Política e ideología panameñas
Publicado 2004/03/31 00:00:00
- Humberto E. Ricord
Una de las características de la política panameña consiste en el reducido y casi nulo lugar que ocupa en ella la ideología. La política mundial del siglo XX fue penetrada por posiciones ideológicas, en que los grandes sistemas de pensamiento político desempeñaron un rol de primer orden como orientadores de la conciencia de los hombres, en un sentido u otro. Nunca antes el factor ideológico dirigió la conducta humana, como en la centuria que acaba de pasar. Incluso, la II Guerra Mundial confirmó el apotegma de Clausewitz: "la guerra es la continuación de la política con otros medios". Es decir, con medios bélicos, pues las principales naciones del mundo se adhirieron, unas, a la concepción política del nazismo y fascismo (Italia, Alemania, Japón y sus satélites), en tanto otras defendieron los principios democráticos (EE.UU., Gran Bretaña, Francia, China) o una tesis socialista tiránica (Rusia Soviética y sus satélites). Los últimos dos grupos unieron esfuerzos bélicos y barrieron militarmente el totalitarismo de ultraderecha, entre 1939 y 1945.
A pesar de las guerras independentistas latinoamericanas, de principios del siglo XIX, que derrotaron en los campos de batalla al Imperio español, la adhesión de los hombres a principios políticos que entonces los llevaban a las trincheras bélicas, América Latina, a lo largo del Decimonono vino deponiendo esa política ideológica hacia fuera, para engarzarse en una guerra civil hacia adentro que, al terminar después de casi un siglo, comenzó a crear un vacío ideológico, incluso en el fuero personal de los hombres. A tal involución se ha debido que las contiendas políticas vinieran cobrando, cada vez más el sello del personalismo y del vacío ideológico.
Durante el siglo XX, Panamá sufre una experiencia análoga. La división población entre liberales y conservadores, que se da en los tres años de la Guerra de los Mil Días, prácticamente le pone a la oposición política entre uno y otros bandos. La Independencia trae una especie de entendimiento del bipartidismo ideológico imperante, y la compactación de grupos liberales con fracciones conservadoras, para dominar la Presidencia de la República, caracteriza el triunfo electoral del conservador Amador Guerrero, hasta 1908, y el del conservador también José Domingo de Obaldía en la elección presidencial siguiente.
Los doce años de la hegemonía liberal de Belisario Porras fortalecen transitoriamente la fe ideológica liberal, porque en los períodos presidenciales subsiguientes prevalezca el ocaso ideológica que será el síntoma externo de las divisiones personalistas del Liberalismo y del trastorno final del Conservatismo.
El desfallecimiento ideológico del Conservatismo precipita rápidamente su desaparición, a mediados de los 30. Y aunque aún con buen contingente humano, el Liberalismo inicia su fraccionamiento en partidos individualistas, que marcan su ocaso ideológico. Desde el comienzo de los años 20, los ecos ideológicos del comunismo y la revolución bolchevique, así como el movimiento de clase media denominado Acción Comunal, desafían abiertamente al Liberalismo debilitado por una especie de esclerosis ideológico-política, que en los primeros 30 se fracciona en Dominguismo (Domingo Díaz), Panchismo (Francisco "Pancho" Arias), Jimenismo (Enrique A. Jiménez), Porrismo (Belisario Porras), Arnulfismo (Arnulfo Arias, aunque militó a pocos días del 2 de enero de 1931 en Acción Comunal) y otros "ismos" menores, que son nuncios de la desaparición del Liberalismo y del inicio del personalismo.
Desde la II Guerra Mundial, ya la política nacional es el campo agostado de un personalismo oligárquico desprovisto de todo matiz ideológico. El más crudo oportunismo politiquero y la utilización personal del poder político no pueden ocultar, sino destacar el imperio de la orfandad principista, aunque todavía se utilizan algunos viejos nombres, pero sin alientos ideológicos. Ya en 1968, la crisis de las facciones oligárquicas le abre la puerta a la Guardia Nacional, que venía en un ascenso de árbitro inicial de las reyertas oligárquicas, y que da su Golpe de Cuartel, adscribiéndose a las prácticas del Estado policíaco, en su primera época de la dictadura torrijista, y después, con su hija legítima, la narcodictadura norieguista, defenestrada por la Invasión norteamericana, lapso que constituye, la época más negra de la historia panameña, desde la colonia española hasta el presente, cosa que no debemos olvidar.
A pesar de las guerras independentistas latinoamericanas, de principios del siglo XIX, que derrotaron en los campos de batalla al Imperio español, la adhesión de los hombres a principios políticos que entonces los llevaban a las trincheras bélicas, América Latina, a lo largo del Decimonono vino deponiendo esa política ideológica hacia fuera, para engarzarse en una guerra civil hacia adentro que, al terminar después de casi un siglo, comenzó a crear un vacío ideológico, incluso en el fuero personal de los hombres. A tal involución se ha debido que las contiendas políticas vinieran cobrando, cada vez más el sello del personalismo y del vacío ideológico.
Durante el siglo XX, Panamá sufre una experiencia análoga. La división población entre liberales y conservadores, que se da en los tres años de la Guerra de los Mil Días, prácticamente le pone a la oposición política entre uno y otros bandos. La Independencia trae una especie de entendimiento del bipartidismo ideológico imperante, y la compactación de grupos liberales con fracciones conservadoras, para dominar la Presidencia de la República, caracteriza el triunfo electoral del conservador Amador Guerrero, hasta 1908, y el del conservador también José Domingo de Obaldía en la elección presidencial siguiente.
Los doce años de la hegemonía liberal de Belisario Porras fortalecen transitoriamente la fe ideológica liberal, porque en los períodos presidenciales subsiguientes prevalezca el ocaso ideológica que será el síntoma externo de las divisiones personalistas del Liberalismo y del trastorno final del Conservatismo.
El desfallecimiento ideológico del Conservatismo precipita rápidamente su desaparición, a mediados de los 30. Y aunque aún con buen contingente humano, el Liberalismo inicia su fraccionamiento en partidos individualistas, que marcan su ocaso ideológico. Desde el comienzo de los años 20, los ecos ideológicos del comunismo y la revolución bolchevique, así como el movimiento de clase media denominado Acción Comunal, desafían abiertamente al Liberalismo debilitado por una especie de esclerosis ideológico-política, que en los primeros 30 se fracciona en Dominguismo (Domingo Díaz), Panchismo (Francisco "Pancho" Arias), Jimenismo (Enrique A. Jiménez), Porrismo (Belisario Porras), Arnulfismo (Arnulfo Arias, aunque militó a pocos días del 2 de enero de 1931 en Acción Comunal) y otros "ismos" menores, que son nuncios de la desaparición del Liberalismo y del inicio del personalismo.
Desde la II Guerra Mundial, ya la política nacional es el campo agostado de un personalismo oligárquico desprovisto de todo matiz ideológico. El más crudo oportunismo politiquero y la utilización personal del poder político no pueden ocultar, sino destacar el imperio de la orfandad principista, aunque todavía se utilizan algunos viejos nombres, pero sin alientos ideológicos. Ya en 1968, la crisis de las facciones oligárquicas le abre la puerta a la Guardia Nacional, que venía en un ascenso de árbitro inicial de las reyertas oligárquicas, y que da su Golpe de Cuartel, adscribiéndose a las prácticas del Estado policíaco, en su primera época de la dictadura torrijista, y después, con su hija legítima, la narcodictadura norieguista, defenestrada por la Invasión norteamericana, lapso que constituye, la época más negra de la historia panameña, desde la colonia española hasta el presente, cosa que no debemos olvidar.

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