Entre invasiones y navidades
Publicado 2004/12/22 00:00:00
- Ginela Escala M./
Muchos de los que mataron eran civiles inocentes ¿Por qué tuvieron que arrasar ese barrio donde vivían como miles de personas?
SIGU ES un buen perro, siempre me sigue y me cuida. Gracias a él me he salvado de un par de problemas. La única vez que lo vi temblar y esconderse fue en los días de la invasión del veinte.
Parece que olfateó lo que pasaba, además que el ambiente estaba lleno de ruidos de guerra, y de alarma. Todos corrían, huían, saqueaban. El se metía debajo de esa caja y no sacaba ni el rabo ni el hocico.
Fueron tiempos terribles. Cuando me enteré que el Chorrillo había sido bombardeado y estaba en llamas, quise llegar hasta allá.
Mi hermano vivía en un cuartito en la calle 27 y estaba inválido por un accidente de trabajo que tuvo cuando trabajaba en la zona.
Me fui a pie pues no había bus ni taxi, esquivando balas, saqueo, asaltos, y muchos peligros cogí rumbo al Chorrillo, pero en el camino me encontré con mi sobrino.
El muchacho venía llorando, y me dijo que su papá había muerto quemado en el fuego que consumió el edificio de madera donde vivían. Me contó que no pudo hacer nada para salvarlo, pues él -mi sobrino- estaba trabajando cuando la invasión y cuando llegó al barrio ya era tarde pues su casa era solo cenizas, y los gringos no lo dejaron sacar el cuerpo sin vida de mi hermano.
Por suerte sus otros hermanos y su mamá estaban de viaje por el pueblo, pues de no ser así de seguro también les hubiera pasado algo.
El único pecado de mi hermano fue ser pobre, pues por ganarse la vida quedó inválido y por pobre tuvo que vivir en el Chorrillo. Yo lo invité a vivir conmigo, aquí en mi casita de las afueras, pero él era muy orgulloso, y decía que le gustaba su barrio, pues ahí estaban sus amigos.
Nunca estuvo en nada a favor o en contra del gobierno. El solo estaba ahí junto al balcón todo el día, con su radio al lado, viendo pasar a la gente, conversando con sus amigos, y viendo como estiraba los reales de su pequeña jubilación para dale techo y pan a su familia.
Muchos de los que mataron eran civiles inocentes ¿Por qué tuvieron que arrasar ese barrio donde vivían como miles de personas?
Aunque Noriega hubiera estado en el cuartel, su vida no valía la de los cientos o miles que murieron... Todavía recuerdo que días después se vendían postales de navidad y año nuevo con fotos a colores del Chorrillo prendido, y yo las veía y pensaba que el fuego de esa foto estaba consumiendo el cuerpo de mi querido hermano.
Lo más terrible fue cuando encontré el cuerpo de mi hermano. Tuve que ir con mi familia a ver si lo hallaba en una fosa común que estaba en el Jardín de Paz. Esas fosas son grandes tumbas que los gringos hicieron para echar a los muertos del veinte, otras muertos desaparecieron pues los quemaron o echaron al mar según cuentan.
Era una cosa muy terrible. Había mucho lodo y el lugar estaba lleno de familiares que iban a reconocer a sus muertos.
Unas excavadoras iban abriendo la fosa e iban sacando cuerpos y pedazos de cuerpos en bolsas negras de plástico. Lo peor fue lo que yo y mi familia tuvimos que ver en ese lugar. Mirar uno a uno a esos restos que tenían meses de estar enterrados allí, para reconocer a mi hermano. Yo no quiero contar lo que vimos. No lo quiero contar. Fue el peor momento de mi vida. Después de mirar muchos cuerpos lo encontramos. Lo reconocimos por los dientes y una sortija que siempre llevaba. Lo recogimos y lo enterramos en nuestro pueblo. Está bien el cementerio pues hay siempre muchos pájaros, y se oye cerca el rumor de una quebrada.
A mi y mi familia casi nos dañaron la Navidad. En medio del jolgorio confieso que muchas veces, me he sentido como Sigu durante la invasión, con ganas de meterme debajo de una caja o dentro de un tinaco.
No es fácil vivir en esta ciudad. Todo es complicado. No es fácil ser indio y pobre y vivir aquí. No es fácil ser pobre y negro, o chola y pobre, y vivir aquí. Entonces muchas veces apago la televisión, y me paseo entre los almacenes donde hay muchas cosas que se pueden mirar pero no comprar. ¿Sabes? Es una manera de fugarse,como meterse en una concha y cerrarla. Entonces más me duele mi hermano aquí en un rincón del corazón, en la esquina más oscura y más profunda. Me duele que haya muerto así. Me duele que no haya podido huir de las bombas. Me duele mucho.
Entonces miro al niño en el nacimiento y me viene a la mente su final en la cruz, y también me duele, y me ilumina plenamente su mensaje de paz y justicia.
(De: Machi, un kuna en la ciudad).
(raulleisr@hotmail.com)
Parece que olfateó lo que pasaba, además que el ambiente estaba lleno de ruidos de guerra, y de alarma. Todos corrían, huían, saqueaban. El se metía debajo de esa caja y no sacaba ni el rabo ni el hocico.
Fueron tiempos terribles. Cuando me enteré que el Chorrillo había sido bombardeado y estaba en llamas, quise llegar hasta allá.
Mi hermano vivía en un cuartito en la calle 27 y estaba inválido por un accidente de trabajo que tuvo cuando trabajaba en la zona.
Me fui a pie pues no había bus ni taxi, esquivando balas, saqueo, asaltos, y muchos peligros cogí rumbo al Chorrillo, pero en el camino me encontré con mi sobrino.
El muchacho venía llorando, y me dijo que su papá había muerto quemado en el fuego que consumió el edificio de madera donde vivían. Me contó que no pudo hacer nada para salvarlo, pues él -mi sobrino- estaba trabajando cuando la invasión y cuando llegó al barrio ya era tarde pues su casa era solo cenizas, y los gringos no lo dejaron sacar el cuerpo sin vida de mi hermano.
Por suerte sus otros hermanos y su mamá estaban de viaje por el pueblo, pues de no ser así de seguro también les hubiera pasado algo.
El único pecado de mi hermano fue ser pobre, pues por ganarse la vida quedó inválido y por pobre tuvo que vivir en el Chorrillo. Yo lo invité a vivir conmigo, aquí en mi casita de las afueras, pero él era muy orgulloso, y decía que le gustaba su barrio, pues ahí estaban sus amigos.
Nunca estuvo en nada a favor o en contra del gobierno. El solo estaba ahí junto al balcón todo el día, con su radio al lado, viendo pasar a la gente, conversando con sus amigos, y viendo como estiraba los reales de su pequeña jubilación para dale techo y pan a su familia.
Muchos de los que mataron eran civiles inocentes ¿Por qué tuvieron que arrasar ese barrio donde vivían como miles de personas?
Aunque Noriega hubiera estado en el cuartel, su vida no valía la de los cientos o miles que murieron... Todavía recuerdo que días después se vendían postales de navidad y año nuevo con fotos a colores del Chorrillo prendido, y yo las veía y pensaba que el fuego de esa foto estaba consumiendo el cuerpo de mi querido hermano.
Lo más terrible fue cuando encontré el cuerpo de mi hermano. Tuve que ir con mi familia a ver si lo hallaba en una fosa común que estaba en el Jardín de Paz. Esas fosas son grandes tumbas que los gringos hicieron para echar a los muertos del veinte, otras muertos desaparecieron pues los quemaron o echaron al mar según cuentan.
Era una cosa muy terrible. Había mucho lodo y el lugar estaba lleno de familiares que iban a reconocer a sus muertos.
Unas excavadoras iban abriendo la fosa e iban sacando cuerpos y pedazos de cuerpos en bolsas negras de plástico. Lo peor fue lo que yo y mi familia tuvimos que ver en ese lugar. Mirar uno a uno a esos restos que tenían meses de estar enterrados allí, para reconocer a mi hermano. Yo no quiero contar lo que vimos. No lo quiero contar. Fue el peor momento de mi vida. Después de mirar muchos cuerpos lo encontramos. Lo reconocimos por los dientes y una sortija que siempre llevaba. Lo recogimos y lo enterramos en nuestro pueblo. Está bien el cementerio pues hay siempre muchos pájaros, y se oye cerca el rumor de una quebrada.
A mi y mi familia casi nos dañaron la Navidad. En medio del jolgorio confieso que muchas veces, me he sentido como Sigu durante la invasión, con ganas de meterme debajo de una caja o dentro de un tinaco.
No es fácil vivir en esta ciudad. Todo es complicado. No es fácil ser indio y pobre y vivir aquí. No es fácil ser pobre y negro, o chola y pobre, y vivir aquí. Entonces muchas veces apago la televisión, y me paseo entre los almacenes donde hay muchas cosas que se pueden mirar pero no comprar. ¿Sabes? Es una manera de fugarse,como meterse en una concha y cerrarla. Entonces más me duele mi hermano aquí en un rincón del corazón, en la esquina más oscura y más profunda. Me duele que haya muerto así. Me duele que no haya podido huir de las bombas. Me duele mucho.
Entonces miro al niño en el nacimiento y me viene a la mente su final en la cruz, y también me duele, y me ilumina plenamente su mensaje de paz y justicia.
(De: Machi, un kuna en la ciudad).
(raulleisr@hotmail.com)

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