"Juegos de Antaño" nunca estuvo completa
- Yaritza Mojica
El Estado pagó por una fuente de agua que nunca fue entregada. El escultor Lombana asegura que intentó varias veces entregar las piezas que faltaban, pero en la Presidencia le "tiraron la puerta en la cara".
La escultura "Los Juegos de Antaño" se empezó a perder desde antes de su inauguración el 18 de noviembre del año 2000. Y es que el Estado panameño nunca la recibió completa, a pesar de que pagó, "a satisfacción", por todo el trabajo.
El propio escultor, el colombiano Héctor Lombana, reconoce que en la escultura que entregó a la Cancillería de la República faltaba una fuente de 18 metros de ancho por 24 metros de largo y un metro de profundidad.
La cláusula segunda del contrato No. 70, suscrito entre el entonces canciller encargado, Harmodio Arias y Lombana, plantea el compromiso de construir la fuente y una pileta que mantuviera el agua en permanente movimiento.
"Insistí con visitas, mensajes y entrevistas, para darle el estatus soñado por mí a la obra, con sus fuentes, iluminación, jardines, y todos los representantes de la Presidenta (Mireya Moscoso) y la Primera Dama (Ruby Moscoso), me cerraron la puerta en la cara", dijo Lombana a Panamá América desde Colombia.
La cláusula cuarta señala que el contratista (Lombana) "se obliga" a entregar la obra a satisfacción "completamente terminada". Y la quinta obligaba al Estado a pagar B/ 245 mil a Lombana, cuando la aceptara "satisfactoriamente".
La ex presidenta Moscoso aseguró que la versión de Lombana es falsa. "Miente, no existió ninguna carta o mensaje que señale que estaba pidiendo ayuda para culminar su obra", enfatizó.
Moscoso sostuvo que el entonces canciller Arias era el único contacto que debía tener el escultor con el Gobierno.
Sin embargo, reconoció que Lombana cobró todo el dinero que el Estado panameño acordó pagarle por su obra, pese a no estar terminada.
Panamá América dejó varios mensajes en el celular de Harmodio Arias para conocer su versión, pero este no devolvió las llamadas.
La contratación de Lombana se hizo de manera directa por una "urgencia evidente" decretada por el Gobierno, debido a la cercanía de la X Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado de Iberoamérica que se realizaría en Panamá.
Las contrataciones directas durante esta Cumbre incluyeron la cuestionada compra de 13 Cadillac a un precio de B/ 50 mil cada uno.
Perdida a pedazos.
El conjunto escultórico "Los Juegos de Antaño" no empezó a perderse en el depósito del Parque Omar. Cuando fue traído desde Colombia por primera vez al Centro de Convenciones Atlapa, 35 palomas no fueron incluidas por Lombana.
Varias decenas más de palomas y juegos "volaron" cuando se trasladó la escultura de Atlapa hacia el Museo del Tucán.
La hija del escultor Lombana, Cristina, asegura que siguió de cerca todo el proceso de llegada a Panamá y traslado de la escultura hacia el Tucán.
Mediante una entrevista telefónica, aseguró que su padre entregó a la Cancillería 50 de las 85 palomas que establecía el contrato, porque todavía no se había decidido el lugar definitivo en donde se instalaría la obra.
Destacó que cuando la escultura fue trasladada de Atlapa hacia el Museo del Tucán, solo llegaron siete de las palomas entregadas y había "varios" juegos menos. Los 21 niños sí llegaron completos, "porque pesaban mucho" y su movilización era "complicadísima".
"Yo las conté personalmente y hacían falta piezas, creo que por su condición de ser más pequeñas, eran fáciles de ser hurtadas", explicó.
El traslado de la escultura desde Atlapa al Tucán costó B/ 60 mil, que fueron pagados por el Despacho de la Primera Dama de la época de Moscoso con fondos donados por Taiwán.
"Nunca se le avisó a mi padre de la mudanza de su obra y con eso se violó su derecho como autor", señaló Cristina.
Ricauter Martínez era presidente de la Asociación de Artistas Plásticos cuando la escultura fue instalada. Él sostiene que cuando las piezas se llevaron de Atlapa al Museo del Tucán a finales del 2004, algunas palomas desaparecieron y parte de las piezas instaladas estaban deterioradas.
Al mando de Patrimonio Histórico en ese año estaba Carlos Fitzgerald y Rafael Ruiloba era director del Instituto Nacional de Cultura (INAC).
El segundo traslado de las esculturas se dio del Museo del Tucán al Parque Omar, por órdenes de la primera dama, Vivian de Torrijos. La administradora del Parque, Mingthoy Giro y la Tercera Compañía del Servicio de Protección Institucional debían velar por la obra.
El conjunto escultórico fue llevado a un depósito que compartió con muñecos y carrozas de carnaval. Cristina Lombana preguntó por qué se tomó esta decisión, pero ninguna autoridad quiso explicarle.

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