El clamor de Eileen Coparropa
Publicado 2000/01/24 00:00:00
El pasado año, la joven nadadora panameña Eileen Coparropa dio a su país la mayor satisfacción jamás lograda en su disciplina: conquistar una presea dorada en los XIII Juegos Panamericanos celebrados en Winnipeg, Canadá, compitiendo con potencias del ramo como E.U., Cuba, México, Argentina y los propios anfitriones.
Para Eileen fue apenas un peldaño en su larga carrera de triunfos, puesto que su máxima aspiración es conquistar una medalla olímpica algún día, teniendo como próxima meta las olimpiadas de Sydney, Australia, a verificarse este año. Con tan sólo 18 años, se estima que Eileen tiene al menos tres oportunidades para lograr cristalizar su sueño olímpico.
La joven nadadora fue escogida el año pasado como "atleta de 1999" por el Comité Olímpico de Panamá y tiene a su haber más de 450 medallas de oro conquistadas, 25 de plata y 10 de bronce. Asímismo, ha establecido más de 101 récords, incluyendo dos preseas doradas conquistadas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Maracaibo, 1998. En 1997 ganó con récords, dos medallas de oro en los Juegos Bolivarianos de Arequipa, Perú.
La foja de triunfos de Eileen es tan extensa, que esta columna resultaría insuficiente para enumerarlos siquiera, forzándonos a recurrir con las cifras globales. De ese modo sumó dos medallas doradas en San Pedro Sula, Guatemala, erigiéndose como absoluta campeona centroamericana, acumula diez récords regionales en las distancias de 50 y 100 metros libres a nivel de Centroamérica y el Caribe, Sudamérica y área bolivariana; y ostenta la condición de ser la segunda mujer más rápida del continente, superada tan sólo por una norteamericana.
Pues bien, toda esta apretada relación busca además, resaltar los méritos excepcionales de la atleta, en contraste con la desidia e indiferencia gubernamental frente a la necesidad de darle, no sólo apoyo moral sino también económico.
Porque cada vez que Eileen se mueve a otro país, con entrenador y asistentes a cuestas, casi nunca cuenta con más apoyo que el de sus padres, que terminan costeándolo todo, pasajes, alimentación, hoteles, todo, sin ser ricos.
Con toda razón dijo Eileen hace algunos días, que se sentía "como una mendiga", sacrificando el tiempo de sus entrenamientos para Sydney, por dedicarse a ir de puerta en puerta, álbum y medallas en mano, a implorar por una ayuda que debiera el gobierno dispensarle espontánea y generosamente. Todavía estamos a tiempo para darle el respaldo económico que se ha ganado, al dejar siempre muy en alto el pendón patrio, con su tesonero y solitario esfuerzo en compañía de sus abnegados padres.
Para Eileen fue apenas un peldaño en su larga carrera de triunfos, puesto que su máxima aspiración es conquistar una medalla olímpica algún día, teniendo como próxima meta las olimpiadas de Sydney, Australia, a verificarse este año. Con tan sólo 18 años, se estima que Eileen tiene al menos tres oportunidades para lograr cristalizar su sueño olímpico.
La joven nadadora fue escogida el año pasado como "atleta de 1999" por el Comité Olímpico de Panamá y tiene a su haber más de 450 medallas de oro conquistadas, 25 de plata y 10 de bronce. Asímismo, ha establecido más de 101 récords, incluyendo dos preseas doradas conquistadas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Maracaibo, 1998. En 1997 ganó con récords, dos medallas de oro en los Juegos Bolivarianos de Arequipa, Perú.
La foja de triunfos de Eileen es tan extensa, que esta columna resultaría insuficiente para enumerarlos siquiera, forzándonos a recurrir con las cifras globales. De ese modo sumó dos medallas doradas en San Pedro Sula, Guatemala, erigiéndose como absoluta campeona centroamericana, acumula diez récords regionales en las distancias de 50 y 100 metros libres a nivel de Centroamérica y el Caribe, Sudamérica y área bolivariana; y ostenta la condición de ser la segunda mujer más rápida del continente, superada tan sólo por una norteamericana.
Pues bien, toda esta apretada relación busca además, resaltar los méritos excepcionales de la atleta, en contraste con la desidia e indiferencia gubernamental frente a la necesidad de darle, no sólo apoyo moral sino también económico.
Porque cada vez que Eileen se mueve a otro país, con entrenador y asistentes a cuestas, casi nunca cuenta con más apoyo que el de sus padres, que terminan costeándolo todo, pasajes, alimentación, hoteles, todo, sin ser ricos.
Con toda razón dijo Eileen hace algunos días, que se sentía "como una mendiga", sacrificando el tiempo de sus entrenamientos para Sydney, por dedicarse a ir de puerta en puerta, álbum y medallas en mano, a implorar por una ayuda que debiera el gobierno dispensarle espontánea y generosamente. Todavía estamos a tiempo para darle el respaldo económico que se ha ganado, al dejar siempre muy en alto el pendón patrio, con su tesonero y solitario esfuerzo en compañía de sus abnegados padres.

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