Un panameño que no se pone límites
- Priscilla Delgado
D anny Ricardo creció en Capira en un hogar humilde. Su madre, ama de casa, y su padre, chofer, siempre le inculcaron valores, fe y perseverancia, que son los que hoy lo acompañan en una carrera artística.
Mucho antes de brillar en el recién realizado Festival de Viña del Mar, Danny recogió naranjas y limpió montes a punta de machete, mientras el resto de los muchachos de su edad asistían al cine y a fiestas.
Danny no supo lo que fue una Navidad plena, un arbolito, cena, juguetes, nada de lo que uno niño goza. A los 17 años fue por primera vez al cine y sólo tenía dos uniformes para ir a la escuela. Para llevar algo más a su casa vendía café de maíz en la calle.
Antes de hacerse músico, construía micrófonos de palo con pedestales hechos de calabaza. Siempre le tomaban a broma el hecho de que desde muy niño quería ser cantante. Incluso, su familia le decía que el canto era para los “ricos” y que él era muy pobre. Pese a esto, terminó la escuela primaria y secundaria. Posteriormente, estudió contabilidad y se graduó como contador.
En la universidad empezó participando en programas de radio y televisión y eventos musicales. Le fue tan duro el principio que el amor a Dios le hizo componer la canción “Cómo vivir sin tu amor”, como un agradecimiento a los dones recibidos.
Su trayectoria comenzó en el “Show de la 1” en Canal 2, y de allí obtuvo una notoriedad a tal punto que sus servicios como artista fueron solicitados para eventos nacionales como los veranos en la ACP, entre muchos otros.
En el año 2005 fue escogido de entre miles de intérpretes del mundo para representar a Panamá en el Festival de Viña del Mar en el género folclore.
A partir de ese momento fue invitado a México, Costa Rica, Puerto Rico y Estados Unidos.
Danny sigue cantando y ejerciendo su trabajo como terapeuta profesional. En algún momento tuvo tres trabajos para poder sostenerse y continuar con su carrera musical. Ha abierto muchos conciertos, entre ellos el de Álvaro Torres, a quien admira en Estados Unidos.
Recientemente, Danny Ricardo saltó de ser un desconocido en Panamá a ser primera noticia, ya que fue escogido de entre muchos cantantes del mundo para situarse como el sexto mejor intérprete de Iberoamérica, representando a Panamá en el pasado Festival de Viña del Mar 2011, con su canción “Mi sangre es la rumba”, la cual compuso hace 10 años y que ha sido motivo de controversias porque se parece mucho a una canción que Ricky Martin compuso hace cinco años.
Sus sueños son grandes y su espectáculo más, tan así es que se presenta con ocho bailarines en escena, todos panameños, y está por lanzar su primer disco, que desea sea en Panamá, con un desarrollo escénico y con proyección mundial. Le gusta la balada, aunque no tiene un género musical de preferencia, y asegura que interpreta el latín pop, debido a que se adapta a su voz y le permite cantar inglés en boleros y baladas.
Aquel muchacho que construyó un micrófono de palo ahora resuena su voz en estadios con capacidad para más de 25 mil personas para orgullo personal y de los suyos.

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