Hacia un nuevo Archivo Nacional
Publicado 2006/06/18 23:00:00
- Mexicali
Desde la más remota noticia, los archivos han sido, por definición, repositorios de la memoria colectiva escrita de un pueblo, de un conglomerado humano.
El archivo custodia y preserva para el futuro la documentación trascendental en la cual está consignada la trayectoria humana, política, económica y cultural. Es el testimonio irrefutable de lo que se ha sido y hecho lo cual, en apreciable proporción, explica y da razón de las presentes realidades.
En Panamá existieron archivos civiles y eclesiásticos desde los siglos coloniales, en la época Departamental colombiana y después de instaurarse la República.
Sin embargo, no fue hasta 1912 que el Presidente Belisario Porras creó por Ley 43 el Archivo Nacional de Panamá. En 1924 ya tenía su sede majestuosa en el clásico edificio de la Avenida Perú. Visual de estadista aquella de Porras, con el argumento de que era necesario salvaguardar los preciosos documentos en los cuales se halla escrita la historia panameña.
Ochenta años más tarde, el archivo se encuentra en una vía altamente contaminada por la polución ambiental, el tráfico continuo de vehículos y la humedad propia de nuestro clima tropical que hace estragos en la integridad y legibilidad de los valiosos documentos.
Hace falta un nuevo Archivo Nacional, alejado de las áreas críticas del centro de la ciudad, un edificio que reúna todos los requisitos de la archivística moderna y dotado de las técnicas para restaurar y conservar el legado documental de la Nación.
Una sede así concebida deberá contar con procedimientos digitales (fotocopia, micropelícula, laboratorios, encuadernación) y el correspondiente personal científicamente capacitado, con profesionalismo y dedicación en el manejo y protección del insustituible material.
Igualmente, el archivo que soñamos ha de convertirse en un centro de irradiación cultural (exposiciones, conferencias, visitas de estudiantes y turistas, invitados ilustres) a fin de que las nuevas generaciones de panameños se sientan orgullosas de nuestra nacionalidad y del legado de nuestros prohombres y conozcan la incidencia de acontecimientos decisivos que marcaron los hitos en la marcha del país.
No es preciso ir hasta Europa para hallar modelos de archivos modernos y activos. Naciones inmediatamente vecinas, Colombia y Costa Rica, poseen sendos archivos que son instituciones ejemplares, con sedes imponentes donde el investigador tiene a su alcance todas las facilidades para arrancarle sus secretos al pretérito.
En Panamá, muchas instancias oficiales (Universidad, Seguro Social, Canal-valgan los ejemplos) están pasando por un proceso de actualización.
El Archivo Nacional no puede quedarse a la zaga de este ímpetu renovador para que cumpla plenamente su función de custodio y celoso protector del patrimonio histórico documental.
Expresado en otras palabras, sin adornos literarios, el archivo panameño, ha de ser una escuela dinámica de identidad.
El traslado del Mercado Público San Felipe Neri tuvo un costo de B/. 1.8 millón y actualmente tiene disponibles 173 puestos de venta para el público.
Para el proceso de demolición del viejo mercado, cuyas estructuras estaban deterioradas, se destinó una partida de unos B/. 85 mil.
Recientemente los comerciantes del Mercado de San Felipe se quejaron porque las instalaciones son muy calurosas.
El archivo custodia y preserva para el futuro la documentación trascendental en la cual está consignada la trayectoria humana, política, económica y cultural. Es el testimonio irrefutable de lo que se ha sido y hecho lo cual, en apreciable proporción, explica y da razón de las presentes realidades.
En Panamá existieron archivos civiles y eclesiásticos desde los siglos coloniales, en la época Departamental colombiana y después de instaurarse la República.
Sin embargo, no fue hasta 1912 que el Presidente Belisario Porras creó por Ley 43 el Archivo Nacional de Panamá. En 1924 ya tenía su sede majestuosa en el clásico edificio de la Avenida Perú. Visual de estadista aquella de Porras, con el argumento de que era necesario salvaguardar los preciosos documentos en los cuales se halla escrita la historia panameña.
Ochenta años más tarde, el archivo se encuentra en una vía altamente contaminada por la polución ambiental, el tráfico continuo de vehículos y la humedad propia de nuestro clima tropical que hace estragos en la integridad y legibilidad de los valiosos documentos.
Hace falta un nuevo Archivo Nacional, alejado de las áreas críticas del centro de la ciudad, un edificio que reúna todos los requisitos de la archivística moderna y dotado de las técnicas para restaurar y conservar el legado documental de la Nación.
Una sede así concebida deberá contar con procedimientos digitales (fotocopia, micropelícula, laboratorios, encuadernación) y el correspondiente personal científicamente capacitado, con profesionalismo y dedicación en el manejo y protección del insustituible material.
Igualmente, el archivo que soñamos ha de convertirse en un centro de irradiación cultural (exposiciones, conferencias, visitas de estudiantes y turistas, invitados ilustres) a fin de que las nuevas generaciones de panameños se sientan orgullosas de nuestra nacionalidad y del legado de nuestros prohombres y conozcan la incidencia de acontecimientos decisivos que marcaron los hitos en la marcha del país.
No es preciso ir hasta Europa para hallar modelos de archivos modernos y activos. Naciones inmediatamente vecinas, Colombia y Costa Rica, poseen sendos archivos que son instituciones ejemplares, con sedes imponentes donde el investigador tiene a su alcance todas las facilidades para arrancarle sus secretos al pretérito.
En Panamá, muchas instancias oficiales (Universidad, Seguro Social, Canal-valgan los ejemplos) están pasando por un proceso de actualización.
El Archivo Nacional no puede quedarse a la zaga de este ímpetu renovador para que cumpla plenamente su función de custodio y celoso protector del patrimonio histórico documental.
Expresado en otras palabras, sin adornos literarios, el archivo panameño, ha de ser una escuela dinámica de identidad.
El traslado del Mercado Público San Felipe Neri tuvo un costo de B/. 1.8 millón y actualmente tiene disponibles 173 puestos de venta para el público.
Para el proceso de demolición del viejo mercado, cuyas estructuras estaban deterioradas, se destinó una partida de unos B/. 85 mil.
Recientemente los comerciantes del Mercado de San Felipe se quejaron porque las instalaciones son muy calurosas.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.