¿Discriminación?
Publicado 1999/07/04 23:00:00
Panamá, al igual que Brasil, Puerto Rico y República Dominicana, por mencionar algunas, es una nación multiétnica, en cuyo suelo conviven en plena armonía, negros, blancos, amarillos e indígenas. Y más que eso, en nosotros prevalece el mestizaje, fruto del delicioso crisol producto de una entremezcla que nos viene de tiempos inmemoriales.
En nuestro medio es muy difícil diferenciar grupos raciales prevalecientes, que no es el caso, por ejemplo, de Argentina con su población mayoritariamente europea y de México con sus indígenas. La mezcla continua entre las etnias, acaba frustrando cualquier ejercicio que se haga al respecto.
Por eso, resulta disparatado que un pequeño grupo de ciudadanos de origen afroantillano se haya estado dando a la tarea de enarbolar banderas contra una discriminación que no existe, salvo en su imaginación.
El que dos o tres discotecas se hayan reservado el derecho de admisión, no debe confundirse con práctica discriminatoria alguna, ni justifica echar al vuelo banderas antidiscriminatorias. En estricto sentido, tales no son lugares públicos, abiertos a todo el mundo, como son las playas, parques y calles. Son en realidad sitios privados, cuyo limitado espacio aconseja tal reserva, por razones de seguridad incluso.
Hay que recordar casos de incendios ocurridos en otros lares, en establecimientos atestados de público, con gran saldo de víctimas. E incluso recordemos, hace algunos años, las cuatro muertes violentas que se dieron a raíz de una balacera en el local de la antigua Discoteca 2000 en Vía Brasil. En fin, la seguridad es un factor que hace necesario y deseable la práctica del derecho de admisión.
Obviamente, sería intolerable que el color de la piel fuera un factor para excluir a algunos so pretexto de ejercer dicho derecho. Pero que sepamos eso no ocurre jamás, siendo la vestimenta y la preferencia por clientes habituales los principales criterios que impone la práctica.
La exigencia de cierto grado de "etiqueta" de ingreso a ciertos clubes, restaurantes y similares, es de lo más natural en otras latitudes. Eso no se inventó aquí y responde más bien al deseo natural de los grupos humanos de buscar cierto grado de homogeneidad que nada tiene que ver con lo racial.
Sería pues conveniente detener la actual caza de brujas, porque lo que somos el resto de la inmensa mayoría de panameños, no sabemos de qué nos están hablando quienes insisten en ver discriminación donde no hay.
En nuestro medio es muy difícil diferenciar grupos raciales prevalecientes, que no es el caso, por ejemplo, de Argentina con su población mayoritariamente europea y de México con sus indígenas. La mezcla continua entre las etnias, acaba frustrando cualquier ejercicio que se haga al respecto.
Por eso, resulta disparatado que un pequeño grupo de ciudadanos de origen afroantillano se haya estado dando a la tarea de enarbolar banderas contra una discriminación que no existe, salvo en su imaginación.
El que dos o tres discotecas se hayan reservado el derecho de admisión, no debe confundirse con práctica discriminatoria alguna, ni justifica echar al vuelo banderas antidiscriminatorias. En estricto sentido, tales no son lugares públicos, abiertos a todo el mundo, como son las playas, parques y calles. Son en realidad sitios privados, cuyo limitado espacio aconseja tal reserva, por razones de seguridad incluso.
Hay que recordar casos de incendios ocurridos en otros lares, en establecimientos atestados de público, con gran saldo de víctimas. E incluso recordemos, hace algunos años, las cuatro muertes violentas que se dieron a raíz de una balacera en el local de la antigua Discoteca 2000 en Vía Brasil. En fin, la seguridad es un factor que hace necesario y deseable la práctica del derecho de admisión.
Obviamente, sería intolerable que el color de la piel fuera un factor para excluir a algunos so pretexto de ejercer dicho derecho. Pero que sepamos eso no ocurre jamás, siendo la vestimenta y la preferencia por clientes habituales los principales criterios que impone la práctica.
La exigencia de cierto grado de "etiqueta" de ingreso a ciertos clubes, restaurantes y similares, es de lo más natural en otras latitudes. Eso no se inventó aquí y responde más bien al deseo natural de los grupos humanos de buscar cierto grado de homogeneidad que nada tiene que ver con lo racial.
Sería pues conveniente detener la actual caza de brujas, porque lo que somos el resto de la inmensa mayoría de panameños, no sabemos de qué nos están hablando quienes insisten en ver discriminación donde no hay.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.