Inspiración autóctona que se revitaliza
La cultura popular, la que se fabrica al calor de la labor cotidiana de la gente es, al mismo tiempo, cultura de aceptación o rechazo.
Una idea bastante predominante hoy día es que, con el desarrollo de las sociedades modernas, las tradiciones están perdiendo significado y, poco a poco, su papel en la vida cotidiana está dando paso a formas de comportamiento, usos y costumbres, un tanto foráneas, ajenos a la idiosincrasia de cada uno de nuestros pueblos. Esto, por supuesto, no es cierto del todo, pero muchos poetas lo han advertido en sus inspiraciones, entre esos don Daniel González Ducreaux, "El ritmo dominicano/ de mi patria se apodera/ ¿por qué la mejoranera?/ ¿ya no te gusta paisano?/... Viene de Santo Domingo/ con los vientos del Caribe/ y el pueblo contento vive/ con la música del gringo/ con el alma yo distingo/ el sabor interiorano/ porque me gusta el mesano/ la cumbia y el socavón / lastimando el pabellón/ el ritmo dominicano.
Muchos consideran que las tradiciones pertenecen al pasado, obviamente que es cierto, no obstante con la creación de eventos culturales, como el Festival de la Mejorana, el Festival del Manito, el Festival del Toro Guapo, la celebración del Corpus Christi, y otras actividades donde se resaltan los valores culturales e idiosincrasia de los pueblos, revivimos todas esas manifestaciones y quehaceres de cada región, con el solo hecho de saber de dónde venimos, quiénes somos que pretendemos o para dónde vamos.
Fortalecemos nuestra identidad, cuando a las generaciones jóvenes, les transmitimos oralmente los hechos o sucesos históricos, entre esos por ejemplo, sobre la historia o leyenda del cristo de Esquipulas de Antón; cuándo llegó el primer fotingo a Ocú, cuándo cayó por primera vez granizo en Ocú, Sobre la leyenda de la vaca loca de La Colorada, la historia de Santa Librada, el porqué de las Danzas del Corpus en estas regiones de La Villa, Chitré, Parita y La Arena, también sobre doctrinas o costumbres (caso de algunas etnias, cuando una niña llega a la pubertad), composiciones literarias (cuentos, leyendas), musicales (inspiraciones el Mogollón, Campanillas Veraneras, Viva Panamá y otras cumbias), hábitos, danzas (Corpus Christi), rituales (grupos que realizan ritos para la buena suerte, lotería, etc), todas estas costumbres han sido transmitidas de generación en generación de padres a hijos, entonces literalmente, una tradición es la enseñanza que se comunica de una generación a otra, siendo un elemento fundamental para fortalecer la identidad de las personas, de la región y de los pueblos.
Hacer cultura popular es una forma de resistencia contra las fuerzas ideológicas y culturales dominantes, es un modo de evitarlas. González Ducreaux lo decía: Con la fuerza del tornado/ envuelve la patria mía/ viendo que lloran los días/ por ese ritmo importado/, los valores del pasado/ van perdiendo su bandera/ y la música de afuera/ a través de la distancia/ emitiendo resonancia/ de mi patria se apodera/.
Es precisamente haciendo cultura popular, cuando reafirmamos que nuestro istmo es un crisol donde cada una de las etnias ha aportado sus costumbres, tradiciones e idiosincrasia, caso típico son las cantaderas que en el pasado fueron un medio de recreación familiar (los trovadores cantaban para pasar ratos amenos, al celebrar un cumpleaños, bautizo, o el día de la cruz) hoy día las cantaderas, se mantienen como un medio de recreación, pero más aún, como un medio comercial, explotar al máximo la cultura a través de una manifestación folclórica reconocida en todo el ámbito hispánico; por lo tanto, la cultura popular es fortalecedora, en la medida que realmente significa que los impulsos culturales se originan en los ámbitos cotidianos para luego ser acogidos, interpretados y usados por la gente común, muchas veces después de pasar por el proceso de mercantilización al que lo someten las industrias culturales y los medios de comunicación.
Las imágenes que presentan los medios, impresos, televisivos o la radio y hoy día la Internet, sirven para promover productos populares, crear comunidades de consumo y en general, promueven la sociedad consumista, (todo lo que vemos en las tiendas o supermercados nos gusta, y lo queremos comprar); sin embargo, tales imágenes no sofocan la creatividad cultural de las audiencias. En otras palabras, no destruyen la cultura popular, por el contrario, la inspiran y la revitalizan, ya que por encima de ellos está la autoridad cultural del pueblo.
Podríamos considerar la cultura popular como la "cultura común de la gente común", es decir, cultura que se fabrica al calor de la labor cotidiana de la gente, por tanto una cultura popular es al mismo tiempo cultura de aceptación o rechazo.

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