Análisis
El dilema de la abundancia y escasez de agua
- Víctor J. Alexis
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- opinion@epasa.com
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Según estimaciones de la ONU, para el año 2025, 1.8 mil millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua y dos terceras partes de la población mundial podrían vivir bajo estrés hídrico.
Necesitamos una gestión integral de los recursos hídricos para lograr la seguridad hídrica.
El agua es un capital natural sin el cual no es posible la vida, y el acceso a esta es un derecho universal.
Sin embargo, la realidad indica que la escasez de agua es uno de los problemas más severos por los que transita la humanidad.
Según estimaciones de la ONU, para el año 2025, 1.8 mil millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua y dos terceras partes de la población mundial podrían vivir bajo estrés hídrico.
Un país se considera con estrés hídrico cuando la cantidad de recursos hídricos disponibles resulta insuficiente para satisfacer las necesidades de la población, la agricultura, la industria, la energía, el ambiente, etc.
Se dice entonces que el país es físicamente escaso de agua cuando no cuenta con suficientes recursos hídricos para satisfacer la demanda de agua.
Un país con suficientes recursos hídricos renovables para satisfacer las necesidades de la población, pero que por razón de no contar con infraestructura adecuada o tener barreras institucionales o financieras se ve limitado para que estos recursos estén disponibles para satisfacer la demanda se define como económicamente escaso de agua.
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Esta diferenciación entre escasez física y escasez económica se propuso al introducirse por primera vez el concepto de inseguridad económica del agua, en la Evaluación Comprensiva de la Gestión del Agua en la Agricultura, durante el International Water Management Institute (IWMI) en el año 2007.
Los países de Latinoamérica y el Caribe poseen una relativa abundancia de recursos hídricos renovables, en su totalidad representan el 32.6% del capital hídrico del mundo.
A pesar de la no existencia de escasez hídrica, millones de personas se ven afectadas por la carencia de agua.
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Según el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el 25% de la población urbana de la región carece o posee servicios sanitarios precarios, y las inversiones en infraestructura para alcanzar la cobertura universal de agua potable y saneamiento para el año 2030 es de aproximadamente $ 12 mil 500 millones al año, equivalente al 0.31% del producto interno bruto (PIB) de la región al 2010, para un total de $ 250 mil millones.
Por lo tanto, tenemos una coexistencia contradictoria de abundancia y escasez de agua; por un lado, abundancia de capital natural o infraestructura verde, afectado por las externalidades negativas que sobre los ecosistemas han venido produciendo los procesos de industrialización y urbanización y, por otro lado, escasez de agua como consecuencia inmediata de su uso irracional, falta de inversión en infraestructuras para el suministro en cantidad y calidad suficiente, cambio climático, debilidad institucional y distribución desigual a lo interno de los países.
Necesitamos una gestión integral de los recursos hídricos para lograr la seguridad hídrica, entendida como la capacidad para proteger el acceso sostenible a cantidades adecuadas de agua, de calidad aceptable, para así mantener las condiciones de vida, el desarrollo socioeconómico, la protección contra la contaminación del agua y desastres relacionados, y conservar los ecosistemas en un clima de paz y estabilidad política.
Economista y docente universitario.

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