Reflexiones
¿Por qué muere la gente?
- Alexis Javier Sinclair Padilla
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- opinion@epasa.com
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...me dejó en el alma estos sentimientos tan profundos de amor por los seres humanos, pensé. ¿por qué te fuiste y no me llevaste?
"En la muralla en donde grabé tu nombre han pasado desde lluvias y aguaceros tímidos hasta huracanes y tsunamis, sin embargo, nadie pudo eliminar tu aroma y menos tu esencia, así pude corroborar que las hojas no se marchitan ni la vida acaba, todo transmuta, se prolonga en esa creación infinita de Dios".
De pie lo veía y no podía creer, inerte ahí en ese recinto eclesial permanecía el cuerpo de mi padre, le hablaba como siempre, y él me sonreía como pocas veces lo vi hacerlo, como niño, tal como si en vez de muerto hubiera pasado a un estadio de mayor vida. Al dejarlo en su urna, luego de la cremación, supuse que jamás volvería a verlo, qué errado estaba, desde aquel momento hemos sido inseparables amigos. Él me cuida, y me aconseja con más dedicación, ya nunca está apurado, no le duele nada, solo piensa en mí y en sus seres queridos.
Pocos años pasaron y algo innatural sucedió, pues un hermano fue llamado a pastorear junto al Señor, era joven, atrevido y picarón, curioso, jamás estuvimos mucho tiempo juntos, pero fueron inolvidables aquellos momentos y ahora que él no tiene otras obligaciones que velar por nosotros, hablamos de eso que compartimos y compartimos más que eso, paradoja de la vida o estrofa inconclusa que es la muerte.
A los 14 años se me fue mi abuela, y eso me perturbó tanto y por mucho tiempo. Ella me había criado, me dejó en el alma estos sentimientos tan profundos de amor por los seres humanos, pensé. ¿por qué te fuiste y no me llevaste? Y así anduve, perplejo y mal geniudo, converso a la discordia y confrontación, se había ido el ser que más amaba y no podía resistirlo. Fue mi primer encuentro con la de la túnica oscura y los ojos impenetrables, la señora del llanto y las desgracias pendencieras, pero quién iba a pensar que, en un sueño, ella atrevida y lisonjera me retara a conversar. Así pasó, como les cuento. Hablé con la vida a través de la muerte y pude percatarme de que la gente muere si no la disfrutamos en vida y las desconocemos cuando fallecen, sí, señor, la pálida solo es la fachada, el boleto, el transporte, medio o portal que los lleva a estar más junto a nosotros, sin angustias, sin relojes. Por eso, hablo con todos ellos y con otros que también han partido, ahora les disfruto y atiendo con mayor gusto, no les temo ni les añoro, sino les vivo y les disfruto aún más que en antaño. Por eso puedo decir que sé que morir no es el fin, ni la vida el principio, pues esta no tiene fin, viven los muertos que hacemos vivir, esos que están en nuestro corazón para siempre. Te amo, Delfina.
Abogado

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