que sea promovida por las dos entidades.
En el desempeño de los roles, el INAC debe crear el producto y la ATP ayudar en la comercialización.
Ventajas que ha tenido Panamá. Como una crítica constructiva, Tresserras señala que “Panamá tiene una tradición de academias de baile, incluso, la propia directora del INAC viene del sector de la danza”, y dice no haber visto una propuesta turística que ofrezca al visitante aprender a bailar.
De manera curiosa, Rubén Blades también fue parte del comentario, al ser recordado, no solo como un personaje muy ligado a la salsa, sino como el antiguo ministro de Turismo. Tresserras reconoció que durante esta visita se ha reunido con el INAC para orientarlos en esta vía.
Hay potencial en los gestores culturales que se están formando y los primeros pasos para crear una propuesta turística cultural en este país ya se han dado. Ahora queda esperar que las raíces no se entierren, sino que florezcan para el mundo entero.

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