¿Por qué discriminar a las mujeres?
Publicado 2002/10/10 23:00:00
- Carlos A. RodrÃguez / VÃctor Santos
El motivo de las reformas a las estructuras de la Caja de Seguro Social (CSS), que discuten los distintos grupos de opinión y el anuncio, muy criticado por cierto, de posibles rebajas a su presupuesto operativo, me dan la oportunidad para dejar sentada mi posición. Si bien es cierto que se hace necesario legislar para evitar las fugas que desde hace tiempo se vienen dando en el tema de los salarios que, en buena medida, los ingresos de las personas se disfrazan como gastos de representación, también se hace necesario en las reformas que se introducirán para salvar el Fondo de Jubilación, Vejez y Muerte, que los sacrificios se hagan por parejo; que las cargas sean compartidas y no a costilla de un sector sobre el otro. Debemos evitar la demagogia y, mucho más, dejarnos llevar por ideologías trasnochadas para encontrar las soluciones.
El Seguro Social merece que en los temas que afectan su funcionamiento se actúe con objetividad y alejados de todo beneficio personal, político o gremial. Este no pertenece ni es patrimonio de nadie, ni de ningún grupo en particular. Esgrimir el tema de la privatización es innecesario e inclusive demagógico. Privatización que está sólo en la mente de unos pocos y es convenientemente utilizada como escudo para ocultar la incapacidad. Nadie, responsablemente, la ha introducido y la propia formación de la CSS al separarla del Estado y ser un ente independiente, cuyos dueños son los que aportan sus cuotas, es un claro ejemplo que la misma no es una empresa estatal sino privada, porque pertenece en esencia a miles de trabajadores.
En días pasados leí un excelente artículo escrito por la Licda. Mariblanca Staff Wilson, “Género y Tercera Edad”. La distinguida escritora hizo referencias sumamente interesantes en cuanto a la longevidad de las personas aportando cifras que nos demuestran que las mujeres viven mucho más que los hombres. Nos decía que en el siglo XX el promedio de vida del ser humano aumentó en 20 años; agregando que hoy día en el mundo de las personas con una edad mayor de 60 años, 303 millones son mujeres contra 204 millones de hombres y señalaba que, por ejemplo, en Rusia la diferencia es alrededor de 12 años entre un sexo y el otro. Hoy, entre las reformas propuestas, no sé por quién, está la de igualar la edad de jubilación de los hombres y las mujeres, hecho que provocó “el grito en el cielo” por parte de algunos, sin haberse tomado el trabajo de realizar un análisis de los años promedio de vida de los diferentes sexos. No sólo en Panamá sino en el mundo entero, existen grupos que buscan la igualdad entre el hombre y la mujer en las oportunidades de trabajo, de salario, etc. y que luchan contra toda discriminación.
La mujer ha demostrado, sobre todo en el último decenio, gran talento, capacidad de trabajo e independencia de criterio. Ha ocupado con gran lucidez posiciones como jefes de Estado, magistraturas de los tribunales de justicia, miembros prominentes de las legislaturas y otros de igual jerarquía, cargos que antes, por una odiosa discriminación, les estaba vedado. Si en el Panamá de hoy que se les abre las puertas a las mujeres y éstas por su talento, capacidad de trabajo y educación se destacan cada día más en todas las actividades públicas o privadas que se realizan, no debemos contribuir a la discriminación de ellas, aunque sea favoreciéndolas con un retiro ventajoso; estamos con ello, tal vez sin quererlo, afectando el movimiento que con tanta justicia y consistencia han mantenido los líderes de los grupos anti-discriminatorios tendientes a poner fin a las diferencias existentes entre hombres y mujeres. Sé que mi comentario creará polémica, opiniones contrarias y aún críticas, pero puedo asegurarles que siempre le he rendido culto y pleitesía a la mujer y las admiro por sus muchas cualidades tanto físicas como espirituales, lo que no es óbice para que me oponga a que no sean tratadas por igual a nosotros, los hombres, aunque tengan ellas tan poderosa arma como la coquetería.
Estoy seguro que las dirigentes de las mujeres, que con sus luchas incansables buscan la igualdad en las oportunidades, también rechazarán los privilegios en los beneficios.
Sobre la edad de retiro en general, considero que deben establecerse nuevas reglas que guarden relación con el promedio de vida del panameño en estos inicios del siglo XXI. En los ‘80 este era de 70.4 años; en 1990 aumentó a 72.2; en el 2000 a 74.5 y se espera que en el 2010 sobrepase los 76 años y 10 ó 15 años después llegará a los 80. Son estos factores los que deben tomarse muy en cuenta para el establecimiento de una tabla. En la nueva escala por justicia y equidad, los que están pronto a su retiro, pueden postergarse la misma sólo a algunos meses, pero los que acaban de nacer o se integran hoy al sistema de seguridad social y que tienen una expectativa de vida de 15 ó 20 años más que la generación precedente, no es justo que reciban los beneficios del retiro en igual forma.
Esto provocaría, sin la menor duda, el desajuste actuarial de la CSS. Si los responsables del manejo de la CSS actúan con demagogia, politiquería o motivaciones ideológicas y no tienen visión del futuro, sino que buscan toda solución a los déficit de la seguridad social en la adopción de medidas populistas o paternalistas del Estado, las futuras generaciones pagarán las consecuencias, pero ellos también.
El Seguro Social merece que en los temas que afectan su funcionamiento se actúe con objetividad y alejados de todo beneficio personal, político o gremial. Este no pertenece ni es patrimonio de nadie, ni de ningún grupo en particular. Esgrimir el tema de la privatización es innecesario e inclusive demagógico. Privatización que está sólo en la mente de unos pocos y es convenientemente utilizada como escudo para ocultar la incapacidad. Nadie, responsablemente, la ha introducido y la propia formación de la CSS al separarla del Estado y ser un ente independiente, cuyos dueños son los que aportan sus cuotas, es un claro ejemplo que la misma no es una empresa estatal sino privada, porque pertenece en esencia a miles de trabajadores.
En días pasados leí un excelente artículo escrito por la Licda. Mariblanca Staff Wilson, “Género y Tercera Edad”. La distinguida escritora hizo referencias sumamente interesantes en cuanto a la longevidad de las personas aportando cifras que nos demuestran que las mujeres viven mucho más que los hombres. Nos decía que en el siglo XX el promedio de vida del ser humano aumentó en 20 años; agregando que hoy día en el mundo de las personas con una edad mayor de 60 años, 303 millones son mujeres contra 204 millones de hombres y señalaba que, por ejemplo, en Rusia la diferencia es alrededor de 12 años entre un sexo y el otro. Hoy, entre las reformas propuestas, no sé por quién, está la de igualar la edad de jubilación de los hombres y las mujeres, hecho que provocó “el grito en el cielo” por parte de algunos, sin haberse tomado el trabajo de realizar un análisis de los años promedio de vida de los diferentes sexos. No sólo en Panamá sino en el mundo entero, existen grupos que buscan la igualdad entre el hombre y la mujer en las oportunidades de trabajo, de salario, etc. y que luchan contra toda discriminación.
La mujer ha demostrado, sobre todo en el último decenio, gran talento, capacidad de trabajo e independencia de criterio. Ha ocupado con gran lucidez posiciones como jefes de Estado, magistraturas de los tribunales de justicia, miembros prominentes de las legislaturas y otros de igual jerarquía, cargos que antes, por una odiosa discriminación, les estaba vedado. Si en el Panamá de hoy que se les abre las puertas a las mujeres y éstas por su talento, capacidad de trabajo y educación se destacan cada día más en todas las actividades públicas o privadas que se realizan, no debemos contribuir a la discriminación de ellas, aunque sea favoreciéndolas con un retiro ventajoso; estamos con ello, tal vez sin quererlo, afectando el movimiento que con tanta justicia y consistencia han mantenido los líderes de los grupos anti-discriminatorios tendientes a poner fin a las diferencias existentes entre hombres y mujeres. Sé que mi comentario creará polémica, opiniones contrarias y aún críticas, pero puedo asegurarles que siempre le he rendido culto y pleitesía a la mujer y las admiro por sus muchas cualidades tanto físicas como espirituales, lo que no es óbice para que me oponga a que no sean tratadas por igual a nosotros, los hombres, aunque tengan ellas tan poderosa arma como la coquetería.
Estoy seguro que las dirigentes de las mujeres, que con sus luchas incansables buscan la igualdad en las oportunidades, también rechazarán los privilegios en los beneficios.
Sobre la edad de retiro en general, considero que deben establecerse nuevas reglas que guarden relación con el promedio de vida del panameño en estos inicios del siglo XXI. En los ‘80 este era de 70.4 años; en 1990 aumentó a 72.2; en el 2000 a 74.5 y se espera que en el 2010 sobrepase los 76 años y 10 ó 15 años después llegará a los 80. Son estos factores los que deben tomarse muy en cuenta para el establecimiento de una tabla. En la nueva escala por justicia y equidad, los que están pronto a su retiro, pueden postergarse la misma sólo a algunos meses, pero los que acaban de nacer o se integran hoy al sistema de seguridad social y que tienen una expectativa de vida de 15 ó 20 años más que la generación precedente, no es justo que reciban los beneficios del retiro en igual forma.
Esto provocaría, sin la menor duda, el desajuste actuarial de la CSS. Si los responsables del manejo de la CSS actúan con demagogia, politiquería o motivaciones ideológicas y no tienen visión del futuro, sino que buscan toda solución a los déficit de la seguridad social en la adopción de medidas populistas o paternalistas del Estado, las futuras generaciones pagarán las consecuencias, pero ellos también.

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