Panamá
El Reino de Dios y el otro Reino
- Mons. Rómulo Emiliani cmf
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Jesús habla del Reino de Dios, de su venida, de que está dentro de nosotros, de que para tenerlo hay que nacer de nuevo. Que los que adoren a Dios en espíritu y verdad lo vivirán. De que es un reino que no es de este mundo. Y que él es rey y su reino no es como los de los poderosos que oprimen a los débiles, sino un reino de servidores. Veamos cómo será ese reino: es una forma de ser, un estado vital, un ambiente denso a nivel espiritual, suave, pero determinante, iluminador e inspirador, pacífico y fraternal, que respeta la vida y promueve el bien común. Es un reino donde se vive la solidaridad basada en la compasión activa con corazón de buen samaritano. Donde se da de comer al hambriento, de beber al sediento; se consuela al enfermo y se visita con amor al preso. Donde se viste al desnudo y donde se defienden los derechos humanos. Es un reino de solidaridad donde hay gran sensibilidad por el que sufre. Es un reino donde se reconocen y promueven los carismas y dones. Donde la vida de comunidad prevalece. Donde los individualismos egoístas son corregidos y llamados al cambio. Donde existe libertad de expresión solo limitada por el respeto a la dignidad de los demás. Por lo tanto, en un reino de Dios auténtico las groserías, las ofensas, las calumnias no son parte de la cultura del pueblo. El insulto al hermano se ve como grave e inusual, rechazado por la manera de ser de la gente. De la boca de los cristianos no salen maledicencias, palabras disonantes y mucho menos, blasfemias. Se bendice a los demás como algo natural. Se protege siempre a los más vulnerables. Y se va creando así la civilización del amor.
El reino de Dios en la tierra es un modo de vivir donde impera la justicia, y se imparte la ley de manera imparcial. Se trabaja intensamente para que la honestidad prevalezca y desaparezca todo rasgo de corrupción. Se busca que valores como la sinceridad y la transparencia en todos los órdenes impere. Se somete a la voluntad del pueblo por diferentes organismos las decisiones más importantes, dejando para mecanismos más sencillos de diálogo y consenso todo aquello que concierne a lo más cotidiano.
El reino de Dios en la tierra es la vivencia comunitaria y personal de la adoración y culto al Dios bueno y santo, a quien toda criatura en el cielo y en la tierra alaba y da gracias. En ese reino los adoradores dentro de su alma dan culto a Dios y se congregan en comunidad para expresar públicamente su amor al Señor.

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