Editorial
Mar del Sur
Hace 500 años, la historia universal se concentró en el océano Pacífico, e inauguró una nueva era en la comunicación marítima, el comercio internacional y como punto
Hace 500 años, la historia universal se concentró en el océano Pacífico, e inauguró una nueva era en la comunicación marítima, el comercio internacional y como punto de partida de expediciones destinadas el encuentro de civilizaciones europeas, americanas y asiáticas. El océano estaba a la orilla de las tierras del Istmo desde el principio del mundo. Pero, a partir del 25 de septiembre de 1513, ha sido decisiva la gravitación de la evolución histórica que puso en marcha la llegada de Vasco Núñez de Balboa, gracias a la orientación geográfica de los aborígenes de la tierra. Ellos pescaban, extraían valiosas perlas de las profundidades oceánicas, le dieron un valor agregado a la llamada Mar del Sur, presintiendo que sus actividades iban a marcar rutas extraordinarias al servicio de la humanidad.
La historia vuelve a cobijarse en esta tierra, desde diversas perspectivas. Los panameños del año 2013 hemos respondido al inmenso desafío, transformando el océano Pacífico en la parte principal del desarrollo económico, tecnológico y social. Como profetizó el Libertador Simón Bolívar, Panamá estaba predestinada a ser el centro del universo, por su posición geográfica, por la convergencia de vías de comunicación marítimas, aéreas, ferroviarias, terrestres, por la hospitalidad inherente al espíritu cosmopolita de la idiosincrasia nacional. Rechazamos fueros y privilegios por raza, religión, sexo, y garantizamos la igualdad jurídica de nacionales y extranjeros. Templos católicos, sinagogas, ortodoxos griegos, mezquitas, pagodas rinden culto sin hostilidad ni temor alguno.
Descubrimiento, avistamiento, encuentro, no importa la expresión que se elija para conmemorar el acontecimiento que cambió el mundo. El océano Pacífico confirmó la redondez de la tierra, abrió rutas para arribar a las naciones australes, modificó las cartas geográficas del siglo XVI, llenó las arcas europeas con metales preciosos arrancados a sangre y fuego, asombró con la riqueza exuberante de una flora y una fauna sin parangón, deslumbró con la majestad y vastedad de sus montañas, ríos, lagos. Un cronista español escribió que el descubrimiento de América fue el hecho más extraordinario desde que Dios creó el universo. Un escritor americano ponderó que, internacionalmente, en el desayuno, almuerzo y la cena, el consumo cotidiano de papas, maíz, tomates, recuerda el notable aporte alimenticio americano.
Nos corresponde históricamente a los panameños la tarea de unir a los pueblos que respetan la paz y la convivencia civilizada. La historia ha puesto a prueba en variadas circunstancias la definición y defensa de la soberanía. No vacilamos en llegar al sacrificio de vidas en defensa de nuestro inalienable derecho a la preservación de la integridad territorial y la identidad cultural. Pero la vocación panameña es vivir en paz, acoger a quienes llegan de buena voluntad, trabajar indesmayablemente en el acrecentamiento de una riqueza que se distribuya en función de capacidades y necesidades sociales, con una política de realizaciones concretas y destierro de posturas demagógicas extremistas.
El gobierno que preside Ricardo Martinelli está cumpliendo con sus obras y programas de asistencia social con los retos que empezaron a hacer historia hace 500 años, en la convivencia de españoles y naturales en Santa María del Darién.

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