El entorno laboral y el desempleo
Publicado 2003/07/30 23:00:00
- Geraldine Emiliani S.
Cuando las empresas atraviesan por procesos de reestructuración y de reducción de personal a fin de mantener la rentabilidad, y para que el trabajador sea productivo, se ejerce mayor presión sobre él, provocándole tensión. Más aún, si el lugar de trabajo se desarrolla en un ambiente de tipo impersonal, cambiante y a menudo hostil.
Quienes laboran excesivamente se habitúan a estar irritados la mayor parte del día, lo que provoca reacciones violentas. A algunos gerentes o dueños de empresas privadas y directores de instituciones gubernamentales no les gusta hablar del asunto, pero el hecho es que cada año cientos de empleados agraden a algún compañero.
Por otro lado, están los tratos violentos de parte de los usuarios. La violencia generalizada es un factor predisponente. Entre los profesionales que corren peligro figuran los trabajadores de la salud, los agentes de policía, así como los maestros y profesores.
Otro tipo de violencia laboral es el abuso emocional reconocido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como violencia psicológica, de la cual la variante más importante es la agresión verbal. Este tipo de hostigamiento entre compañeros de trabajo y de los jefes a subalternos es común y por períodos prolongados. Las víctimas suelen ser buenos trabajadores que despiertan los celos profesionales de otros. Algunas personas humillan a su compañero o subalterno no dándole trabajo, excluyéndolo de la conversación, sub-utilizándolo, fingiendo no verlo, criticarlo constantemente o esparciendo rumores para acabar con su autoestima. Muchas veces la víctima no suele denunciar el hostigamiento por temor al desprecio, a la confusión y a la mala interpretación.
Otro escollo es que a pesar de la legislación laboral existente sobre la salud y la seguridad laboral, las lesiones y muertes en el trabajo aún constituyen un grave problema. Es obvio que dicha seguridad no mejora a base de leyes. Tanto patrones como empleados deben compartir la responsabilidad de velar por su propia seguridad física y emocional y la de los demás. Por tanto, es menester examinar con cuidado el entorno y los hábitos laborales.
"En Panamá, la tensión, la ansiedad y la depresión en el lugar de empleo afectan a 1 de cada 10 trabajadores. Se dice que la mayor incidencia de la depresión laboral se debe en parte a la revolución tecnológica, pues aumenta la presión sobre los empleados. El diario Tribune destaca que a nivel mundial se pierde unos doscientos millones de días de trabajo al año por trastornos mentales relacionados con el empleo, el temor a perderlo, y los problemas derivados de la convivencia familiar.
Otro riesgo laboral, lo constituye al excederse en el horario regular de labores. Según una encuesta realizada por la Universidad de Curtin en Australia, en 36 países incluyendo Panamá, el 62% de los encuestados afirman que es peligroso trabajar más de ocho horas y dicen no estar dispuestos a esforzarse más de esas horas. Solamente que se tenga alguna necesidad económica. El sondeo reveló que los trabajadores cansados y al no dormir lo suficiente, son menos eficientes y cometen más errores debido a las largas jornadas de actividad y los recortes de personal. Esta situación ha contribuido a las peores calamidades de finales del siglo XX, como el desastre nuclear de Chernóbil en Ucrania, la explosión del transbordador espacial Challenger y el vertido de crudo del petróleo Exxon Valdez en Alaska.
Añade el estudio que la mitad de los encuestados admiten regalar a sus patronos hasta un mínimo de veintisiete horas extras al mes, laborando en casa sobre todo los fines de semana. La tarea a realizar está relacionada con la computadora. En este caso, pareciera que la tecnología se convierte en la principal culpable de elevar la incidencia de tensión, enfermedad, agotamiento, absentismo y todos los demás problemas que minan de la productividad.
No puedo dejar de mencionar que a nivel mundial, hay 150 millones de desempleados, 850 millones de subocupados y 250 millones de niños que se ven obligados a trabajar. Sobre este particular, en nuestro país el desempleo, los subocupados y el trabajo infantil arrojan cifras alarmantes. Mientras que algunos expertos analizan las opciones del mercado de valores y la influencia de los sindicatos, hasta la fecha las gestiones encaminadas a reformar el mercado laboral ha resultado infructuosas. Existen en el medio situaciones más elementales como es la educación escolar y la creación de empleos para las nuevas generaciones. La juventud se esfuerza sin éxito por obtener una plaza de trabajo.
Aunque no existen soluciones fáciles para afrontar el estrés laboral y la falta de empleo, no debemos subestimar la capacidad de ayudarnos a hacer frente a las dificultades, como el ejercicio físico ineludible al menos tres veces por semana; leer libros sobre personajes que han sabido manejar la tensión, las preocupaciones y los temores; cultivar aficiones como pintar, escuchar música suave, practicar algún deporte y compartir sanamente con los amigos y familiares. Y sobre todo, dormir lo suficiente y cuidar la alimentación.
En vista de los beneficios obvios para la salud, seamos sensatos y démonos la prioridad que nos merecemos. Laborando o no, la salud es en esencia tu principal nutriente.
“Nosotras nos organizamos para ganar lo nuestro porque la vida de los indios es muy dura”. Casiana, por su parte, entiende que “hasta con esposo es muy difícil mantener un hogar”.
Ellas, además, confeccionan chaquiras, mientras ellos se dedican a las artesanías para la venta, tanto consumo local como para turistas.
En Mogue, Yasury Teucamo, de la Fundación Dobo Yala, explicó que mujeres y hombres comparten el trabajo.
Esta región en particular recibe constantemente la visita de turistas, principalmente de Estados Unidos.
¿La razón?, preguntamos a Yasury, quien sonríe orgullosa y nos muestra los platos con figuras tradicionales tejidos con bejuco y pintados con la tinta de plantas naturales. Señala además las figuras de animales hechas con tagua y las collares de chaquira.
“Al turista le gusta mucho todo esto”, nos dice. Las artesanías, según el tamaño, son vendidas por B/. 5 en adelante.
A los visitantes les atrae además el sitio por ubicarse a dos horas del nido de águilas arpías al que se llega atravesando varias trochas a pie.
“Los turistas se enamoran de nuestras tierras”, dijo Juan Mecheche. El tiene su cuota en ello. Es el “arquitecto del hotel de Mogue”, como nos hizo saber.
Es una estructura de piso de madera (cedro espino), el techo es de pencas de un árbol llamado quira y no lleva clavos. Los amarres se hacen con bejuco real, prescindiendo por completo de clavos.
No hay puertas y el aire fresco no debe colarse por las ventanas. Es una obra abierta en su totalidad y la altura a la que se encuentra añade una vista singular del pueblo.
Ellos llaman “tambo” a la instalación y la utilizan como casa cultural y “hotel”, según nos dijo Juan, de 40 años, residente en Llano Bonito, a unas cinco horas de Mogue por río.
Los turistas llegan a hospedarse en este tambo llevando sólo tiendas de campaña o colchonetas. De lo demás se encargan los lugareños. No le es indispensable la energía eléctrica o los teléfonos celulares. Juan asegura que “vienen a convivir con la naturaleza”.
Es hacer turismo, “a nuestra manera”. No se tienen tarifas, el turista aporta lo que cree conveniente, pero el indígena sabe dar siempre su mejor cara. De ello depende que la oportunidad se repita y así ha sido.
Juan no dudó en subirse hasta lo más alto del tambo que aún está en “reparación”, mencionó.
Desde allá precisó que se dedica a estos menesteres desde los 14 años y hoy tiene 42. La dirigencia de Mogue lo hizo viajar allá para que la obra esté terminada lo antes posible.
Los turistas deben seguir llegando y los emberá - wounaán tratarán de hacerlos sentir en casa. Como lo vienen haciendo hace varios años.
Quienes laboran excesivamente se habitúan a estar irritados la mayor parte del día, lo que provoca reacciones violentas. A algunos gerentes o dueños de empresas privadas y directores de instituciones gubernamentales no les gusta hablar del asunto, pero el hecho es que cada año cientos de empleados agraden a algún compañero.
Por otro lado, están los tratos violentos de parte de los usuarios. La violencia generalizada es un factor predisponente. Entre los profesionales que corren peligro figuran los trabajadores de la salud, los agentes de policía, así como los maestros y profesores.
Otro tipo de violencia laboral es el abuso emocional reconocido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como violencia psicológica, de la cual la variante más importante es la agresión verbal. Este tipo de hostigamiento entre compañeros de trabajo y de los jefes a subalternos es común y por períodos prolongados. Las víctimas suelen ser buenos trabajadores que despiertan los celos profesionales de otros. Algunas personas humillan a su compañero o subalterno no dándole trabajo, excluyéndolo de la conversación, sub-utilizándolo, fingiendo no verlo, criticarlo constantemente o esparciendo rumores para acabar con su autoestima. Muchas veces la víctima no suele denunciar el hostigamiento por temor al desprecio, a la confusión y a la mala interpretación.
Otro escollo es que a pesar de la legislación laboral existente sobre la salud y la seguridad laboral, las lesiones y muertes en el trabajo aún constituyen un grave problema. Es obvio que dicha seguridad no mejora a base de leyes. Tanto patrones como empleados deben compartir la responsabilidad de velar por su propia seguridad física y emocional y la de los demás. Por tanto, es menester examinar con cuidado el entorno y los hábitos laborales.
"En Panamá, la tensión, la ansiedad y la depresión en el lugar de empleo afectan a 1 de cada 10 trabajadores. Se dice que la mayor incidencia de la depresión laboral se debe en parte a la revolución tecnológica, pues aumenta la presión sobre los empleados. El diario Tribune destaca que a nivel mundial se pierde unos doscientos millones de días de trabajo al año por trastornos mentales relacionados con el empleo, el temor a perderlo, y los problemas derivados de la convivencia familiar.
Otro riesgo laboral, lo constituye al excederse en el horario regular de labores. Según una encuesta realizada por la Universidad de Curtin en Australia, en 36 países incluyendo Panamá, el 62% de los encuestados afirman que es peligroso trabajar más de ocho horas y dicen no estar dispuestos a esforzarse más de esas horas. Solamente que se tenga alguna necesidad económica. El sondeo reveló que los trabajadores cansados y al no dormir lo suficiente, son menos eficientes y cometen más errores debido a las largas jornadas de actividad y los recortes de personal. Esta situación ha contribuido a las peores calamidades de finales del siglo XX, como el desastre nuclear de Chernóbil en Ucrania, la explosión del transbordador espacial Challenger y el vertido de crudo del petróleo Exxon Valdez en Alaska.
Añade el estudio que la mitad de los encuestados admiten regalar a sus patronos hasta un mínimo de veintisiete horas extras al mes, laborando en casa sobre todo los fines de semana. La tarea a realizar está relacionada con la computadora. En este caso, pareciera que la tecnología se convierte en la principal culpable de elevar la incidencia de tensión, enfermedad, agotamiento, absentismo y todos los demás problemas que minan de la productividad.
No puedo dejar de mencionar que a nivel mundial, hay 150 millones de desempleados, 850 millones de subocupados y 250 millones de niños que se ven obligados a trabajar. Sobre este particular, en nuestro país el desempleo, los subocupados y el trabajo infantil arrojan cifras alarmantes. Mientras que algunos expertos analizan las opciones del mercado de valores y la influencia de los sindicatos, hasta la fecha las gestiones encaminadas a reformar el mercado laboral ha resultado infructuosas. Existen en el medio situaciones más elementales como es la educación escolar y la creación de empleos para las nuevas generaciones. La juventud se esfuerza sin éxito por obtener una plaza de trabajo.
Aunque no existen soluciones fáciles para afrontar el estrés laboral y la falta de empleo, no debemos subestimar la capacidad de ayudarnos a hacer frente a las dificultades, como el ejercicio físico ineludible al menos tres veces por semana; leer libros sobre personajes que han sabido manejar la tensión, las preocupaciones y los temores; cultivar aficiones como pintar, escuchar música suave, practicar algún deporte y compartir sanamente con los amigos y familiares. Y sobre todo, dormir lo suficiente y cuidar la alimentación.
En vista de los beneficios obvios para la salud, seamos sensatos y démonos la prioridad que nos merecemos. Laborando o no, la salud es en esencia tu principal nutriente.
“Nosotras nos organizamos para ganar lo nuestro porque la vida de los indios es muy dura”. Casiana, por su parte, entiende que “hasta con esposo es muy difícil mantener un hogar”.
Ellas, además, confeccionan chaquiras, mientras ellos se dedican a las artesanías para la venta, tanto consumo local como para turistas.
En Mogue, Yasury Teucamo, de la Fundación Dobo Yala, explicó que mujeres y hombres comparten el trabajo.
Esta región en particular recibe constantemente la visita de turistas, principalmente de Estados Unidos.
¿La razón?, preguntamos a Yasury, quien sonríe orgullosa y nos muestra los platos con figuras tradicionales tejidos con bejuco y pintados con la tinta de plantas naturales. Señala además las figuras de animales hechas con tagua y las collares de chaquira.
“Al turista le gusta mucho todo esto”, nos dice. Las artesanías, según el tamaño, son vendidas por B/. 5 en adelante.
A los visitantes les atrae además el sitio por ubicarse a dos horas del nido de águilas arpías al que se llega atravesando varias trochas a pie.
“Los turistas se enamoran de nuestras tierras”, dijo Juan Mecheche. El tiene su cuota en ello. Es el “arquitecto del hotel de Mogue”, como nos hizo saber.
Es una estructura de piso de madera (cedro espino), el techo es de pencas de un árbol llamado quira y no lleva clavos. Los amarres se hacen con bejuco real, prescindiendo por completo de clavos.
No hay puertas y el aire fresco no debe colarse por las ventanas. Es una obra abierta en su totalidad y la altura a la que se encuentra añade una vista singular del pueblo.
Ellos llaman “tambo” a la instalación y la utilizan como casa cultural y “hotel”, según nos dijo Juan, de 40 años, residente en Llano Bonito, a unas cinco horas de Mogue por río.
Los turistas llegan a hospedarse en este tambo llevando sólo tiendas de campaña o colchonetas. De lo demás se encargan los lugareños. No le es indispensable la energía eléctrica o los teléfonos celulares. Juan asegura que “vienen a convivir con la naturaleza”.
Es hacer turismo, “a nuestra manera”. No se tienen tarifas, el turista aporta lo que cree conveniente, pero el indígena sabe dar siempre su mejor cara. De ello depende que la oportunidad se repita y así ha sido.
Juan no dudó en subirse hasta lo más alto del tambo que aún está en “reparación”, mencionó.
Desde allá precisó que se dedica a estos menesteres desde los 14 años y hoy tiene 42. La dirigencia de Mogue lo hizo viajar allá para que la obra esté terminada lo antes posible.
Los turistas deben seguir llegando y los emberá - wounaán tratarán de hacerlos sentir en casa. Como lo vienen haciendo hace varios años.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.