Respuesta a carta de María Olímpia
- San José
Estimada María Olímpia:
Comienzo por donde tú terminas, es decir, por la sugerencia de que pertenezco a la categoría de "hipócritas y de sepulcros blanqueados" que Jesucristo denunció. Ante la denuncia del Único que puede leer la intimidad de los corazones, no puedo reclamarme inocente. En efecto, las palabras de Jesús implican una falla de todos los seres humanos, a saber, la distancia entre el ser y el deber ser de cada uno y el conflicto entre ese mismo ser y ese mismo deber. Por ello acepto que formo parte del género humano, "hipócrita y sepulcro blanqueado". Lo soy yo, pero también lo eres tú, lo es el laico y también el clérigo; igualmente el dirigente político y el eclesiástico, y como la historia ampliamente lo ha demostrado, en alguna media lo somos todos.
Sólo Dios sabe quién lo es más y quién lo es menos, y está dispuesto a perdonarnos a todos si con corazón contrito y propósito de enmienda se lo rogamos.
Tomo nota de que para ti no hay mediano o largo plazo en el que la familia panameña pueda completar su integración con miras a afianzar su estabilidad y adquirir los conocimientos necesarios para llegar a ser los educadores primordiales de su propios hijos en materia sexual y reproductiva. Por lo tanto, es de suponer que para ti la familia panameña ya ha cumplido esa etapa de desarrollo, lo cual me parece una suposición que es ajena a los hechos.
Ello no significa que no reconozca labor que la Iglesia realiza, sobre todo a través del Movimiento Familiar Cristiano como parte de la Pastoral correspondiente, por mantener vivo un núcleo, que vive el concepto cristiano de la familia y busca trasmitirlo a otras personas. Conozco bien esta labor, porque unos de mis hermanos y su esposa han sido dirigentes de esta actividad durante largos años y continúan activos en la misma. Pero creo que ellos serían los primeros en reconocer que los problemas de la familia panameña sobrepasan sus posibilidades y recursos actuales.
Con ellos considero, en consecuencia, que se requiere un esfuerzo nacional y que de éste no puede estar ausente el Estado como orientador del bien común. El documento que ahora se discute es el fruto de una comisión en la que participaron dos representantes del Arzobispado. Muchas de sus sugerencias fueron incorporadas al documento. En la discusión de la Asamblea, estoy seguro que otras sugerencias podrían ser incorporadas con tal que presenten razonablemente y sin intransigencias, como deben presentarse las propuestas en democracia. Compruebo que tú no mencionas la participación de los representantes del Arzobispado en la redacción del mencionado texto. Sería lamentable que la Iglesia dejara pasar la oportunidad de hacer otras contribuciones sensatas en el curso del trámite legislativo.
En la página Web del Panamá América hay cuarenta y pico de reacciones al artículo de mi esposa y al mío propio sobre el tema, que bajo la cobardía del anonimato, nos lanzan insultos de la peor especie, así como contra otras personas que han trabajado generosamente en el documento. Me alegro que la dirección del periódico decidió borrar estas reacciones anónimas, que estuvieron accesibles durante varios días. Si alguien quiere comentar algún artículo debe hacerlo bajo su nombre, con el número de cédula y la dirección de su correo electrónico. Los que se publicaron fueron tan soeces que no merecían respuestas; por lo contrario, tu carta comedida y civilizada me ha invitado a contestarte, con la franqueza y el respeto que empleo en todos mis escritos. Por eso debo decirte que tu artículo no responde a ninguno de los comentarios básicos que hice.
Sinceramente,

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