¡Cenicientas, no!...¡Reinas, sí!
- Karen Zamora
Quién no recuerda el cuento de “La Cenicienta”, una niña que era obligada por su madrasta a realizar los trabajos de la casa de sol a sol, sin derecho a jugar, siempre oculta a la vista de los demás. Esta historia, con unas cuantas variaciones, representa la realidad que viven muchas de nuestras niñas, generalmente de las áreas indígenas y rurales de nuestro país.
Cuántos padres y cuántas madres del interior del país aspiran a que sus hijas consigan un trabajo en la capital o en las cabeceras de provincia, ya que son familias numerosas y viven en condiciones de pobreza extrema. Estas niñas, en su mayoría, interrumpen sus estudios para iniciar labores en casas de familia realizando trabajos domésticos, generalmente ocultas e invisibilizadas, indefensas ante cualquier tipo de vulneración de sus derechos, convirtiendo esta actividad en una de las peores formas de trabajo infantil a las que hace referencia el Convenio 182 ratificado por nuestro país hace ya nueve años. Pero esta no es la única actividad en la que las niñas tienen una gran participación, ya que existen otras labores como la agricultura, la manufactura y la explotación sexual comercial, actividad ésta en la que resultan particularmente perjudicadas por la discriminación y el estigma.
Es muy común, que las niñas sean desfavorecidas a la hora de tomar la decisión de quién será matriculado en la escuela o quién debe interrumpir sus estudios para cuidar a los hermanitos de la casa.
La OIT estima que mundialmente 218 millones de niños y niñas están trabajando, de los cuales 100 millones son niñas y 53 millones de ellas realizan actividades descritas por el Convenio 182 como “peores formas de trabajo infantil”. Los datos oficiales de Panamá datan del 2000, ya que a pesar de que en octubre del 2008 se realizó la segunda “Encuesta de Trabajo Infantil”, a la fecha, los resultados preliminares no han sido socializados, lo que no nos permite tener una visión real de la problemática.
Convirtámonos en esas hadas madrinas y padrinos de la historia que a través de la educación y respeto de los derechos humanos, logramos formar niñas panameñas sanas, felices y con la oportunidad de tener una mejor calidad de vida a través del estudio y la superación profesional.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.