Dame un nuevo corazón
Publicado 2001/03/24 00:00:00
- Redacción/
¿Cómo está su corazón, mi hermano? ¿Verdad que su problema está más en su interior que en su exterior? ¿Más en usted mismo, que en el mundo que lo rodea? Entonces, ¿qué espera para cambiar ese corazón de piedra por un corazón de carne? Sólo cuando reine en su corazón un espíritu de amor, de amabilidad y consideración por los demás, tendrá un mundo mejor. Entienda que la vida es hermosa y que mientras no transforme su vida interior y no purifique el manantial de su alma, las aguas saldrán contaminadas.
Por eso hoy, en Un Mensaje al Corazón le digo: ¡Hágase un trasplante de corazón! Lógicamente habló de su corazón interior, pues para poder ver todo limpio y puro es necesario purificarse antes. Jesús lo expresó así: ¿Por qué miras la motita en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en tu propio ojo? Saca primera la viga de tu ojo y entonces podrás ver claro para sacar la brizna del ojo de tu hermano. Pero, ¿quién puede purificar el corazón humano? Es indudable que el hombre puede intentarlo y alcanzar una limpieza aparente y temporal, pero si la voluntad humana no tiene una dirección y ayuda superior, no podrá salir por sí sola del pozo donde ha caído. Usted tiene que purificar su mente con esa fuerza superior que es Dios.
La transformación de su personalidad tiene como causa de cambio su actitud mental y para eso debe hacer una renovación de su propia mente. Sin este cambio, usted seguirá siempre amargado y aburrirá a los demás con su actitud negativa ante la vida. Su exterior no cambiará hasta que no cambie su interior. ¡Tiene que transformar su corazón! Si usted tuviera un corazón nuevo pensaría bellamente y el mundo sería hermoso a pesar de las cruces de cada día. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Pero, para que la corriente sea pura hay que purificar el manantial de la vida, lo cual sólo se logra con la ayuda de Dios.
La oración es la más poderosa fuente de energía que cabe generar. Con la oración aumentamos nuestra energía, nuestra fuerza interior y renovamos nuestro espíritu. Una vez limpios los cristales del alma, podrá mirar libremente lo hermoso del mundo. Solamente tendremos ese mundo mejor para todos cuando cada uno experimente en su corazón la fuerza y el poder divino. Cuando llenos de Dios, fluya constantemente en nuestros corazones el deseo de proporcionar gozo, bienestar y felicidad a los demás.
El egoísmo ha hecho de este mundo un desierto tan árido que sólo la lluvia del amor lo fecundará. Por lo tanto, el mundo nuevo y ansiado no llegará mientras no nazca algo nuevo y bueno en el corazón de los hombres, y usted, hermano mío, tiene que nacer de nuevo; debe renovar su mente y su corazón para nacer a una nueva vida. Pídale, entonces, a Dios que le cambie ese corazón de piedra, seco y árido que no dará buenos frutos. Acérquese al gran médico del alma: Cristo. Pídale que haga crecer en usted un corazón limpio y puro, pero pida con verdadera fe y El le responderá.
Hoy comienza el primer día del resto de su vida, ánimo mi hermano, adelante y recuerde siempre que, ¡con Dios usted es... invencible!
Por eso hoy, en Un Mensaje al Corazón le digo: ¡Hágase un trasplante de corazón! Lógicamente habló de su corazón interior, pues para poder ver todo limpio y puro es necesario purificarse antes. Jesús lo expresó así: ¿Por qué miras la motita en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en tu propio ojo? Saca primera la viga de tu ojo y entonces podrás ver claro para sacar la brizna del ojo de tu hermano. Pero, ¿quién puede purificar el corazón humano? Es indudable que el hombre puede intentarlo y alcanzar una limpieza aparente y temporal, pero si la voluntad humana no tiene una dirección y ayuda superior, no podrá salir por sí sola del pozo donde ha caído. Usted tiene que purificar su mente con esa fuerza superior que es Dios.
La transformación de su personalidad tiene como causa de cambio su actitud mental y para eso debe hacer una renovación de su propia mente. Sin este cambio, usted seguirá siempre amargado y aburrirá a los demás con su actitud negativa ante la vida. Su exterior no cambiará hasta que no cambie su interior. ¡Tiene que transformar su corazón! Si usted tuviera un corazón nuevo pensaría bellamente y el mundo sería hermoso a pesar de las cruces de cada día. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Pero, para que la corriente sea pura hay que purificar el manantial de la vida, lo cual sólo se logra con la ayuda de Dios.
La oración es la más poderosa fuente de energía que cabe generar. Con la oración aumentamos nuestra energía, nuestra fuerza interior y renovamos nuestro espíritu. Una vez limpios los cristales del alma, podrá mirar libremente lo hermoso del mundo. Solamente tendremos ese mundo mejor para todos cuando cada uno experimente en su corazón la fuerza y el poder divino. Cuando llenos de Dios, fluya constantemente en nuestros corazones el deseo de proporcionar gozo, bienestar y felicidad a los demás.
El egoísmo ha hecho de este mundo un desierto tan árido que sólo la lluvia del amor lo fecundará. Por lo tanto, el mundo nuevo y ansiado no llegará mientras no nazca algo nuevo y bueno en el corazón de los hombres, y usted, hermano mío, tiene que nacer de nuevo; debe renovar su mente y su corazón para nacer a una nueva vida. Pídale, entonces, a Dios que le cambie ese corazón de piedra, seco y árido que no dará buenos frutos. Acérquese al gran médico del alma: Cristo. Pídale que haga crecer en usted un corazón limpio y puro, pero pida con verdadera fe y El le responderá.
Hoy comienza el primer día del resto de su vida, ánimo mi hermano, adelante y recuerde siempre que, ¡con Dios usted es... invencible!

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