Panameñismos y otras voces para sobredimensionar
- REDACCION
El español goza de una excelente salud. Hay aspectos en los que -por analogía con un paciente real - debería mejorar: abuso de anglicismos (en algunos casos).
Tiene nuestro idioma diferencias que se denominan diastráticas, porque dependen del entorno social y del grado de educación (pero sobre todo) del contexto en el que la palabra es utilizada.
No es que uno u otro modo de decir la palabra sea mejor o peor. Cada circunstancia y cada hablante con sus interlocutores determinan el hecho lingüístico, que es irrepetible, como la combinación cromosómica.
“Si no lo digo contigo (o junto a ti o en tu compañía), ¿con quién tendré la confianza de decirlo? ” es una pregunta que muchísimas personas (entre quienes existe mutua confianza) se hacen al permitirse licencias, transgresiones, excentricidades lingüísticas, que en otras circunstancias (y con otros hablantes) guardarían, reprimirían o disimularían.
La dimensión de las cosas
Escuchar un programa de radio en el que el pueblo habla, implica también disponerse a escuchar el uso de panameñismos. No puede ser de otra manera. Los panameñismos no son censurables (ni aun los soeces, aunque su difusión por las ondas de radio sí lo es, por supuesto, y debe evitarse a toda costa que las emisoras de radio sean ventanas para la vulgaridad).
Pero volviendo a lo nuestro, en este tipo de programas de denuncia, no es de extrañar que se empleen expresiones (referidas a las calles, por ejemplo) como “zamarrohueco”, en la que “zamarro” es “inmenso, muy grande, enorme”. También en el habla popular, la gente emplea la expresión: “Le abrió zamarraboca cuando le fue a reclamar”. Algunos campesinos dirían aquí en vez de “zamarraboca”, “tamañaboca” para decir exactamente lo mismo. “Tamañoproblema el que te buscaste”. Incluso dicen “tamañita” cuando quieren ponderar algo enorme: “La herida era tamañita”.
En las pendencias escolares o comunitarias, estilo “David y Goliat”, no es raro escuchar de boca de las madres de los pequeños David una oración tan nuestra como: “Eso te pasa por meterte con ese grandulón”.
Los mayuyones
Hay un sentido de “grandulón”(hombre de gran tamaño, pero con mentalidad pueril) que comparte también “mayuyón”. Sin embargo, esta última significa también (sin el carácter despectivo de la otra) “de gran estatura”, “alto”.
De modo que, los jugadores del equipo de baloncesto son, para todos los efectos, unos “mayuyones”. Pero también, una persona grande (o un niño más grande que otro) que se mete con un infante, por ejemplo, es un mayuyón o un grandulón.
La ocasión hace al ladronzón
Reza el refrán popular “la ocasión hace al ladrón”; pero los panameños, para darle más expresividad al asunto, solemos decir “ladronzón” y también “ladronazo”. Con tales palabras queremos manifestar el encono que nos produce la “sinvergüenzura” del transgresor, sobre todo, cuando se trata de sumas exorbitantes, de bienes del erario o de casos que defraudan la confianza ciudadana.
Análogamente, en la lengua popular también se escuchan, para referirse al aspecto sexual, las terminaciones - conzón y - conazo pospuestas a la raíz “mari-”.
Más de la expresividad
Los panameños solemos decir “¡qué pocotón!” para referirnos a la sobreabundancia de algo.
En el habla informal de algunas regiones (que no son regionalismos propiamente tales) se escucha: “¡Qué barranco de hembra!” para referirse a una mujer hermosa, pero grande. “¡Qué tuco de piernas!” decimos si las piernas, en efecto, son gruesas, tonificadas y bien moldeadas. Lo mismo, la expresión “tuco de nariz” cuando el interpelado responde al santo y seña del personaje descrito por Quevedo en su soneto: “Érase un hombre a una nariz pegado”.
En el anacrónico sistema de transporte nuestro, las calles se convierten en campo propicio para frases en las que el elemento constitutivo (pero no el detonante) es “pedazo de”. Lamentablemente, los insultos son las palabras que completan la frase.
En España, esta misma frase introduce usos en que los locutores de radio ponderan a un “gran artista, cantante, actor, etc.”. Por ello dicen “pedazo de artista”, refiriéndose, por ejemplo, a Amaia Montero. Nosotros, lamentablemente, decimos más “pedazo de idiota”.
De viejo y de nuevo cuño
Ya casi que a nadie le es extraña (aunque no la use) la palabra “buco” (del francés “beaucoup”, muchos, una gran cantidad). Cierta gente dice: “Había buco policía en el estadio”. También se emplea, en la lengua coloquial (y no en toda la lengua coloquial) “paisón”, para referirse a una mujer muy bella (del inglés pie, que pronunciamos /pai/).

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.