Darién: ¿Tema de Estado o demagogia política?
Publicado 2003/08/05 23:00:00
- Gilberto Marulanda
La clase política que ha dirigido al país durante las últimas décadas es responsable de la pérdida de soberanía en nuestra frontera con Colombia, por su incapacidad para establecer un plan de desarrollo sostenible que garantice a Panamá la integración de todas sus regiones geográficas, en especial la provincia de Darién, constituida en un submundo y aislada de las realidad istmeña; donde el más fuerte impone sus reglas sobre las leyes y autoridades nacionales. Ello nos demuestra que no bastó la lucha generacional por la incorporación de la Zona del Canal a sus legítimos dueños, sino que aún falta recuperar extensos territorios abandonados a su suerte por la poca perspectiva de quienes han tenido la responsabilidad de dirigir los destinos del país, debido a su estrechez mental -transitista- de ver a las ciudades terminales de Panamá y Colón como si fueran el todo nacional.
Las consecuencias sociales de la actual guerra en Colombia no son ajenas a la opinión pública panameña. El incremento de la violencia ha traído trágicos resultados, entre los que destacan las recientes incursiones armadas, secuestros, tiroteos, enfrentamientos y asesinatos colectivos en comunidades fronterizas. Agravando la situación, el trasiego de armas, drogas y el deterioro de los servicios públicos como los de salud y educación, que en algunos de los casos se da por el temor de educadores y personal de salud de laborar en estos lugares. Simultáneamente, cientos de desplazados por la violencia del hermano país se establecen en Darién, a la espera de la ayuda del gobierno panameño y de las entidades internacionales, creándose así un clima de tensión entre los residentes del lugar, quienes comparten la misma suerte de los refugiados, con la diferencia que no reciben asistencia nacional y mucho menos internacional. La maltrecha economía de los darienitas se ve afectada por el clima de inseguridad reinante, a tal grado que actividades potenciales a desarrollar se ven limitadas, como el ecoturismo, la agroindustria y el impulso de proyectos de desarrollo a gran escala.
Las consecuencias políticas de la escalada de la guerra en Colombia se perciben con claridad en la medida que el Estado panameño no se ha planteado una estrategia efectiva para integrar a Darién a las actividades productivas de la República, limitándose a responder ante las crisis coyunturales, con soluciones paliativas que no resuelven los problemas existentes. Lo paradójico de esta situación es que, públicamente, las partes en conflicto han señalado que Panamá no es su objetivo militar; mas, se atenta contra la vida, honra y bines de los nacionales. En este contexto las preguntas de trasfondo son: ¿Hasta dónde se ha involucrado el gobierno panameño en el conflicto?, y ¿cómo ha invertido los fondos asignados por el Plan Colombia? Estas interrogantes las comparten muchos conciudadanos preocupados por el incremento del desenfreno y anarquía en poblaciones contiguas a la línea fronteriza colombo-panameña y que no se conforman con escuchar que "en Darién no pasa nada".
En la medida que no se trabaje a favor de la integración de Darién al desarrollo nacional y se inmiscuya a Panamá en la guerra -vía Plan Colombia, vigilancia o patrullajes conjuntos con el ejército colombiano- mayor será la tensión e inestabilidad, al prepararse el escenario para una guerra que en realidad no nos pertenece; ésta es propiedad de nuestros vecinos que deben buscar la solución de sus diferencias internamente. Por ende, la guerra no debe transferirse al Istmo, tal como si fuera la Guerra de los Mil Días - parte II- vistiendo de luto a toda la nación. Esta es una confrontación con profundas causas sociopolíticas y económicas ajenas a nuestra realidad e historia. Por lo tanto, es un grave error que las fuerzas de seguridad panameñas formen parte de una estrategia militar con el ejército colombiano, la asociación con una de las partes en conflicto nos coloca bajo la mira de quienes se confrontan, dejando al descubierto y poniendo en entre dicho la neutralidad del Canal de Panamá y la tranquilidad ciudadana.
Es hora que el Estado panameño tome mediadas para detener el incremento de la violencia en nuestra porción del área fronteriza entre Panamá y Colombia, mediante la neutralización de la región y el incremento de las inversiones en infraestructuras públicas que estimulen la inversión privada, con la visión futurista de los fundadores de la ciudad de Santa María la Antigua de Darién en 1510, hace casi 500 años, para que así se le dé una respuesta real y concreta a los miles de panameños que allí residen y que están en medio del fuego cruzado.
Los panameños debemos ofrecer nuestros buenos oficios para ayudar a encontrar la paz en Colombia, y esto lo lograremos con la neutralidad de Panamá ante esta guerra y no prestando nuestro suelo a ejércitos foráneos, con agendas ocultas, que experimentan fórmulas para involucrarnos e involucrarse mucho más en el conflicto y propagar mayor destrucción, así como desesperación regional y mundial.
(gilbertomarulanda@hotmail.com)
Las consecuencias sociales de la actual guerra en Colombia no son ajenas a la opinión pública panameña. El incremento de la violencia ha traído trágicos resultados, entre los que destacan las recientes incursiones armadas, secuestros, tiroteos, enfrentamientos y asesinatos colectivos en comunidades fronterizas. Agravando la situación, el trasiego de armas, drogas y el deterioro de los servicios públicos como los de salud y educación, que en algunos de los casos se da por el temor de educadores y personal de salud de laborar en estos lugares. Simultáneamente, cientos de desplazados por la violencia del hermano país se establecen en Darién, a la espera de la ayuda del gobierno panameño y de las entidades internacionales, creándose así un clima de tensión entre los residentes del lugar, quienes comparten la misma suerte de los refugiados, con la diferencia que no reciben asistencia nacional y mucho menos internacional. La maltrecha economía de los darienitas se ve afectada por el clima de inseguridad reinante, a tal grado que actividades potenciales a desarrollar se ven limitadas, como el ecoturismo, la agroindustria y el impulso de proyectos de desarrollo a gran escala.
Las consecuencias políticas de la escalada de la guerra en Colombia se perciben con claridad en la medida que el Estado panameño no se ha planteado una estrategia efectiva para integrar a Darién a las actividades productivas de la República, limitándose a responder ante las crisis coyunturales, con soluciones paliativas que no resuelven los problemas existentes. Lo paradójico de esta situación es que, públicamente, las partes en conflicto han señalado que Panamá no es su objetivo militar; mas, se atenta contra la vida, honra y bines de los nacionales. En este contexto las preguntas de trasfondo son: ¿Hasta dónde se ha involucrado el gobierno panameño en el conflicto?, y ¿cómo ha invertido los fondos asignados por el Plan Colombia? Estas interrogantes las comparten muchos conciudadanos preocupados por el incremento del desenfreno y anarquía en poblaciones contiguas a la línea fronteriza colombo-panameña y que no se conforman con escuchar que "en Darién no pasa nada".
En la medida que no se trabaje a favor de la integración de Darién al desarrollo nacional y se inmiscuya a Panamá en la guerra -vía Plan Colombia, vigilancia o patrullajes conjuntos con el ejército colombiano- mayor será la tensión e inestabilidad, al prepararse el escenario para una guerra que en realidad no nos pertenece; ésta es propiedad de nuestros vecinos que deben buscar la solución de sus diferencias internamente. Por ende, la guerra no debe transferirse al Istmo, tal como si fuera la Guerra de los Mil Días - parte II- vistiendo de luto a toda la nación. Esta es una confrontación con profundas causas sociopolíticas y económicas ajenas a nuestra realidad e historia. Por lo tanto, es un grave error que las fuerzas de seguridad panameñas formen parte de una estrategia militar con el ejército colombiano, la asociación con una de las partes en conflicto nos coloca bajo la mira de quienes se confrontan, dejando al descubierto y poniendo en entre dicho la neutralidad del Canal de Panamá y la tranquilidad ciudadana.
Es hora que el Estado panameño tome mediadas para detener el incremento de la violencia en nuestra porción del área fronteriza entre Panamá y Colombia, mediante la neutralización de la región y el incremento de las inversiones en infraestructuras públicas que estimulen la inversión privada, con la visión futurista de los fundadores de la ciudad de Santa María la Antigua de Darién en 1510, hace casi 500 años, para que así se le dé una respuesta real y concreta a los miles de panameños que allí residen y que están en medio del fuego cruzado.
Los panameños debemos ofrecer nuestros buenos oficios para ayudar a encontrar la paz en Colombia, y esto lo lograremos con la neutralidad de Panamá ante esta guerra y no prestando nuestro suelo a ejércitos foráneos, con agendas ocultas, que experimentan fórmulas para involucrarnos e involucrarse mucho más en el conflicto y propagar mayor destrucción, así como desesperación regional y mundial.
(gilbertomarulanda@hotmail.com)

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