Breve analogía Chávez-Noriega
Publicado 2003/03/13 00:00:00
- RÃo de Janeiro
A pesar de que en América Latina las democracias neoliberales alcanzan ya un dominio completo sobre la geografía, los retazos de sistemas dictatoriales no son cosa del pasado y existen fragmentos de ellos. Lo interesante es comprender cómo funciona la mente de un dictador, pues en mi pequeño análisis, mucho del comportamiento de Hugo Chávez se asemeja al de Manuel Antonio Noriega.
Primero, se engendran en sistemas económicos capitalistas fuertemente estatizados, con una formación militar, ciertos dotes de líderes, con características paternalistas y seguidores o esbirros del sistema, que muchas veces cae en el juego del dictador.
Las características del sistema que crean son la fusión de poderes del Estado, la militarización de las instituciones democráticas, control de los sistemas de justicia, manipulación de la información y distorsión de la verdad, así como ingerencia directa o indirecta en los medios de comunicación. Su arma más poderosa es el poder de sus palabras y la seguridad con que se presentan, así como la propaganda pro-gobierno en la cual hacen inversiones millonarias.
En Venezuela es evidente la división que existe por el apoyo a Chávez, de la misma manera que en nuestro país Noriega tenía tantos seguidores como adversarios. Pero, a medida que su sistema de corrupción se hace más claro, los grupos de oposición se hacen más grandes y fuertes.
Lo paradógico es que el dictador trata de crear un sistema adaptado a sus ideas, pero que a la vez, a lo interno, engendra gradualmente una oposición que lo desacredita de forma consistente. También se observa como justificación para permanecer en el poder, la creación de un chivo expiatorio, yo diría un enemigo fantasmático inventado, que sirve de excusa para realizar actos violentos. En el caso de Noriega su enemigo era Estados Unidos; en el caso de Chávez, la oligarquía traidora.
Es obvio que al ser mentes militarizadas las que dirigen al país, la violencia no puede faltar y para reprimir a los sistemas opositores, se apoyan de organizaciones paramilitares, cuyo fin es crear el terror general en la población. Estas hordas, que en Panamá se llamaron los CODEPADI y otros nombres que no recuerdo, son el equivalente a los círculos bolivarianos en Venezuela, que se arman de palos y piedras para atacar a quien se oponga al régimen. Estos engendros que se crean en situaciones histórica-sociales distintas, con ideologías no necesariamente marxistas, como en el caso de Pinochet, forman todo un sistema social, político y económico tras el cual se ausculta su ambición de poder, corrupción y crímenes. Su misión fundamental es mantenerse en el poder a toda costa.
La mayoría de las veces surgen en contextos históricos específicos, como en el caso de Chávez, donde un pueblo harto de los mismos políticos corruptos, se afinca por un militar con características paternalistas, algo así como un Todopoderoso, que se presenta como una especie de "Salvador". Siendo esta situación la que hace decir "que cada pueblo tiene el gobernante que se merece", pues en la desesperación, en la búsqueda de un escape o solución, las masas incautas caen.
A largo plazo los costos son enormes, pues como dice Arias Calderón, el caudillismo es anacrónico, ya que vivimos en una sociedad cambiante, globalizada, donde prevalecen las democracias sobre cualquier otro sistema.
Primero, se engendran en sistemas económicos capitalistas fuertemente estatizados, con una formación militar, ciertos dotes de líderes, con características paternalistas y seguidores o esbirros del sistema, que muchas veces cae en el juego del dictador.
Las características del sistema que crean son la fusión de poderes del Estado, la militarización de las instituciones democráticas, control de los sistemas de justicia, manipulación de la información y distorsión de la verdad, así como ingerencia directa o indirecta en los medios de comunicación. Su arma más poderosa es el poder de sus palabras y la seguridad con que se presentan, así como la propaganda pro-gobierno en la cual hacen inversiones millonarias.
En Venezuela es evidente la división que existe por el apoyo a Chávez, de la misma manera que en nuestro país Noriega tenía tantos seguidores como adversarios. Pero, a medida que su sistema de corrupción se hace más claro, los grupos de oposición se hacen más grandes y fuertes.
Lo paradógico es que el dictador trata de crear un sistema adaptado a sus ideas, pero que a la vez, a lo interno, engendra gradualmente una oposición que lo desacredita de forma consistente. También se observa como justificación para permanecer en el poder, la creación de un chivo expiatorio, yo diría un enemigo fantasmático inventado, que sirve de excusa para realizar actos violentos. En el caso de Noriega su enemigo era Estados Unidos; en el caso de Chávez, la oligarquía traidora.
Es obvio que al ser mentes militarizadas las que dirigen al país, la violencia no puede faltar y para reprimir a los sistemas opositores, se apoyan de organizaciones paramilitares, cuyo fin es crear el terror general en la población. Estas hordas, que en Panamá se llamaron los CODEPADI y otros nombres que no recuerdo, son el equivalente a los círculos bolivarianos en Venezuela, que se arman de palos y piedras para atacar a quien se oponga al régimen. Estos engendros que se crean en situaciones histórica-sociales distintas, con ideologías no necesariamente marxistas, como en el caso de Pinochet, forman todo un sistema social, político y económico tras el cual se ausculta su ambición de poder, corrupción y crímenes. Su misión fundamental es mantenerse en el poder a toda costa.
La mayoría de las veces surgen en contextos históricos específicos, como en el caso de Chávez, donde un pueblo harto de los mismos políticos corruptos, se afinca por un militar con características paternalistas, algo así como un Todopoderoso, que se presenta como una especie de "Salvador". Siendo esta situación la que hace decir "que cada pueblo tiene el gobernante que se merece", pues en la desesperación, en la búsqueda de un escape o solución, las masas incautas caen.
A largo plazo los costos son enormes, pues como dice Arias Calderón, el caudillismo es anacrónico, ya que vivimos en una sociedad cambiante, globalizada, donde prevalecen las democracias sobre cualquier otro sistema.

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