Pierde a su prometida por no tener para comprar una casa
- China
Es tradición que el marido aporte la casa en el matrimonio, pero debido a los altos costos, muchos novios no pueden cumplir con esta tradición.
El elevado precio que la vivienda está adquiriendo en China, especialmente en grandes ciudades como Pekín y Shanghái, está cambiando una costumbre muy arraigada en el país asiático: que los novios "entreguen" a sus amadas una casa antes de contraer matrimonio.
Desde tiempos inmemoriales, es tradición que en China el marido aporte la casa en el matrimonio, una costumbre que nació cuando las mujeres no estaban integradas en el mercado laboral pero que ha percibido en la sociedad moderna del país asiático.
Muchos han sido los novios chinos que han perdido a sus prometidas por la única razón de que no podían pagar esa casa que ellas, y sus padres, le exigían a cambio de su mano.
"Mi novio no tiene mucho dinero, se lo he contado a mis padres y ellos están bastante descontentos. Ellos no piensan ayudarle a comprar una casa", cuenta con preocupación Zhao Fangfang, de 27 años, periodista en una revista de moda de Pekín.
Zhang, una estudiante de español de 26 años, piensa lo mismo, y por eso el primer refrán castellano que se ha aprendido en las clases del Instituto Cervantes es el de "Quien se casa, casa quiere". Casa comprada por el marido, claro está.
Todas estas ideas, a modo de compensaciones procedentes de épocas en las que la familia de la novia tenía que pagar grandes dotes a la del marido y "perdía" un miembro de la familia con la boda (la mujer iba a vivir a la casa de los padres de él), se tambalean en los últimos años, a medida que los precios de las casas se acercan a niveles estratosféricos.
En enero de 2010, el precio de la vivienda en las grandes urbes chinas era un 30% mayor que un año antes, y en el núcleo urbano de Pekín, el metro cuadrado ya se cotiza a no menos de 30.000 yuanes por metro cuadrado, un precio equiparable al de países como España, pese al menor poder adquisitivo de los chinos.
En ese contexto, las familias comienzan a adoptar posiciones más moderadas y menos sexistas a la hora de comprar vivienda.

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