¡Tenga cuidado!, los demonios andan sueltos
Publicado 2003/06/01 23:00:00
- Redacción / Contacto
Demonios, ángeles caídos o espíritus inmundos. Cómo quieran llamarlos, estos seres malignos etéreos, de gran inteligencia y poder, andan buscando un cuerpo en el cual hacer de las suyas. Por lo menos, esto es lo que advierte la Biblia, de acuerdo con la explicación que hicieron sacerdotes cristianos, tanto evangélicos como católicos.
"Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo y no lo halla. Entonces [el demonio errante] dice: Volveré a mi casa, de donde salí (...)". En este pasaje del Evangelio de San Mateo, el propio Jesús advierte que el afán demoníaco es el de habitar un cuerpo humano.
De acuerdo con la misma enseñanza de Jesucristo, el propósito de posesionarse de un cuerpo es claro: la degradación y destrucción del ser humano. Esto se desprende del complemento del texto de Mateo que reza: "Entonces va [el espíritu inmundo], y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el último estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero (...)".
Si algún cristiano dudaba de la actividad demoniaca, éste puede ser un buen punto de partida para comenzar a considerar, por lo menos, la existencia de esos colaboradores del mal.
Según las Escrituras, los demonios fueron alguna vez seres angelicales que habitaron en el cielo, al igual que Lucifer. El libro de Ezequiel relata que cuando este imponente y sobresaliente ángel se rebeló contra Dios, fue lanzado del cielo. "Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste (...) Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios...".
Pero Lucifer no fue expulsado solo. Con él, un tercio de los ángeles, es decir, todos los rebeldes castigados, según el libro de Apocalipsis: "... y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra". Así Lucifer fue reducido a Satanás y los ángeles caídos a demonios, todos -según Apocalipsis- cayeron en la Tierra.
Incluso, en la epístola que el apóstol Pablo escribe a los Efesios, menciona la jerarquía entre los demonios, que en orden descendente es: "Principados", "potestades", "gobernadores de las tinieblas" y -por último- las "huestes espirituales de maldad". Al hablar de este orden jerárquico es importante recordar que Mateo registra que el demonio que sale de un cuerpo busca a "siete peores que él".
Para el padre David Cosca, de la Iglesia de la Divina Misericordia, los demonios no sólo existen, sino que pueden influenciar y posesionarse del cuerpo y el espíritu del ser humano.
No obstante, es necesario distinguir entre una influencia y una posesión. En el primero de los
casos, la persona está oprimida interiormente, ya sea por el pecado o por el propio Satanás. En tanto, en la posesión el tormento es más grave y en ésta el demonio se apodera de una persona y la hace actuar como él quiere, sin que la víctima pueda resistirse.
Cosca reiteró que, al igual como ocurre cuando se recibe el Espíritu de Dios, cuando la persona voluntariamente ora, se entrega y se convierte; para recibir a un espíritu del mal también "voluntariamente la persona se asocia con él, regalándole su vida, su espíritu, su cuerpo, su todo". No existe el caso en que el maligno se apodere, el acto es voluntario, aclaró el religioso.
Pero, según Cosca, en Panamá las posesiones diabólicas no son comunes. Sin embargo, "también puede ser que existan muchas personas poseídas, pero nadie lo ha descubierto".
Por su parte, el pastor evangélico Ramón Gómez explicó que los demonios influencian a través de pensamientos para que los seres humanos tomen una conducta contraria a la voluntad de Dios. Hay casos en que los seres demoniacos llegan a dominar a las personas.
"Incluso, puede llegar un momento en que la persona pierde el sentido y la capacidad para comunicarse con el mundo exterior y el que domina sus actos es el demonio", explicó Gómez, pastor asociado del Templo La Felicidad.
En momentos de "trance", sostuvo el pastor Gómez, los demonios ponen a las personas a decir palabras obscenas, e incluso algunos se ponen muy violentos. Según el padre Cosca, algunas personas "hacen, gritan, retornan, echan espuma por la boca".
Gómez detalló que de acuerdo con la Biblia, una persona puede llegar a ser poseída hasta por 6 mil demonios, lo que se conoce como legiones. El libro de Marcos habla de una ocasión que Jesús encontró a un hombre con un "espíritu inmundo", al que reprendió y al preguntarle su nombre éste respondió: "Legión me llamo, porque somos muchos".
Dijo que las operaciones demoniacas son muchas, y se basan en el engaño, la mentira y la confusión. Así como Jesús es la Verdad, el diablo es el mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el inicio, la mentira ha sido su estrategia preferida.
La operación demoniaca se puede manifestar en los humanos a través de enfermedades, violencia, blasfemias, tormento psicológico, poderes sobrenaturales e inmoralidad, como homosexualismo.
Por ejemplo, según la Biblia, las personas pueden desarrollar la capacidad de adivinar, con la ayuda de un demonio. "Y el hombre o la mujer en quienes hubiere espíritu phitónico o de adivinación, han de ser muertos...", reza en Levítico 20:27.
El Evangelio de Lucas (13:11) relata que "había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad".
El propio Jesús también dio el remedio para desmantelar las actividades demoniacas, el cual es el tradicionalmente llamado exorcismo, cuyo punto de partida es la fe de la Iglesia, según la cual existen Satanás y los otros espíritus malignos.
Para el padre Cosca y el pastor Gómez, el exorcismo es el antídoto o la curación, mediante la oración, contra los poderes del diablo. El propio Jesús hizo muchos exorcismos.
Los sacerdotes consultados coincidieron en señalar que la única forma de ir en contra de los demonios es "con la autoridad de Jesucristo". Recordó que Jesús dijo, en Marcos 16:17, "Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios".
Hechos (19:13) relata que algunos judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: "Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Pero respondiendo el espíritu malo dijo: A Jesús conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros ¿quiénes sois?". Y el hombre en quien estaba el espíritu malo agarró a los judíos, los desnudó e hizo que corrieran avergonzados.
A juicio del pastor Gómez, esta cita bíblica demuestra que quien no tiene la autoridad de Dios, "no tendrá la fuerza para expulsar los demonios". Pero, esa fuerza se alcanza al experimentar una nueva vida interior, lo que sólo es posible cuando se recibe a Jesucristo, hijo de Dios, como único y suficiente Señor y Salvador.
La Iglesia Católica añade algunos requisitos. Por ejemplo, para poder hacer un exorcismo se requiere una autorización previa del obispo, tal como los señala el Canon 1172 del Derecho Canónico: "Sin licencia peculiar y expresa del ordinario, "en este caso el obispo del lugar", nadie puede realizar legítimamente exorcismo sobre los posesos. El ordinario del lugar concederá esta licencia solamente a un presbítero piadoso, docto, prudente y con integridad debida".
Aunque Cosca y Gómez aseguran que cada caso de posesión demoniaca es único, y los resultados van a depender de la fe de las personas involucradas en el acto, reconocen como importante la "oración" y "conjurar" o "reprender" a las fuerzas del mal en nombre de Jesús.
No obstante, la Iglesia Católica recomienda actuar con prudencia en casos de posibles posesiones diabólicas, observando estrictamente las reglas establecidas. Estas reglas están contenidas en el nuevo ritual del exorcismo, actualizado en 1999, que exige la apertura de un expediente o historial sobre la persona afectada.
Incluye además la necesidad de que la persona pase por un proceso de terapia espiritual y psicológica, para determinar que está totalmente afectada y demostrar que ella "consciente y voluntariamente se entregó al espíritu inmundo". Esto es así porque "es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del maligno y no de una enfermedad."
Una vez definido esto, el expediente es presentado al Obispo, quien finalmente deberá dar la licencia para llevar a cabo el exorcismo. El acto para expulsar los demonios incluye, desde la óptica católica, oraciones a Dios, a los ángeles, a la Santísima Virgen y el agua bendita, no obstante, "no existe un parámetro a seguir, porque se dan diferentes posesiones y expresiones del mal, y eso va de acuerdo con la fe de los que están presentes, del sacerdote, de las personas, acotó el padre Cosca.
El exorcismo "puede provocar llanto y gritos, a veces la gente se tira al piso, se arranca el cabello, la ropa y hasta se golpea". La persona blasfema y llega a hablar en lenguas.
Explicó que durante la expulsión de los espíritus inmundos la persona tiene un estado semiconsciente y ella misma va expresando su fe y puede ser que en la medida que se va haciendo la oración, la persona va despertando a ese mundo espiritual, relató el padre Cosca.
Pueden darse casos donde se requieran varias sesiones para liberar a la víctima, porque los demonios, animados por Satán, son capaces de confundir a cualquier exorcista humano.
Quienes han presenciado un exorcismo aseguran que no es un cuadro agradable a la vista, ni a los sentidos, porque "el demonio es desagradable y el mal también". De acuerdo con la bibliografía consultada, los exorcismos, en su gran mayoría, no son una cuestión privada entre cura y paciente, pues participan seres queridos y un grupo de apoyo; "la gente reza por uno y uno pasa a ser el centro de atención".
Considerando que la posesión es una experiencia impresionante, tanto para el cuerpo, la mente y el espíritu, el Pastor Gómez recomendó que una persona que haya sido liberada debe entrar al discipulado para que aprenda a mantener su libertad, a conocer los principios de obediencia a Dios, a buscarlo a través de la oración, pues si la persona se aleja, "vuelve a las cosas que hacía antes".
La tentación del mal, que durante un periodo de su vida ha estado tan íntimamente relacionada con el alma de la víctima, tenderá a manifestarse más frecuentemente que antes. Por la misma razón, la víctima tendrá la sensación de que "le falta algo" durante mucho tiempo; esta sensación de vacío debe rellenarse con el amor por Dios y las enseñanzas de Jesucristo.
En ocasiones, se producirán alteraciones de tipo mental, y especialmente las relacionadas con la comida, la bebida y la sexualidad. Se debe a que la presencia del demonio, obsesionado con los placeres del cuerpo, habrá deformado la sensibilidad de su víctima hasta hacerla casi irreconocible. Se necesita mucho amor, fe, disciplina y atención para restablecer esa sensibilidad hasta su naturaleza anterior.
"Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo y no lo halla. Entonces [el demonio errante] dice: Volveré a mi casa, de donde salí (...)". En este pasaje del Evangelio de San Mateo, el propio Jesús advierte que el afán demoníaco es el de habitar un cuerpo humano.
De acuerdo con la misma enseñanza de Jesucristo, el propósito de posesionarse de un cuerpo es claro: la degradación y destrucción del ser humano. Esto se desprende del complemento del texto de Mateo que reza: "Entonces va [el espíritu inmundo], y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el último estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero (...)".
Si algún cristiano dudaba de la actividad demoniaca, éste puede ser un buen punto de partida para comenzar a considerar, por lo menos, la existencia de esos colaboradores del mal.
Según las Escrituras, los demonios fueron alguna vez seres angelicales que habitaron en el cielo, al igual que Lucifer. El libro de Ezequiel relata que cuando este imponente y sobresaliente ángel se rebeló contra Dios, fue lanzado del cielo. "Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste (...) Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios...".
Pero Lucifer no fue expulsado solo. Con él, un tercio de los ángeles, es decir, todos los rebeldes castigados, según el libro de Apocalipsis: "... y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra". Así Lucifer fue reducido a Satanás y los ángeles caídos a demonios, todos -según Apocalipsis- cayeron en la Tierra.
Incluso, en la epístola que el apóstol Pablo escribe a los Efesios, menciona la jerarquía entre los demonios, que en orden descendente es: "Principados", "potestades", "gobernadores de las tinieblas" y -por último- las "huestes espirituales de maldad". Al hablar de este orden jerárquico es importante recordar que Mateo registra que el demonio que sale de un cuerpo busca a "siete peores que él".
Para el padre David Cosca, de la Iglesia de la Divina Misericordia, los demonios no sólo existen, sino que pueden influenciar y posesionarse del cuerpo y el espíritu del ser humano.
No obstante, es necesario distinguir entre una influencia y una posesión. En el primero de los
casos, la persona está oprimida interiormente, ya sea por el pecado o por el propio Satanás. En tanto, en la posesión el tormento es más grave y en ésta el demonio se apodera de una persona y la hace actuar como él quiere, sin que la víctima pueda resistirse.
Cosca reiteró que, al igual como ocurre cuando se recibe el Espíritu de Dios, cuando la persona voluntariamente ora, se entrega y se convierte; para recibir a un espíritu del mal también "voluntariamente la persona se asocia con él, regalándole su vida, su espíritu, su cuerpo, su todo". No existe el caso en que el maligno se apodere, el acto es voluntario, aclaró el religioso.
Pero, según Cosca, en Panamá las posesiones diabólicas no son comunes. Sin embargo, "también puede ser que existan muchas personas poseídas, pero nadie lo ha descubierto".
Por su parte, el pastor evangélico Ramón Gómez explicó que los demonios influencian a través de pensamientos para que los seres humanos tomen una conducta contraria a la voluntad de Dios. Hay casos en que los seres demoniacos llegan a dominar a las personas.
"Incluso, puede llegar un momento en que la persona pierde el sentido y la capacidad para comunicarse con el mundo exterior y el que domina sus actos es el demonio", explicó Gómez, pastor asociado del Templo La Felicidad.
En momentos de "trance", sostuvo el pastor Gómez, los demonios ponen a las personas a decir palabras obscenas, e incluso algunos se ponen muy violentos. Según el padre Cosca, algunas personas "hacen, gritan, retornan, echan espuma por la boca".
Gómez detalló que de acuerdo con la Biblia, una persona puede llegar a ser poseída hasta por 6 mil demonios, lo que se conoce como legiones. El libro de Marcos habla de una ocasión que Jesús encontró a un hombre con un "espíritu inmundo", al que reprendió y al preguntarle su nombre éste respondió: "Legión me llamo, porque somos muchos".
Dijo que las operaciones demoniacas son muchas, y se basan en el engaño, la mentira y la confusión. Así como Jesús es la Verdad, el diablo es el mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el inicio, la mentira ha sido su estrategia preferida.
La operación demoniaca se puede manifestar en los humanos a través de enfermedades, violencia, blasfemias, tormento psicológico, poderes sobrenaturales e inmoralidad, como homosexualismo.
Por ejemplo, según la Biblia, las personas pueden desarrollar la capacidad de adivinar, con la ayuda de un demonio. "Y el hombre o la mujer en quienes hubiere espíritu phitónico o de adivinación, han de ser muertos...", reza en Levítico 20:27.
El Evangelio de Lucas (13:11) relata que "había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad".
El propio Jesús también dio el remedio para desmantelar las actividades demoniacas, el cual es el tradicionalmente llamado exorcismo, cuyo punto de partida es la fe de la Iglesia, según la cual existen Satanás y los otros espíritus malignos.
Para el padre Cosca y el pastor Gómez, el exorcismo es el antídoto o la curación, mediante la oración, contra los poderes del diablo. El propio Jesús hizo muchos exorcismos.
Los sacerdotes consultados coincidieron en señalar que la única forma de ir en contra de los demonios es "con la autoridad de Jesucristo". Recordó que Jesús dijo, en Marcos 16:17, "Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios".
Hechos (19:13) relata que algunos judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: "Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Pero respondiendo el espíritu malo dijo: A Jesús conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros ¿quiénes sois?". Y el hombre en quien estaba el espíritu malo agarró a los judíos, los desnudó e hizo que corrieran avergonzados.
A juicio del pastor Gómez, esta cita bíblica demuestra que quien no tiene la autoridad de Dios, "no tendrá la fuerza para expulsar los demonios". Pero, esa fuerza se alcanza al experimentar una nueva vida interior, lo que sólo es posible cuando se recibe a Jesucristo, hijo de Dios, como único y suficiente Señor y Salvador.
La Iglesia Católica añade algunos requisitos. Por ejemplo, para poder hacer un exorcismo se requiere una autorización previa del obispo, tal como los señala el Canon 1172 del Derecho Canónico: "Sin licencia peculiar y expresa del ordinario, "en este caso el obispo del lugar", nadie puede realizar legítimamente exorcismo sobre los posesos. El ordinario del lugar concederá esta licencia solamente a un presbítero piadoso, docto, prudente y con integridad debida".
Aunque Cosca y Gómez aseguran que cada caso de posesión demoniaca es único, y los resultados van a depender de la fe de las personas involucradas en el acto, reconocen como importante la "oración" y "conjurar" o "reprender" a las fuerzas del mal en nombre de Jesús.
No obstante, la Iglesia Católica recomienda actuar con prudencia en casos de posibles posesiones diabólicas, observando estrictamente las reglas establecidas. Estas reglas están contenidas en el nuevo ritual del exorcismo, actualizado en 1999, que exige la apertura de un expediente o historial sobre la persona afectada.
Incluye además la necesidad de que la persona pase por un proceso de terapia espiritual y psicológica, para determinar que está totalmente afectada y demostrar que ella "consciente y voluntariamente se entregó al espíritu inmundo". Esto es así porque "es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del maligno y no de una enfermedad."
Una vez definido esto, el expediente es presentado al Obispo, quien finalmente deberá dar la licencia para llevar a cabo el exorcismo. El acto para expulsar los demonios incluye, desde la óptica católica, oraciones a Dios, a los ángeles, a la Santísima Virgen y el agua bendita, no obstante, "no existe un parámetro a seguir, porque se dan diferentes posesiones y expresiones del mal, y eso va de acuerdo con la fe de los que están presentes, del sacerdote, de las personas, acotó el padre Cosca.
El exorcismo "puede provocar llanto y gritos, a veces la gente se tira al piso, se arranca el cabello, la ropa y hasta se golpea". La persona blasfema y llega a hablar en lenguas.
Explicó que durante la expulsión de los espíritus inmundos la persona tiene un estado semiconsciente y ella misma va expresando su fe y puede ser que en la medida que se va haciendo la oración, la persona va despertando a ese mundo espiritual, relató el padre Cosca.
Pueden darse casos donde se requieran varias sesiones para liberar a la víctima, porque los demonios, animados por Satán, son capaces de confundir a cualquier exorcista humano.
Quienes han presenciado un exorcismo aseguran que no es un cuadro agradable a la vista, ni a los sentidos, porque "el demonio es desagradable y el mal también". De acuerdo con la bibliografía consultada, los exorcismos, en su gran mayoría, no son una cuestión privada entre cura y paciente, pues participan seres queridos y un grupo de apoyo; "la gente reza por uno y uno pasa a ser el centro de atención".
Considerando que la posesión es una experiencia impresionante, tanto para el cuerpo, la mente y el espíritu, el Pastor Gómez recomendó que una persona que haya sido liberada debe entrar al discipulado para que aprenda a mantener su libertad, a conocer los principios de obediencia a Dios, a buscarlo a través de la oración, pues si la persona se aleja, "vuelve a las cosas que hacía antes".
La tentación del mal, que durante un periodo de su vida ha estado tan íntimamente relacionada con el alma de la víctima, tenderá a manifestarse más frecuentemente que antes. Por la misma razón, la víctima tendrá la sensación de que "le falta algo" durante mucho tiempo; esta sensación de vacío debe rellenarse con el amor por Dios y las enseñanzas de Jesucristo.
En ocasiones, se producirán alteraciones de tipo mental, y especialmente las relacionadas con la comida, la bebida y la sexualidad. Se debe a que la presencia del demonio, obsesionado con los placeres del cuerpo, habrá deformado la sensibilidad de su víctima hasta hacerla casi irreconocible. Se necesita mucho amor, fe, disciplina y atención para restablecer esa sensibilidad hasta su naturaleza anterior.

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