Partido Revolucionario Democrático vs anti-PRD
Publicado 2000/07/09 23:00:00
El PRD es el partido más grande y uno de los más protagónicos de Panamá. Por lo general, entre el 15% y 17% de las personas figuran como "indecisos" en las encuestas de opinión cuando hay torneos electorales. Los demás panameños, o somos PRD o somos Anti-PRD. No se oye hablar de personas que sean anti-Cambio Democrático o anti-Liberal. Ningún otro colectivo tiene más detractores que adherentes. El PRD sólo pierde elecciones populares cuando los anti-PRD se unen en alianzas tan disímiles que piensan, entonces, en cuidarse las espaldas unos de otros, como ocurrió en el gobierno de Guillermo Endara con la estrella verde.
La historia de los torneos electorales de los últimos 10 años, indica que el voto PRD no llega al 40%. En el "89, Carlos Duque no logró el 35% de los votos, perdiendo ante una alianza anti-PRD, encabezada por Guillermo Endara. En el "94, tampoco Pérez Balladares alcanza la tercera parte de dos votos, mas logra la Presidencia de la República por la falta de unidad en el grupo anti-PRD, que lanza candidaturas independientes que se estrellan contra la candidatura única PRD; la propuesta re-eleccionaria de Pérez Balladares, aupada por el PRD y rechazada por los anti-PRD, fracasa al no conseguir el 40% de aprobación, y así llegamos al torneo electoral del "99, cuando Martín logra un 38% de aceptación.
Aunque Balladares y Martín participan en anteriores gobiernos PRD, logran mantener un perfil lo bastante discreto como para atraer algo de aquel voto indeciso. Esto funciona mejor, quizás, para Pérez Balladares. Para su campaña, la Presidencia la ocupaba un arnulfista y reinaba el clásico inconformismo con el gobierno, mismo que ha provocado que, de 1960 a la fecha, gane el candidato lanzado por la oposición -exceptuando el cuestionado triunfo de Ardito Barletta sobre Arnulfo Arias -sobre el oficialista. Martín, sabedor de que el inconformismo pesaba en su contra, vende su plan de gobierno como un no-continuismo con el esquema Pérez Balladares, lo que le gana algunas simpatías con el voto joven, que no se identificó con la propia juventud del candidato. El final de esta historia es harto conocido.
Lo asombroso del PRD resulta su unidad monolítica para apoyar sus candidatos. Cuando realizan campañas para elecciones internas en el partido, cada miembro apoya a su candidato favorito -incluso con ataques a los otros o saboteos a sus candidaturas-, pero cuando tienen un ganador en primarias, todos quedan convencidos de que esa es la persona que puede aliviar los problemas del país. Justo antes de las últimas primarias, alguien muy allegado -PRD de tuerca y tornillo -aseguraba: "A Oranges no le gana nadie". Sobre Martín, decía: "Este es un chiquillo que tiene que esperar como 10 a 15 años para tirarse. A Oranges no le hace ni los mandatos". Al ganar Martín, decía entonces: "Ahora sí que no nos para nadie. Martín es el hombre". Típica postura partidista.
El PRD evitaría a toda costa que Panamá adopte el modelo de la segunda ronda electoral, según el cual los dos candidatos más votados de la primera ronda, pasan a una segunda vuelta, a menos que alguno consiga la mayoría absoluta (50% +1) de los votos en la primera ronda. ¿Por qué? Porque siempre llegarían a la segunda ronda, el candidato respaldado por el PRD y un candidato que representaría a la facción anti-PRD. El PRD seguiría consiguiendo el 40% (o menos) de los votos y podría perpetuarse en la oposición, negociando gobernabilidad desde el Parlamento.
Triste consuelo: aunque los arnulfistas, los liberales auténticos, los demócrata cristianos (o como quieran llamarse ahora) o los molirenas ocupen el poder, no dejarán de ser oposición, porque los panameños, o somos PRD o hacemos lo que sea necesario para oponernos a otro de sus gobiernos.
La historia de los torneos electorales de los últimos 10 años, indica que el voto PRD no llega al 40%. En el "89, Carlos Duque no logró el 35% de los votos, perdiendo ante una alianza anti-PRD, encabezada por Guillermo Endara. En el "94, tampoco Pérez Balladares alcanza la tercera parte de dos votos, mas logra la Presidencia de la República por la falta de unidad en el grupo anti-PRD, que lanza candidaturas independientes que se estrellan contra la candidatura única PRD; la propuesta re-eleccionaria de Pérez Balladares, aupada por el PRD y rechazada por los anti-PRD, fracasa al no conseguir el 40% de aprobación, y así llegamos al torneo electoral del "99, cuando Martín logra un 38% de aceptación.
Aunque Balladares y Martín participan en anteriores gobiernos PRD, logran mantener un perfil lo bastante discreto como para atraer algo de aquel voto indeciso. Esto funciona mejor, quizás, para Pérez Balladares. Para su campaña, la Presidencia la ocupaba un arnulfista y reinaba el clásico inconformismo con el gobierno, mismo que ha provocado que, de 1960 a la fecha, gane el candidato lanzado por la oposición -exceptuando el cuestionado triunfo de Ardito Barletta sobre Arnulfo Arias -sobre el oficialista. Martín, sabedor de que el inconformismo pesaba en su contra, vende su plan de gobierno como un no-continuismo con el esquema Pérez Balladares, lo que le gana algunas simpatías con el voto joven, que no se identificó con la propia juventud del candidato. El final de esta historia es harto conocido.
Lo asombroso del PRD resulta su unidad monolítica para apoyar sus candidatos. Cuando realizan campañas para elecciones internas en el partido, cada miembro apoya a su candidato favorito -incluso con ataques a los otros o saboteos a sus candidaturas-, pero cuando tienen un ganador en primarias, todos quedan convencidos de que esa es la persona que puede aliviar los problemas del país. Justo antes de las últimas primarias, alguien muy allegado -PRD de tuerca y tornillo -aseguraba: "A Oranges no le gana nadie". Sobre Martín, decía: "Este es un chiquillo que tiene que esperar como 10 a 15 años para tirarse. A Oranges no le hace ni los mandatos". Al ganar Martín, decía entonces: "Ahora sí que no nos para nadie. Martín es el hombre". Típica postura partidista.
El PRD evitaría a toda costa que Panamá adopte el modelo de la segunda ronda electoral, según el cual los dos candidatos más votados de la primera ronda, pasan a una segunda vuelta, a menos que alguno consiga la mayoría absoluta (50% +1) de los votos en la primera ronda. ¿Por qué? Porque siempre llegarían a la segunda ronda, el candidato respaldado por el PRD y un candidato que representaría a la facción anti-PRD. El PRD seguiría consiguiendo el 40% (o menos) de los votos y podría perpetuarse en la oposición, negociando gobernabilidad desde el Parlamento.
Triste consuelo: aunque los arnulfistas, los liberales auténticos, los demócrata cristianos (o como quieran llamarse ahora) o los molirenas ocupen el poder, no dejarán de ser oposición, porque los panameños, o somos PRD o hacemos lo que sea necesario para oponernos a otro de sus gobiernos.

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