Repertorio Talleyrand l754 a l838
Publicado 2006/05/20 23:00:00
- Nathali Reyes
... el monarca leyó a Talleyrand un proyecto de constitución que pensaba presentarle al parlamento.
Bautizado Charles Maurice de Talleyrand Périgord, este francés fue uno de los más extraordinarios hombres de su época. Religioso, político y diplomático, desde temprana edad ofreció señales de su inteligencia por la cual podía presagiarse un brillante futuro. En efecto, destacó pronto. Apenas pasados los 2l años de edad, se le otorgó una abadía o sea que se constituyó en superior de un convento, y a los 34 ya era obispo.
Al estallar la revolución, el l4 de julio de l789, la Iglesia quedó controlada por el Estado. Talleyrand propició la confiscación de sus bienes, lo que le causó la excomunión por el Papa y le fue levantada más tarde tras una retractación y firmar su sumisión a la autoridad pontificia.
Hombre de asombrosa frialdad, en una ocasión, mientras leía un panfleto que se había escrito contra él, se durmió.
Talleyrand contribuyó a consolidar a Napoleón en el poder; caído éste se debió a él la restauración de la monarquía en Francia a favor de quien fuera el rey Luis XVIII.
En una ocasión el monarca leyó a Talleyrand un proyecto de constitución que pensaba presentarle al parlamento. Tras haberle escuchado, le observó que había omitido señalarle asignaciones a los diputados y el rey le dijo No. Creo que la función de diputado ha de ser gratuita. Así se ejerce no por el dinero, sino por el bien del país. Entonces Talleyrand le dijo al rey: Sí, majestad. Pero esas funciones, si son gratuitas, salen muy caras. El rey lo pensó y decidió fijarle asignaciones a los diputados, a fin de hacerle más llevadero el sacriificio.
Pensemos por un momento cuál sería la reacción frente a una novela y película basadas en una conspiración de los judíos para dominar al mundo, similar a la falsificación fraguada por la policía secreta del zar de Rusia, en el siglo XIX, bajo el título "Protocolo de los Sabios de Sión". O imagínese un libro sobre una investigación de la religión islámica, donde los personajes son perseguidos por fanáticos islámicos por "descubrir" que el Corán fue una mentira y que Mahoma no fue un profeta. ¿No habría manifestaciones exigiendo que se retire esa novela? Pero que "El Código Da Vinci" sea históricamente incorrecto y se trate de una andanada inflamatoria en contra del catolicismo lo hace aparentemente aceptable.
En su instructivo libro "El nuevo anti-catolicismo: el último prejuicio aceptable" ("The New Anti-Catholicism: The Last Acceptable Prejudice", 2004), su autor Phillip Jenkis, quien no es católico, presenta evidencias de que el único grupo que queda contra el cual es aceptable lanzar las más fanáticas e ignorantes falsedades son los cristianos y, especialmente, los católicos.
Y ese parece ser el verdadero mensaje del actual fenómeno respecto a "El Código Da Vinci". Mientras gran parte del mundo rechaza la tolerancia como virtud, se puede decir cualquier cosa contra el cristianismo y nada pasará.
(*) Director de investigaciones del Acton Institute.
© www.aipenet.com
Al estallar la revolución, el l4 de julio de l789, la Iglesia quedó controlada por el Estado. Talleyrand propició la confiscación de sus bienes, lo que le causó la excomunión por el Papa y le fue levantada más tarde tras una retractación y firmar su sumisión a la autoridad pontificia.
Hombre de asombrosa frialdad, en una ocasión, mientras leía un panfleto que se había escrito contra él, se durmió.
Talleyrand contribuyó a consolidar a Napoleón en el poder; caído éste se debió a él la restauración de la monarquía en Francia a favor de quien fuera el rey Luis XVIII.
En una ocasión el monarca leyó a Talleyrand un proyecto de constitución que pensaba presentarle al parlamento. Tras haberle escuchado, le observó que había omitido señalarle asignaciones a los diputados y el rey le dijo No. Creo que la función de diputado ha de ser gratuita. Así se ejerce no por el dinero, sino por el bien del país. Entonces Talleyrand le dijo al rey: Sí, majestad. Pero esas funciones, si son gratuitas, salen muy caras. El rey lo pensó y decidió fijarle asignaciones a los diputados, a fin de hacerle más llevadero el sacriificio.
Pensemos por un momento cuál sería la reacción frente a una novela y película basadas en una conspiración de los judíos para dominar al mundo, similar a la falsificación fraguada por la policía secreta del zar de Rusia, en el siglo XIX, bajo el título "Protocolo de los Sabios de Sión". O imagínese un libro sobre una investigación de la religión islámica, donde los personajes son perseguidos por fanáticos islámicos por "descubrir" que el Corán fue una mentira y que Mahoma no fue un profeta. ¿No habría manifestaciones exigiendo que se retire esa novela? Pero que "El Código Da Vinci" sea históricamente incorrecto y se trate de una andanada inflamatoria en contra del catolicismo lo hace aparentemente aceptable.
En su instructivo libro "El nuevo anti-catolicismo: el último prejuicio aceptable" ("The New Anti-Catholicism: The Last Acceptable Prejudice", 2004), su autor Phillip Jenkis, quien no es católico, presenta evidencias de que el único grupo que queda contra el cual es aceptable lanzar las más fanáticas e ignorantes falsedades son los cristianos y, especialmente, los católicos.
Y ese parece ser el verdadero mensaje del actual fenómeno respecto a "El Código Da Vinci". Mientras gran parte del mundo rechaza la tolerancia como virtud, se puede decir cualquier cosa contra el cristianismo y nada pasará.
(*) Director de investigaciones del Acton Institute.
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