Fauna política
El político gallote
- Arnulfo Arias O./opinion@epasa.com/
Pero en el ámbito político, la afinidad de algunos con el buitre no es por aquello que consumen y digieren, sino más bien por lo que su moral les deja consumir sin el más mínimo asomo de una nausea. Señoriales en su vuelo, ataviados con su impecable traje de vestir; desde lejos, disfrazados por el cielo y la distancia, podría uno confundirlos hasta con el águila; pero así como ella es solitaria y reservada, a estos los delata la congregación inmunda y abundante.
Del gallote, el mayor de sus atributos sea tal vez poder ingerir lo descompuesto sin descomponerse él mismo. Todo lo orgánico se traga, no importa su procedencia, su origen o su antigüedad; ni una momia putrefacta sería respetada en su solemnidad por ese carroñero. No distingue en lo absoluto entre un tejido y otro, solo basta que deje de moverse, para dictarle su criterio de alimentación. Según dicen los científicos, durante el proceso de digestión, procesan y dan muerte a todos los microbios que matarían también a la mayoría de los animales. Formidable máquina de reciclaje, se le respeta y se le aprecia, por adentrarse allí donde todos los demás lo encuentran repulsivo.
Pero en el ámbito político, la afinidad de algunos con el buitre no es por aquello que consumen y digieren, sino más bien por lo que su moral les deja consumir sin el más mínimo asomo de una nausea. Señoriales en su vuelo, ataviados con su impecable traje de vestir; desde lejos, disfrazados por el cielo y la distancia, podría uno confundirlos hasta con el águila; pero así como ella es solitaria y reservada, a estos los delata la congregación inmunda y abundante. Aprovechan las corrientes del aire más caliente en su ascender; lo que se asimila a esa tenaz efervescencia del voto irreflexivo que levanta al candidato sobre una masa incauta que pronto pasa de votante a presa predilecta de quien ha elegido. Y es que el votante que así ejerce su voto incauto, ignorante de que es el candidato quien lo ha elegido a él, pronto cae en inercia catatónica de mortandad política, y atrae a estos gallotes que una y otra vez se hacen festín en él. Según la mitología griega, Prometeo fue castigado por su padre Zeus a ser encadenado a una pesada roca, mientras sufría la eterna tortura de que sus entrañas fueran devoradas por un buitre; una y otra y otra vez, en forma recurrente. Me pregunto hoy qué ha encadenado a nuestros pueblos a sufrir una tortura similar a la de Prometeo; votan por ellos y luego esos políticos electos vienen y devoran las entrañas del votante mismo al que se deben.
Abogado

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