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Opinión / Historia o leyenda

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Historia o leyenda

Publicado 2002/11/10 00:00:00
  • Humberto Ricord

Quien se acerque a la historia panameña con propósitos de conocimiento sobre sus hechos, advertirá que, lamentablemente, la misma presenta vacíos y hasta desfiguraciones notorias. En el siglo XX hemos tenido excelentes historiadores que han formulado contribuciones extraordinarias con relación a la historia nacional. Pero la historiografía completa, curada de silencios y de tergiversaciones, no puede ser obra de pocas personas, por más dotadas que estén de grandes capacidades.
El grueso volumen de la historia nacional, entreabierto por esos aportes, está muy lejos de haber sido explotado íntegra y científicamente. Ello tiene, desde luego, sus causas. En los gobiernos panameños es clásico su desinterés por el necesario apoyo que han debido prestarle al estudio de ese apartado trascendente que forma la historia panameña, lo que no es raro, puesto que le dispensan la misma negligencia que tienen para con los duros problemas nacionales (salud, vivienda, educación, etc.). Si esos gobiernos no han escuchado el coro lacerante de las necesidades colectivas, menos atención le han prestado a lo que no tiene una evidencia conturbadora de carne y hueso.
Es justo señalar que unas cuantas iniciativas privadas ocasionales han explorado lo que no puede ser más que una pequeña porción de esa terra incógnita que continúa siendo la historia nacional.
222Ojalá que el primer centenario de la República sea la oportunidad para que hagamos acto de contrición ante la leyenda negra y la dorada, y ante los espacios muy dudosos que ensombrecen la historia patria...
Cada fin de año, la efeméride separatista es ocasión frustránea para exhibir el déficit historiográfico que anotamos. Se han venido repitiendo, como una letanía murmurante, los lugares comunes de siempre, lo que ocupa el lugar de las obras indispensables para saber lo que hemos sido, como premisa inevitable para esclarecer lo que somos. Y en la última década han abrumado los artículos más o menos cortos, lastrados de supina ignorancia, que la reiteración no puede conjurar y que son posibles, como resultado de un fácil gaje del oficio. Todo ello ha venido profundizando un desconocimiento absoluto de los valores y méritos intrínsecos de la secesión panameña de 1903, lo que extiende el desconocimiento ciudadano en la materia.
El país colombiano que quiso yugular en su cuna de Independencia de 1903, al día siguiente de producida, nos inoculó una leyenda negra que todavía consumimos y pretendemos ocultar entre pecho y espalda, al no disponer de refutaciones legítimas. Tal fue la reacción inicial de los protagonistas de nuestra secesión de 1903, y que se convirtió en cosa juzgada, cuando optaron por la ley del silencio y, en algunos casos, hasta por ciertas versiones desfiguradas, presos de inexplicable complejo de culpa.
La independencia en sí, con sus yerros y sus virtudes, fue un decisivo paso de avance y culminación en la historia nacional de una sociedad que, duramente, sufrió y sufre el embate de fuerzas exógenas que siempre han gravitado en forma negativa sobre nuestros mejores esfuerzos espontáneos en pro de la identidad nacional. A lo anterior, podemos agregar la cantilena (también se puede decir cantinela) de gritos patrióticos de pecho, plenos de falsa arrogancia y de señalamientos sólo grandilocuentes, en el intento de colmar el hueco de concreciones (porque desconocemos la historia nacional, en su mayor extensión) que nos abruma lastimosamente. Todavía, cuando menos, le concedemos el beneficio de la duda a personajes extraordinariamente perniciosos, sin preocuparnos por ir al fondo de sus "hazañas", como es el caso de Bunau-Varilla.
Ojalá que el primer centenario de la República sea la oportunidad para que hagamos acto de contrición ante la leyenda negra y la dorada, y ante los espacios muy dudosos que ensombrecen la historia patria, a fin de que los gobiernos y los ciudadanos responsables nos dediquemos a saldar el déficit de esclarecimientos que padecemos en torno a nuestro pasado y de nuestro presente. Tal labor, estamos seguros, nos convencerá de que somos el pueblo que por cinco siglos ha persistido en su empeño colectivo de ser una nación congruente, verdad oscurecida por nuestra propia ignorancia actual. Hay que revaluar y escribir en forma íntegra, orgánica y científica la historia nacional, sobre todo la de los siglos XIX y XX.
De este modo en los libros referidos escruté con minuciosidad los enlaces del linaje NAVARRA, intuía que dicho apellido y su representación heráldica (las armas del reino de Navarra) no pasarían desapercibidas por los ilustres historiadores y heraldistas. Así fue como llegué al linaje BEAUMONT y NAVARRA, que por motivos de alianzas matrimoniales entroncaba con los monarcas del antiguo reino de Navarra.
De la rama de los Condes de Lerín tenía que descender nuestro ilustre difunto, ya que éstos fueron los que añadieron al escudo de armas de BEAUMONT Y NAVARRA (las cadenas de oro y el losanjado) a las tres flores de lis de oro en campo de azur. Ya casi podíamos identificarlo con propiedad como JUAN BITRIAN DE BEAUMONT Y NAVARRA.
Del cuartel que, no hemos podido obtener dato alguno, es el tercero, que intuitivamente y basado en la experiencia, describiremos como: en campo de plata dos calderas de sable, bordura de Castilla y León (en campo de gules un castillo de oro y en campo de plata un león rampante de gules), dicha representación heráldica, fue en sus comienzos (calderas de sable) un elemento recurrente de la ciencia heroica para representar a los denominados Rico Hombres de Mesnada, término empleado para designar a los ciudadanos que auspiciaban con su dinero y armas el equipamiento y manutención de otros soldados que combatían al sarraceno en la larga Reconquista española.
Dado que había hallado al ilustre personaje en mi biblioteca particular, aun habiendo escrutado los libros de índices de la Orden Militar de Calatrava y el Elenco de Títulos Nobiliarios, deduciendo que la cruz de Calatrava acolada y el uso de la Corona de Marqués, recurrí a una más profunda investigación, que me llevó a la Biblioteca Nacional de Panamá y al Archivo Histórico Nacional.
Tras varios días de consultas en la Biblioteca Nacional, en las que disfruté leyendo las obras del Académico de la extinguida Academia Panameña de la Historia, Manuel María Alba Carranza, de Dulio Arroyo Camacho, del Reverendo Félix M. Monasterio y de Juan Bautista Sosa, entre otros, confirmé el efímero ejercicio como Capitán General de Tierra Firme y Gobernador de la Real Audiencia de Panamá de "Juan Bitrián Navarra y Biamonte" (1650 -1651, interino).
Con este importante hallazgo me trasladé al Archivo Histórico Nacional, y tras la consulta a los Documentos del Archivo de Indias (relacionados con Panamá), compilados por el Padre Antonio Concha S.J. en enero de 1959; descubrí que existen dos documentos en los que JUAN BITRIAN BEAUMONT Y NAVARRA aparece como signatario "Juan Bitrián Navarra y Biamonte".
Ciertamente éste era el verdadero testimonio de presencia histórica en tierras panameñas de nuestro prócer del que en un estudio más profundo nos ocuparemos de su ascendencia y motivos de su nombramiento para el cargo tan importante que desempeñó.
Para el lector más curioso hay que aclararle que esta lápida funeraria no estuvo siempre en su actual lugar de ubicación, es más, ha tenido varios asentamientos.
En su origen, coincidiendo, supuestamente con la cubierta del féretro de Juan Bitrián, en 1651estuvo en la Iglesia Mayor; con posterioridad fue trasladada a la actual Parroquia de San Felipe, tal y como nos muestra la imagen (pág. 62) de la obra "Portobelo relicario de piedra" del Académico Manuel M. Alba, estuvo en el suelo, junto a la grada del altar en el lado del púlpito y hace tan solo tres años, para evitar su deterioro y pérdida de la pieza epigráfica por el paso de los fieles, el Párroco, con un excelente criterio digno de alabanza, decidió situarla erguida en el lugar que hoy ocupa.
Aunque no es la crítica mi intención, en la imagen expresada el Profesor Alba confunde al titular de los restos que reposaban bajo esa lápida atribuyéndolos al Duque de la Palata que, si bien tuvo también su enterramiento en aquella iglesia, no es su lápida sepulcral sino la de nuestro, ya bien conocido, Juan Bitrián.
Respecto a la representación gráfica del escudo, no pretendo aquí escribir un tratado de heráldica, así que solamente significaré la posible rareza en cuanto al timbre del escudo, la corona de marqués.
La corona de marqués se describe, "de oro realzada de tres florones vistos, con seis perlas puestas sobre pequeñas puntas entre los florones, que se levantan del aro o círculo engastado de piedras y de perlas, aunque era manifiesta representación de un título nobiliario sirvió para representar (con algunas variantes, que no es el caso) otros cargos y nombramientos como bien pudo ser el de Capital General de Tierra Firme y Gobernador de la Real Audiencia, pasando a denominarse en este caso, la corona, coronel.
Epígrafe: Inscripción». Escrito breve grabado en piedra, metal, etc., para conservar el recuerdo de alguien o de algún suceso.
Epigrafía: Estudio de las inscripciones antiguas y modernas.
Epitafio: Inscripción sepulcral. Alabastro: Mineral. Piedra caliza compacta, trasluciente, blanca amarillenta o veteada, usada para objetos de adorno.
Escudo (heráldico): Objeto que figura un escudo, sobre el que están representados los emblemas o armas de una ciudad, una nación, una familia noble, etc., las cuales lo usan como distintivo.
Heráldica: Conjunto de los conocimientos relacionados con los escudos nobiliarios.
Sin: Blasón, armerías. También denominada ciencia heroica.
Blasón: Conjunto de las cosas relacionadas con los escudos de armas. Tratado de ellas. Escudo de armas.
Cuartelado: Escudo dividido en cuatro partes.
Cuartel: Cualquiera de las divisiones de un escudo.
Azur: De color azul, esmalte del grupo de colores empleado en heráldica.
Lise (s): Flor de lis: estilización heráldica del lirio.
Oro: De su color, esmalte del grupo de los metales empleado en heráldica
Losanjado: Disposición continua de losanjes. Con figura de rombo. Elemento de ornamentanción del blasón.
Plata: De su color, esmalte del grupo de los metales empleado en heráldica.
Calderas: Caldero, recipiente de forma redondeada con asa. En heráldica se representa, habitualmente, con las terminaciones de sus asas simulando cabezas de serpientes.
Sable: De color negro, esmalte del grupo de colores empleado en heráldica
Bordura: Bordadura. Dibujo que rodea el escudo en su perímetro.
Castilla y León: En este caso se refiere a la representación de las armerías de dichos reinos, en la actualidad, nombre de la Comunidad Autónoma del Reino de España, cuyo blasón se conserva en la actualidad.
Gules: De color rojo, esmalte del grupo de colores empleado en heráldica.
Castillo: Figura que representa una torre, o varias unidas por muros; es la pieza principal del escudo de España.
León rampante: Se aplica al animal, especialmente al león, que está con las garras levantadas en actitud de coger y la mano abierta.
Armado de gules: Provisto de cierta cosa con la que se puede atacar, defenderse o hacer fuerza, en este caso, heráldicamente, se refiere a la distinta coloración (roja) de su lengua y uñas.
Cadena de oro: Simbología del antiguo Reino de Navarra.
Acolar: Poner formando aspa detrás del escudo o alrededor de él ciertas señales de distinción, como cruces, llaves, banderas o cadenas.
Flordelisada: Cruz adornada en sus terminaciones, o brazos, con flores de lis.
Timbre: Insignia o elemento que se coloca en la parte superior de los escudos de armas para distinguir los grados de nobleza o cargos.
Coronel: Corona heráldica
Oscense: Gentilicio de los originarios de la ciudad de Huesca, capital de la provincia del mismo nombre de la Comunidad Autónoma de Aragón del Reino de España.
Solar de origen: Casa. Lugar de origen de linaje noble.
Pirenáica: Relativo a los Pirineos. Cadena montañosa del norte de España, que forma una frontera natural con Francia.
Infanzonía: Hidalgo de los pertenecientes a cierta clase que tenía limitado el poder sobre sus dominios.
Hidalguía: Cualidad de hidalgo o hijodalgo: de carácter noble, caballeroso, generoso o magnánimo.
Maravedí: Moneda española antigua de distintos valores según las épocas, y, algunas veces, imaginaria.
Entroncar: Tener parentesco con cierta persona o linaje o descender de ellos. Afirmar de alguien que desciende de cierta persona o linaje o tiene parentesco con ellos.
Mesnada: Persona que auspiciaba, con armas y alimentos un conjunto de gente armada que estaba al servicio de un rey o señor.
Sarraceno: Por extensión, musulmán de los que llevaron a cabo la conquista de distintos países; particularmente, moro de la España de la Reconquista
Calatrava: Orden Militar instituida por el Rey Sancho III de Castilla, hacia el año 1158 en el lugar del mismo nombre (Calatrava, España), beneficiada con gran parte de los bienes de la Orden Militar del Temple (Templarios) tras su disolución. Se representa con una cruz de color rojo, de brazos iguales terminados en flor de lis.
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