Elección y lección
Publicado 2004/05/13 23:00:00
- Mario Alvarado
El país terminó de manera tranquila y ordenada la renovación de sus autoridades con el proceso electoral. Hechos como el voto de la juventud, el alto porcentaje de participación ciudadana y la reivindicación de las encuestas traen aparejadas reflexiones sobre la idiosincrasia panameña, la manera de votar y las herramientas de investigación del mercado electoral.
Desde hace una década las encuestas de intención de voto y de percepción ciudadana sobre el desempeño de las autoridades vienen aportando predicciones confiables sobre el devenir político. Pero, sistemáticamente, han sido vilipendiadas. ¿Por qué? La respuesta está, parcialmente, en el famoso dislate presidencial en torno a las encuestas de carne y hueso que, como bandera política, caló hasta lo profundo de la conciencia nacional. También se debe al carácter técnico de las estadísticas, cuyo conocimiento básico no sea del dominio público. El adelanto tecnológico que disfruta la humanidad, en términos generales, no sería posible sin la vinculación de la estadística inferencial a los métodos de investigación en las ramas ciencias naturales y económicas. Observar un fenómeno, medir las variables, plantear un modelo predictivo y comparar la realidad con los supuestos teóricos es la base de la ciencia moderna. Las actividades que involucran personas, conductas, procesos sociales, como las elecciones, son complejas porque representan un reflejo de la condición humana.
Las encuestas de intención de voto se basan en la teoría de las probabilidades y sólo tienen dos respuestas que interesan al candidato postulante en cuanto a sus posibilidades de elección: sí o no. Es un universo de incertidumbre y una sola respuesta de combinación binaria.
Los pronósticos sobre el mercado electoral no pueden generar una certeza concluyente, pues el modelo de probabilidades incluye la posibilidad del error. Siempre hay un rango de probabilidades de no ocurrencia. La investigación y desarrollo en el saber humano, desde la oncología médica hasta la moderna ciencia política, basan sus modelos de predicción de resultados en la estadística de inferencias. Negar su validez tiene tanto sentido como negar la electricidad.
La dictadura militar dejó severas huellas en generaciones enteras de panameños que crecimos sin libertades políticas y con derechos ciudadanos conculcados o mutilados. Aún subyace el deseo colectivo, consciente o no, de votar en contra de, más que a favor de. El país, donde más del 60% de la población es joven, decidió voltear esa página de la historia y mirar al futuro. Pero quedan obligaciones éticas, morales y judiciales pendientes. Una es el esclarecimiento de la suerte de los desaparecidos durante el régimen militar. Pendiente están la ubicación de los restos, el otorgarle a los deudos la paz de espíritu que conlleva darle sepultura a sus familiares, divulgar los nombres de los victimarios y la densa red de verdugos que hizo posible que el Estado los ejecutara extrajudicialmente. Sobre todo otorgarles la justicia que el Estado les adeuda y que ellos exigen. Con el mismo derecho están los reclamantes de los muertos por la invasión norteamericana en diciembre de 1989.
Es un lugar común repetir que en las pasadas elecciones el país salió ganando. El fraude electoral, herencia política de nuestra unión a Colombia, ha sido desterrado por voluntad nacional, apoyado en la tecnología informática y en la probidad de los funcionarios electorales. Si la democracia es el conteo claro, rápido y honesto de los votos, entonces somos un país democrático y del primer mundo.
Si la democracia representa una vinculación del ciudadano a las decisiones que afectan su municipalidad y su quehacer diario, seguimos anclados al tercer mundo y al centralismo. En todo el país persistieron lacras como la compra indirecta de votos a través de bolsas de comida, materiales de construcción, herramientas, dinero en efectivo y becas de estudio. Todos los circuitos electorales fueron inundados por un flujo y reflujo masivo de dinero que hicieron de algunos políticos en campaña modernas versiones del rey Midas, que todo lo que tocaba se convertía en oro, sucio pero oro.
La votación cruzada que se registró y la ausencia de sustrato ideológico de los partidos políticos participantes, hizo de ésta una contienda entre personas, recuerdos y esperanzas, mas no un verdadero debate de ideas de cara al futuro. Como sociedad aún somos una analogía del dios grecorromano Jano, que tenía el don de atisbar en el pasado y mirar en el futuro. Se representaba en las efigies con dos rostros unidos por la nuca, un rostro mirando hacia atrás y el otro mirando adelante. Tener una sola visión de futuro es nuestro proyecto nacional a construir.
Al respecto, Fitzgerald, manifestó que en ningún momento las observaciones han sido para que el proyecto no sea aprobado, "al contrario, si los arquitectos hubieran presentado un proyecto completo la obra no hubiera demorado, como ha ocurrido a la fecha, ya que la Merced es una de las estructuras más importantes de nuestro Patrimonio Histórico".
Desde hace una década las encuestas de intención de voto y de percepción ciudadana sobre el desempeño de las autoridades vienen aportando predicciones confiables sobre el devenir político. Pero, sistemáticamente, han sido vilipendiadas. ¿Por qué? La respuesta está, parcialmente, en el famoso dislate presidencial en torno a las encuestas de carne y hueso que, como bandera política, caló hasta lo profundo de la conciencia nacional. También se debe al carácter técnico de las estadísticas, cuyo conocimiento básico no sea del dominio público. El adelanto tecnológico que disfruta la humanidad, en términos generales, no sería posible sin la vinculación de la estadística inferencial a los métodos de investigación en las ramas ciencias naturales y económicas. Observar un fenómeno, medir las variables, plantear un modelo predictivo y comparar la realidad con los supuestos teóricos es la base de la ciencia moderna. Las actividades que involucran personas, conductas, procesos sociales, como las elecciones, son complejas porque representan un reflejo de la condición humana.
Las encuestas de intención de voto se basan en la teoría de las probabilidades y sólo tienen dos respuestas que interesan al candidato postulante en cuanto a sus posibilidades de elección: sí o no. Es un universo de incertidumbre y una sola respuesta de combinación binaria.
Los pronósticos sobre el mercado electoral no pueden generar una certeza concluyente, pues el modelo de probabilidades incluye la posibilidad del error. Siempre hay un rango de probabilidades de no ocurrencia. La investigación y desarrollo en el saber humano, desde la oncología médica hasta la moderna ciencia política, basan sus modelos de predicción de resultados en la estadística de inferencias. Negar su validez tiene tanto sentido como negar la electricidad.
La dictadura militar dejó severas huellas en generaciones enteras de panameños que crecimos sin libertades políticas y con derechos ciudadanos conculcados o mutilados. Aún subyace el deseo colectivo, consciente o no, de votar en contra de, más que a favor de. El país, donde más del 60% de la población es joven, decidió voltear esa página de la historia y mirar al futuro. Pero quedan obligaciones éticas, morales y judiciales pendientes. Una es el esclarecimiento de la suerte de los desaparecidos durante el régimen militar. Pendiente están la ubicación de los restos, el otorgarle a los deudos la paz de espíritu que conlleva darle sepultura a sus familiares, divulgar los nombres de los victimarios y la densa red de verdugos que hizo posible que el Estado los ejecutara extrajudicialmente. Sobre todo otorgarles la justicia que el Estado les adeuda y que ellos exigen. Con el mismo derecho están los reclamantes de los muertos por la invasión norteamericana en diciembre de 1989.
Es un lugar común repetir que en las pasadas elecciones el país salió ganando. El fraude electoral, herencia política de nuestra unión a Colombia, ha sido desterrado por voluntad nacional, apoyado en la tecnología informática y en la probidad de los funcionarios electorales. Si la democracia es el conteo claro, rápido y honesto de los votos, entonces somos un país democrático y del primer mundo.
Si la democracia representa una vinculación del ciudadano a las decisiones que afectan su municipalidad y su quehacer diario, seguimos anclados al tercer mundo y al centralismo. En todo el país persistieron lacras como la compra indirecta de votos a través de bolsas de comida, materiales de construcción, herramientas, dinero en efectivo y becas de estudio. Todos los circuitos electorales fueron inundados por un flujo y reflujo masivo de dinero que hicieron de algunos políticos en campaña modernas versiones del rey Midas, que todo lo que tocaba se convertía en oro, sucio pero oro.
La votación cruzada que se registró y la ausencia de sustrato ideológico de los partidos políticos participantes, hizo de ésta una contienda entre personas, recuerdos y esperanzas, mas no un verdadero debate de ideas de cara al futuro. Como sociedad aún somos una analogía del dios grecorromano Jano, que tenía el don de atisbar en el pasado y mirar en el futuro. Se representaba en las efigies con dos rostros unidos por la nuca, un rostro mirando hacia atrás y el otro mirando adelante. Tener una sola visión de futuro es nuestro proyecto nacional a construir.
Al respecto, Fitzgerald, manifestó que en ningún momento las observaciones han sido para que el proyecto no sea aprobado, "al contrario, si los arquitectos hubieran presentado un proyecto completo la obra no hubiera demorado, como ha ocurrido a la fecha, ya que la Merced es una de las estructuras más importantes de nuestro Patrimonio Histórico".

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