Hacia Las Tinieblas
Publicado 2004/11/19 00:00:00
- Dr. Miguel Antonio Bernal
La educación y el renacimiento de nuestra población sólo se alcanzará por medio de renovaciones, de verdaderas innovaciones, mediante la perseverancia, la osadía y el conocimiento, de la mano de la investigación, de la ciencia, de la cultura. Sin embargo, para la cúpula de la administración de la Universidad de Panamá presidida por el Rector y su equipo de vicerrectores, decanos, vicedecanos, directores y subdirectores de Centros Regionales, es mucho más importante buscar los mecanismos que les permita -exclusivamente a ellos-, mantener la más importante institución de enseñanza superior del país bajo su control, que afrontar con franqueza e imaginación los grandes retos contemporáneos que exige la educación superior en el mundo de hoy.
El conocimiento tiene una base ética. Algo anda muy mal en nuestra sociedad cuando la Universidad de Panamá, a lo largo de las últimas tres décadas viene formando profesionales con pocas luces, indiferentes a los problemas capitales de nuestro tiempo, que vive a espaldas a la desgarradora realidad nacional. Los principales temas, como el fortalecimiento de las instituciones democráticas, el crecimiento y desarrollo económico, el medio ambiente, el papel del Canal de Panamá, la responsabilidad de Panamá como parte de la sociedad internacional, no son dialogados ni debatidos en la Universidad de Panamá.
La revitalización de la democracia pasa por la Universidad, herramienta básica para conseguir una participación directa de todos los ciudadanos en el papel que les corresponde desempeñar en el presente y en el futuro, de su pueblo, de su ciudad, de su país y del mundo. Pero los actuales regentes de la Universidad han optado por imponer mecanismos que permitan mantener una Universidad desorientada, perpleja, engañada, escéptica que va a la deriva pero, orgullosamente radiante de caminar no hacia la luz, si no hacia atrás, hacia las tinieblas, a un galope sorprendente como resultado de sus ambiciones personalistas, exlusivistas, intolerantes y antidemocráticas.
Prueba de lo anterior es la "Propuesta de Anteproyecto de Ley Orgánica de la Universidad de Panamá", cuyo contenido se extiende a setenta y un artículos, cada uno más retrógrado que el otro. Una propuesta unilateral y excluyente, que no ha sido objeto de un verdadero examen por los universitarios y por la sociedad a la cual la Universidad se debe; que no es conocida por todos los integrantes de la Universidad; que ha sido elaborada a espaldas de los mecanismos de participación democrática; que no recoge los principios básicos de la educación superior contemporánea; que no es el reflejo de un análisis integral; que no permitiría a la Universidad cumplir con su función de docencia; que pondría a la Universidad de Panamá -aún más- a la retaguardia de la educación superior; que nos aleja de la generación del conocimiento y de una verdadera y estrecha relación con las innovaciones científicas; que le impediría a la Universidad hacer aportes significativos al desarrollo de Panamá; que burocratiza más las estructuras y formas de funcionamiento; que no facilita de manera efectiva la democratización en la participación de la discusión de toma de decisiones, que no respeta el papel de los profesores y de los estudiantes; que se burla de una ponderación seriamente académica; que decapita la posibilidad de elevar la eficacia y la eficiencia institucional; que nos ofrece un modelo de gestión universitaria obsoleto; que distorsiona los principios de la educación superior; que ignora los logros alcanzados por la humanidad y sus organismos de vanguardia educativa, como la UNESCO; que busca satisfacer la gula de poder de "los mismos con las mismas".
Cabe recordarles a quienes han impuesto, en medio de un plazo fatal, un "plebiscito" (y no plesbiscito como escribió la Rectoría), para que -sin discusión, debate, diálogo, tiempo, condiciones- a dos días del último día de clases, los universitarios se pronuncien con Sí o un No sobre su propuesta; lo que nos enseña Thomas Erskine: "Si a la razón se opone la razón, y a un argumento otro, todo buen gobierno estará a salvo. Las opiniones y el conocimiento no son artículos que puedan monopolizarse y cambiarse por billetes, estatuas o estandartes. No debemos convertir el conocimiento en una mercancía, etiquetarlo y gravarlo...". Hago mía las palabras pronunciadas por Federico Mayor Zaragoza, al terminar una conferencia que dictó en la Universidad Complutense de Madrid, cuando ocupaba el cargo de director general de la UNESCO: " Sr. Rector, tengo la esperanza de que nunca seamos dóciles. La Universidad nunca debe serlo. En ella se forjan los científicos que han de aconsejar a los dirigentes y en ella han de formularse preguntas que tal vez irriten a muchos, pero que es necesario plantear".
Todos los ciudadanos universitarios tenemos muchas preguntas que formular, tenemos un papel que desempeñar para diseñar y desarrollar la Universidad que queremos. No nos llamemos a engaño: si no hay Universidad para todos, no habrá Universidad para nadie. Basta ya de imposiciones, basta ya de persecuciones. Caminemos hacia la luz, no hacia las tinieblas de la sumisión y la corrupción.
El conocimiento tiene una base ética. Algo anda muy mal en nuestra sociedad cuando la Universidad de Panamá, a lo largo de las últimas tres décadas viene formando profesionales con pocas luces, indiferentes a los problemas capitales de nuestro tiempo, que vive a espaldas a la desgarradora realidad nacional. Los principales temas, como el fortalecimiento de las instituciones democráticas, el crecimiento y desarrollo económico, el medio ambiente, el papel del Canal de Panamá, la responsabilidad de Panamá como parte de la sociedad internacional, no son dialogados ni debatidos en la Universidad de Panamá.
La revitalización de la democracia pasa por la Universidad, herramienta básica para conseguir una participación directa de todos los ciudadanos en el papel que les corresponde desempeñar en el presente y en el futuro, de su pueblo, de su ciudad, de su país y del mundo. Pero los actuales regentes de la Universidad han optado por imponer mecanismos que permitan mantener una Universidad desorientada, perpleja, engañada, escéptica que va a la deriva pero, orgullosamente radiante de caminar no hacia la luz, si no hacia atrás, hacia las tinieblas, a un galope sorprendente como resultado de sus ambiciones personalistas, exlusivistas, intolerantes y antidemocráticas.
Prueba de lo anterior es la "Propuesta de Anteproyecto de Ley Orgánica de la Universidad de Panamá", cuyo contenido se extiende a setenta y un artículos, cada uno más retrógrado que el otro. Una propuesta unilateral y excluyente, que no ha sido objeto de un verdadero examen por los universitarios y por la sociedad a la cual la Universidad se debe; que no es conocida por todos los integrantes de la Universidad; que ha sido elaborada a espaldas de los mecanismos de participación democrática; que no recoge los principios básicos de la educación superior contemporánea; que no es el reflejo de un análisis integral; que no permitiría a la Universidad cumplir con su función de docencia; que pondría a la Universidad de Panamá -aún más- a la retaguardia de la educación superior; que nos aleja de la generación del conocimiento y de una verdadera y estrecha relación con las innovaciones científicas; que le impediría a la Universidad hacer aportes significativos al desarrollo de Panamá; que burocratiza más las estructuras y formas de funcionamiento; que no facilita de manera efectiva la democratización en la participación de la discusión de toma de decisiones, que no respeta el papel de los profesores y de los estudiantes; que se burla de una ponderación seriamente académica; que decapita la posibilidad de elevar la eficacia y la eficiencia institucional; que nos ofrece un modelo de gestión universitaria obsoleto; que distorsiona los principios de la educación superior; que ignora los logros alcanzados por la humanidad y sus organismos de vanguardia educativa, como la UNESCO; que busca satisfacer la gula de poder de "los mismos con las mismas".
Cabe recordarles a quienes han impuesto, en medio de un plazo fatal, un "plebiscito" (y no plesbiscito como escribió la Rectoría), para que -sin discusión, debate, diálogo, tiempo, condiciones- a dos días del último día de clases, los universitarios se pronuncien con Sí o un No sobre su propuesta; lo que nos enseña Thomas Erskine: "Si a la razón se opone la razón, y a un argumento otro, todo buen gobierno estará a salvo. Las opiniones y el conocimiento no son artículos que puedan monopolizarse y cambiarse por billetes, estatuas o estandartes. No debemos convertir el conocimiento en una mercancía, etiquetarlo y gravarlo...". Hago mía las palabras pronunciadas por Federico Mayor Zaragoza, al terminar una conferencia que dictó en la Universidad Complutense de Madrid, cuando ocupaba el cargo de director general de la UNESCO: " Sr. Rector, tengo la esperanza de que nunca seamos dóciles. La Universidad nunca debe serlo. En ella se forjan los científicos que han de aconsejar a los dirigentes y en ella han de formularse preguntas que tal vez irriten a muchos, pero que es necesario plantear".
Todos los ciudadanos universitarios tenemos muchas preguntas que formular, tenemos un papel que desempeñar para diseñar y desarrollar la Universidad que queremos. No nos llamemos a engaño: si no hay Universidad para todos, no habrá Universidad para nadie. Basta ya de imposiciones, basta ya de persecuciones. Caminemos hacia la luz, no hacia las tinieblas de la sumisión y la corrupción.

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